Hace 16 años, don Santos de la Cruz Doria se dio a la tarea de darle orden al Archivo Histórico de Cadereyta porque “me daba pena ver así los documentos”.
Sentado frente a una máquina de escribir Olympia, Santitos, como le llaman de cariño, empezó a realizar la primera clasificación y ordenamiento del archivo, además de elaborar guías para identificar los documentos.
Don Santos radica en el ejido Santa Isabel y Dolores, ubicado adelante de la Refinería, todos los días acude al Archivo Histórico para seguir completando su tarea, escribiendo guías en su máquina de escribir a pesar de todos los adelantos tecnológicos actuales.
“Muchos cronistas que han venido de aquí de Nuevo León pues se quedaban admirados por las cajitas que hice. Me dicen: ‘¿Oiga y a usted quién le enseñó?” y pues les digo ‘no, pues fue idea mía”, relata don Santos.
Las “cajitas” a las que hace mención son unos protectores que realizó uniendo hojas blancas, una medida incipiente pero que ha mantenido a salvo documentos de la época Colonial y del Siglo XVIX hasta ahora.
Cuando inició su labor, recuerda, había fajos y fajos de documentos sujetos tan solo con algún cordel. Si bien se mantenía un especie de orden, las condiciones en las que se mantenía el archivo no eran las más óptimas.
Su trabajo no siempre ha sido valorado. Distintas administraciones lo han “separado de su puesto” y fue en la actual administración cuando se le recontrató para que apoyara en el archivo.
Ahora cuenta con un salario fijo y también se le apoya con el traslado, dado lo retirado de su vivienda en el ejido Santa Isabel y Dolores.
“Francamente, yo me enseñé solo. Ahí me fui pasito a pasito, decía ‘esta cosa necesita arreglarse’”, comenta “Santitos” sonriendo.
A pesar de su avanzada edad y una lesión en la espalda que le impide mantenerse recto, don Santos de la Cruz Doria no deja de aprender. En los años que el equipo de Conarte apoyó con las tareas de clasificación, conservación y organización del archivo, ha estado presente “aprendiendo”.
“Ya que llegaron estos chavos pues qué maravilla, porque ahora yo también estoy aprendiendo de ellos”, dice frente a su máquina de escribir, donde está a punto de culminar una guía más para el archivo.