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Jueves , 21.03.2019 / 05:02 Hoy

"No queremos maestros; ellos mataron a Jovan"

Familiares y amigos del joven de 18 años rechazan el apoyo de la sección 22; agradecen su asistencia, pero les piden que se vayan.

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A los cientos de profesores de la sección 22 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) que llegaron al sepelio de Jovan Azael Galván Mendoza, de 18 años, casi los echaron; nadie los quería ver en ese evento, ni los amigos ni los familiares ni los vecinos, nadie.

Sin embargo, ahí estuvieron, con el rostro contrito y a punto de gritar sus consignas.

Unos jóvenes de entre 16 y 21 años de edad fueron más frescos, y sin guardar las formas, "pues estos maestros no nos merecen el menor respeto", expresaron, tomaron los dibujos a colores de muñecos infantiles que habían colocado en el ataúd blanco de Galván Mendoza, los enrollaron y se fueron.

¿Por qué se van?, se les preguntó.

Uno de ellos, el más chico, volteó y respondió: "No queremos a los maestros que están con nuestro amigo".

Algunos aludidos alcanzaron a voltear el rostro. Una de las amigas de Galván Mendoza expresó: "Ellos lo mataron".

No se refería a la bala que impactó a Jovan abajo de una tetilla, tocó el corazón y llegó al pulmón, sino al "desmadre" que ocasionaron los mentores y policías el domingo pasado.

El segundo desaire a los profesores del magisterio disidente, quienes llegaron con el rostro contrito, con las consignas que se les quedaron apretadas en la boca, las cajas de víveres y dineros que por delegaciones magisteriales juntaron para los deudos, vino del vocero de la familia.

Al terminar una oración, agradeció de manera pública la presencia de los docentes; sin embargo, les pidió que se retiraran. Argumentó que los padres de Galván Mendoza, Alejandro y Guadalupe, querían un sepelio solo entre los suyos.

"Gracias por venir, se pueden retirar", remató.

Sobre la calle Manuel Ávila Camacho, donde se realizó el sepelio, la vecina del domicilio 108 comentó: "¡Qué bueno, ya parecía mitin!".

Poco a poco los maestros se retiraron de la colonia Guadalupe Victoria, situada en una de las zonas más pobres de la capital oaxaqueña.

En entrevista, Alejandro Galván comentó que Jovan no era una vándalo, que no participó en la refriega del domingo; él era inocente, era un chico con ganas de vivir y que era muy trabajador. "Fue una injusticia".

Ese domingo por la noche Jovan apenas iba a comer en el taller de transmisiones automáticas donde trabajaba. Con sandalias y el torso descubierto fue por dos niños, quienes salían del establecimiento, cuando de repente una bala perdida lo impactó. "Lo mató", dijo su padre.

Del lado donde está el taller, sobre la autopista México-Oaxaca, en la Agencia de Trinidad de Viguera, en la capital, todo estaba con barricadas, sin ambulancias.

Jovan tenía en el bíceps derecho el tatuaje de un corazón y el nombre Rosalía, de su madre.

"En los medios y redes sociales lo han tratado de vándalo, solo porque llevaba un tatuaje", consideró su padre.

Jovan fue velado en un cuarto pequeño de su casa. Estudió la telesecundaria y trabajaba para mantener a su familia, pues su padre está desempleado. "No era maestro, no era vándalo, le gustaba el rap. No queremos a los maestros aquí", insistió uno de sus amigos.

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