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Recorren Monterrey a través de las letras

Autores como Sandra Frid, Antonio Ramos Revillas o David Toscana, han hecho de las calles regiomontanas el escenario de sus historias y relatos.

Muchos escritores han recorrido Monterrey y han hecho a los lectores recorrerla a través de sus novelas, cuentos, poesía, crónicas o historia. Enseguida cito a algunos autores, en su mayoría con ediciones recientes.

Para empezar desde la fundación, está Luis Medina Peña con los Bárbaros del Norte (FCE), estudio histórico que parte desde que Diego de Montemayor llegó a estas tierras hasta el siglo XIX, en lo que se puede destacar la conformación de Nuevo León como estado, y a Monterrey como el centro económico y político de la región.

Felipe Montes en Barrio de catedral (Tusquets) en la fundación refiere a las grandes montañas que la rodean: la Sierra Madre, el cerro de Las Mitras, el cerro de La Silla; sus ríos: como el ojo de agua de Santa Lucía o el río Santa Catarina, hasta las calles ahora infinitas en el recorrido como Morelos, Abasolo, rumbo al barrio con que titula su novela, que es parte de una ambiciosa obra literaria que mezcla elementos del realismo y literatura fantástica, a fin de condensar los mitos y la vida cotidiana de su ciudad natal.

Desde la refundación literaria de Alfonso Reyes, La Sultana del Norte ocupa un lugar importante en su obra. Con su “Sol de Monterrey” y “La cena”, las imágenes captan esa ciudad del ayer. El primero un recorrido a la par de la poesía por algunos lugares implícitos; el segundo en un recorrido nocturno por el que parece ser el Obispado.

Sandra Frid en su novela Reina de Reyes (Planeta) cita al hotel Ancira, edificio art nouveau que fue tomado por los villistas en 1914, a donde llegó Sofía Reyes acompañada de su esposo, el Regiomontano Universal, para después visitar a sus familiares en el Obispado. Reyes ya no vivía en Monterrey. Las calles Zaragoza, Hidalgo y Bolívar fueron además parte de su paseo.

En ese trayecto, Antonio Ramos Revillas en El norteño mágico: en Monterrey desde 1810 (FENL), con varios relatos, alude a grandes personajes como Bernardo Reyes o Juan Ignacio Ramón, héroes patrios de Nuevo León nombrados en calles también, o sitios que guardan parte de la memoria del estado como La Casa del Campesino (antes hospital del Rosario), o de memoria reciente como el nuevo río Santa Lucía, en donde se puede apreciar La Lagartera de Francisco Toledo.

En Poéticas urbanas (UANL), el español José Manuel Prieto González describe la relevancia de la principal calle de Monterrey:

“Juárez vendría a ser una especie de resumen o versión comprimida de todo Monterrey. El personaje de Homero en el ya citado libro de cuentos de Pedro de Isla es tajante a este respecto: ‘A Monterrey se le conoce caminando por la avenida Juárez’. Y añade: ‘Sin ese centro del universo regiomontano, poco o nada de la ciudad tendría sentido. No es el génesis de la ciudad, pero sí funda su Nuevo Testamento’” (p. 69-70). Juárez es la calle total, no sólo porque tiene de todo, sino también porque en ella entran en funcionamiento todos los sentidos; la avenida es todo ruido, olores, sabores, estímulos visuales y táctiles”.

Pedro de Isla es autor de Juárez (Ágora) en alusión directa a la céntrica avenida. Hugo Valdés ha deambulado por la acera sur de la calle Aramberri con el número 1026 en El crimen de la calle Aramberri (Jus) o en el hospital González, de camino al templo de San José, en El asesinato de Paulina Lee (Tusquets), obras que tienen como temas a crímenes que estremecieron a Monterrey en los años treinta del siglo XX. Paulina Lee vivía en Matamoros 166 poniente, en el domicilio de su padre, comerciante del mercado Colón.

Otro novelista regiomontano, David Toscana, que ahora recorre las calles de Polonia, lo hizo mucho tiempo en su ciclo de la urbe regia, por ejemplo en Duelo por Miguel Pruneda (Plaza & Janes), el protagonista gustaba de recorrer en su bicicleta por Degollado, subir por Matamoros rumbo al Obispado, para ver la ciudad desde arriba, y además anticipar su propia muerte, por lo que contemplaba el Panteón de Dolores.

En Historias de Lontananza (Joaquín Mortiz) tiene como eje central ese céntrico lugar en la caótica avenida Juárez, con personajes que llegan hasta ahí para relatar su mundo entre la urbe voraz.

El tapatío Luis Felipe Lomelí retrata en Indio borrado (Tusquets), un Monterrey de fantasmas y ancestros, con el protagonista que recorre la Genaro Vázquez hacia el antiguo Camino a Villa de Santiago, hasta la Alfonso Reyes, sitio de sus malos recuerdos. Es la zona sur de la ciudad. Armando Alanís Pulido poetiza la urbe y hasta sus rincones privados o públicos en tiempos de violencia, como en Balacera (Tusquets), en el estadio Universitario, donde propone sólo disparos a gol.

Criseida Santos Guevara en La reinita pop no ha muerto le cambia el nombre a la urbe: República Amorosa de Machacado Ville, cuya protagonista va a protestas a la Macroplaza y pide chamba en la SEP, en Platón Sánchez y Madero, en el primer cuadro de la ciudad.

Mientras tanto, Daniela Mendoza Luna retrata a la Explanada de los Héroes, frente al Palacio de Gobierno, con las crónicas de las marchas del orgullo gay a la diversidad del 2001 al 2015. Activismo que sale desde diversos puntos como Pino Suárez o Juárez, la Alameda y demás avenidas. Su libro se titula El que no brinque es buga.

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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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