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"Pilinga": el DT que mandó 'al cabrón' al sistema del futbol

Toño descubrió que aparte de jugar futbol, también disfrutaba de enseñarlo. Fue así como comenzó a instruir a los más pequeños del barrio de La Mina en Gómez Palacio.


Antonio (Toño) Maldonado es un entrenador de futbol poco usual, él mismo manifiesta que su trabajo no es forjar a buenos deportistas sino a buenas personas y esa es precisamente su magia en el deporte.

Antonio Maldonado (Toño), quien es conocido como "Pilinga" es un hombre de baja estatura, de gestos gruesos y de carácter fuerte.

Nació junto con una pasión que se activa al simple rodar de un balón, el futbol ha sido para él una filosofía de vida.

Toño platica que desde niño siempre le gustó ese deporte, "a los seis años ya andaba jugando, desde esa edad mi pasión fue el futbol, me pegaba a la tele grande para estar viendo los juegos. A los siete años practiqué futbol de llano, fui llanerote y siempre busqué la forma de ser mejor, de echarle ganas".

Su rostro no puede ocultar la alegría que le da repasar sus años, a Toño le gusta recordar. Cuenta su vida como si leyera un libro, donde las imágenes se vuelven reales y aquel tiempo palpable.

"Pilinga" platica que dentro del futbol llanero, hubo un momento en que hicieron un grupo que identificó a todo un barrio que abarcaba de las orillas del norte de Gómez Palacio a la calle Mina.[OBJECT]

"Nos juntamos un grupo de personas, eran amigos de la infancia y formamos el equipo Unión Mina ¿por qué Unión Mina? porque nos juntábanos en la calle Mina abajito del cerro de la Pila y pues entre todos éramos una unión, pues dejamos que el nombre fuera ese".

Fue así que Toño y compañía le dieron nombre a un equipo, que aunque ya estaba formado y tenía la identidad de todo un barrio, faltaba llamarlo de alguna manera.

EL COMIENZO DE UNA TRADICIÓN Y UNA FAMILIA

En 1972 surgió un equipo en el que se tejería una historia de triunfos y la mejor parte de la vida de muchos jóvenes, que forjaron su talento jugando para una escuadra que representaba la amistad, el compañerismo, lo sueños: el Unión Mina.

“Nosotros mismos nos juntábamos para comprar nuestros uniformes, la recompensa que teníamos era pelearnos un trofeo con los mejores equipos de Gómez Palacio”, lo cual consiguieron en repetidas ocasiones.

“No todo fue fácil, de 6 o 7 veces que llegamos a la final, 5 nos echaron pa' fuera”.

A la edad de 18 años a Toño solo lo movía el deporte, no existía en sus pensamientos el sacarle algún provecho a la pasión que estaba anidada en él y que se manifestaba en una dualidad perfecta.

Al pasar los años “Pilinga” descubrió que aparte de jugar el futbol, también disfrutaba de enseñarlo. Fue así como comenzó a instruir a los más pequeños del barrio.

“Me nació ser entrenador cuando tenía 28 años, yo seguía jugando a nivel veterano pero me acerqué a los más pequeños a los que nunca dejé que decayeran y siguieran la tradición del Unión Mina”.

Un día Mauricio Peña, quien era director de Fuerzas Básicas de Santos Laguna, lo invito a ser parte del cuerpo técnico, lo cual Pilinga rechazó ya que su pasión era más que nada enseñar en su barrio del cual nunca se deslindó.

Tiempo después a “Piliga” le llegó una propuesta que rápido rechazó, pero que a futuro se convertiría en una de las etapas más valiosas que pasaría como entrenador.

LE DABA LA ESPALDA AL FUTBOL FEMENIL

Toño jamás lo ha negado, a todos platica la postura que al principio mantenía de no querer entrenar mujeres.

“No mija, siempre dije que mujeres no entrenaría, una sobrina me insistió hasta el cansancio, acepté y fue ahí cuando me dieron una satisfacción tremenda”.

“Pilinga” cambia de posición, con una mano se detiene un codo y con la otra se toca la barbilla, se le traza una sonrisa que no le cabe en el rostro, guarda un poco de silencio, como dando tiempo a que los recuerdos se reacomoden en su memoria:

“El futbol femenil fue una chulada, unas mujeres con garra tremenda, unas ganas de salir adelante, ellas me quitaron la idea que tenía de no querer entrenar mujeres”.

Refiere que su negación estaba ligada a que se trataba de un deporte muy brusco para ellas. Comenta que todo eso se borró al ver las ganas que las muchachas imprimían en cada juego, en poco tiempo comenzaron a darle resultados, como ganar campeonatos, fue en ese trayecto cuando se enfocó más como entrenador del equipo femenil Unión Mina.

“Las muchachas se propusieron todo, tuve unas hijas en todo el trayecto, una chulada, mis mejores años fueron con el futbol femenil, al cual yo no le apostaba, pero con el paso de tiempo me di cuenta que las mujeres son bárbaras para lo que se propongan”.

A las palabras de Toño las avala el pasado, los resultados de aquel equipo femenil están tatuados en el tiempo: campeonatos en la liga de Gómez Palacio, en la de Torreón, interescuadras entre la Ibero, Tec de Monterrey y la UVM, Copas Telmex.

Los pies de aquellas jugadoras corrieron todos los campos disponibles y se impusieron ante cualquier equipo. Ellas y Toño crearon una fraternidad que era envidiable en cualquier rectángulo verde en que se plantaban.

A pesar de que “Pilinga” era de temperamento fuerte, las jugadoras se amoldaron a su forma de ser y se encariñaron con la figura de un Toño renegado pero que siempre estaba para ellas.

“Llegaban las muchachas y me abrazaban y yo les decía que se fueran a un lado, bueno, voy a decir mi palabra, que las mandaba al cabrón, les decía: ‘Váyanse al cabrón’ y eso ellas lo tomaban con cariño, yo como persona nunca lo demostré, porque mi carácter como entrenador siempre fue difícil”.

Aunque la vida no le concedió a Toño formar una familia, él tiene la mirada de un padre que ha hecho de sus hijos personas de bien y que siente el orgullo de haber cumplido con una misión.

“Yo no tuve hijos ni hijas, pero a pesar de todo, Dios me compensó con tener un resto de muchachos y muchachas, del cual estoy orgulloso, es una cuestión de decir: ‘Esto es lo que me ha dado el futbol’”.

No le alcanzan los dedos de las manos para contar los nombres y las profesiones a las que estaban destinadas sus jugadoras, menciona a Hilary que se fue por la veterinaria, Dalia es enfermera, Patricia Solano, arquitecta.

“Siento orgullo de ver a tanto muchacho profesionista que gracias a Dios que es lo que me dijo Suleika (jugadora del Unión Mina) ‘Toño si no ha sido por usted yo no sería Doctora, yo estaría casada y con hijos yo soy profesionista por usted', nombre que te digan eso, olvídate”.

Cruza los brazos, está sereno de su tiempo y el de ellas. Él tampoco quería que esa camada partiera a sus destinos, pero su semblante, su mirada soñadora y particular sonrisa vinculan al entendimiento de que está conforme, de que su felicidad se resume a las palabras que le regaló Suleika aquel día.[OBJECT]

UN AMOR DESINTERESADO

La relación del “Pilinga” y el futbol ha sido desinteresada, pues en sus años como entrenador jamás cobró un sueldo.

“Nunca fue de mirar un reloj, ni de quitarle el dinero a nadie, por eso a lo mejor estoy fregado, pero contento de haber dado todo lo mío a los equipos de futbol”.

Tal vez la forma desinteresada con la que Toño veía al futbol, lo hizo adoptar un estilo que pronto sobresalió entre otros entrenadores y Universidades como la Ibero buscaron que dirigiera al equipo de futbol femenil, a lo cual se negó.

Su argumento fue que lo querían hacer usar un sistema de futbol dentro de computadoras y aparatos tecnológicos que él no manejaba, le pedían que capturara en pantalla el perfil de cada muchacha para ir midiendo su rendimiento.

Ellos no sabían que la fórmula de Toño era otra, que no le daba tanto peso al rendimiento físico, ni a programas de computadora.

“Yo no soy un forjador de deportistas, pero sí de buenas personas, de hacer que la muchachita o el muchacho sean personas de bien, es mi cuestión, sin pedir nada a cambio, más que su amistad”.

No sabemos si Toño de antemano lo sabía, él cambio la fórmula, mandó “al cabrón” al sistema de futbol y se enfocó en forjar buenas personas, por consecuente y sin quererlo formó también excelentes futbolistas que le regalaron escenarios inimaginables e incontables campeonatos que ahora forman parte de sus recuerdos y que cada vez que los relata lo hacen sentir vivo.

En la actualidad Toño atraviesa por problemas de diabetes graves, hace poco le amputaron un dedo del pie derecho. La recomendación es que siga al pie de la letra el consumo de sus medicamentos, el doctor fue sincero con él, si se descuida podría perder la pierna.

A “Pilinga” eso no lo desalienta, al contrario le mantiene enfocado: “lo mío es seguir enseñando, espero que Dios me dé mi salud un poquito más y poder seguir entrenando, yo nunca me voy a ir pa' bajo a pesar de mi enfermedad”.

Apoyado de un bastón se levanta para despedir a la que estuvo capturando su pasado. "Aquí vamos andar, hasta que se pueda", es lo último que dice al cerrar la puerta. El sonido del bastón se pierde en cuanto el entrenador se aleja, seguramente a ver un partido de futbol.

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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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