Las historias de danzón y amor no serían posibles sin la participación de un elemento clave: la música.
Desde hace más de 30 años, la Orquesta de Monterrey se ha encargado de hacer sonar su música y ponerle el toque especial a las veladas .
Fue el 19 de mayo de 1980 cuando se creó la Orquesta de Monterrey y con ello, dieron inicio también los ahora tradicionales bailes bajo el Palacio Municipal de Monterrey.
Desde entonces a la fecha suman casi los 37 años de historia ininterrumpida de brindar entretenimiento, salud, vida y buena música a los asistentes a estos eventos.
De acuerdo con Jorge Barbosa de la Garza, director de la Gran Orquesta de Monterrey desde hace siete años, la historia dio inicio bajo la administración del alcalde Pedro Zorrilla y el primer director se llamaba Isaac Flores Varela.
“Al principio era como una banda, más para escuchar, se tocaban oberturas, marchas, pasando el tiempo se pasó a ser más popular, cambiamos un poquito la forma del ritmo, a tocar chachachá, mambos, swing, y ahorita ya ven los resultados, cerca de mil personas cada jueves y cada domingo”, precisó Barbosa de la Garza.
Aunque en sus inicios la orquesta tenía más de 50 miembros, actualmente el grupo está formado por 23 músicos profesionales, con los cuales Barbosa de la Garza ha podido ir generando un gran repertorio.
“Como director tengo ya siete años y como integrante voy a cumplir mis 25 años en el grupo”, manifestó el director de la orquesta.
Para Barbosa de la Garza, la mejor retribución que tiene por su trabajo es servir para dotar de una mejor calidad de vida a los danzantes del lugar.
“Siento muy bonito venir a trabajar, ya que viene mucha gente cansada, a lo mejor de la vida, cansados físicamente, pero cuando escuchan la orquesta se ponen a bailar, y como digo yo, la música cura lo que no alivia la medicina”, comentó.
A decir del músico, además de lo terapéutico que se han vuelto estos bailes, no han faltado los momentos de celos, y las escenas provocadas por este sentimiento.
“Está muy cargado de gente adulta, pero la invitación es para que venga gente de todas las edades.
“A pesar de que el cuero a lo mejor se arruga, el corazón sigue y ha habido aquí personas con celos, es decir, que a sus 60 a 70 años se molestan si miran a su mujer y comienzan las discusiones con otros bailarines”, compartió.