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El envés de la fiesta: el Museo de la Memoria y la Tolerancia confronta el dolor nacional

Mientras la CDMX se rinde ante la algarabía de la justa mundialista, a unos pasos de la Alameda Central un recinto sacude la conciencia con el espejo de la violencia; un eco que resuena con fuerza en la memoria de la Comarca Lagunera.

Mientras la Ciudad de México se convierte en el epicentro de la fiesta, los goles y la unión efímera entre decenas de naciones por la justa futbolística más importante del planeta, el silencio aguarda a la vuelta de la esquina. A solo unos pasos del barullo y la algarabía que saturan la Alameda Central, se erige un recordatorio de piedra y concreto; un testigo mudo de las consecuencias que padece la humanidad cuando extravía la empatía.

Se trata del Museo de la Memoria y la Tolerancia. Ideado hace poco más de dos décadas e inaugurado en 2010, este espacio rompe de tajo con la concepción tradicional de un museo. Aquí la misión no es la contemplación idílica del pasado, sino la confrontación del presente; una fórmula que ha sacudido la conciencia de más de seis millones de personas a lo largo de su historia.

Museo de la Memoria y la Tolerancia.
Museo de la Memoria y la Tolerancia. (Foto: Ángel Carrillo)

La semilla de este recinto germinó desde la memoria familiar y el trauma. Su fundadora, Sharon Zaga —sobrina de una sobreviviente de las atrocidades cometidas por el régimen nazi en el campo de exterminio de Auschwitz—, transformó el dolor hereditario en una inquietud colectiva. Junto a Mily Cohen, se dio a la tarea de recuperar retazos del horror: piezas, relatos, correspondencia, uniformes y maquetas que el odio no pudo borrar. Su exigencia era clara: México necesitaba un espejo que revelara no solo el Holocausto —donde las políticas de exterminio cobraron la vida de 11 millones de personas, entre ellas seis millones de judíos—, sino los genocidios que, aún en los albores del siglo XXI, desangran a regiones como Gaza, Ucrania, Afganistán, Myanmar, el Congo y Yemen.

Podría pensarse, con la nostalgia de la distancia geográfica, que nuestro país se encuentra lejos de aquella Europa sometida por Alemania del siglo pasado. Sin embargo, la realidad local despierta el instinto periodístico más duro: la distancia es un espejismo. Actualmente, México enfrenta una de las peores crisis de seguridad de su historia contemporánea, una herida abierta que se documenta con los más de 200 mil homicidios registrados desde 2017 a causa del crimen organizado.

Museo de la Memoria y la Tolerancia.
Museo de la Memoria y la Tolerancia. (Foto: Ángel Carrillo)

Para quienes venimos del norte de la república, el impacto de este recorrido adquiere un matiz revelador e hiriente. Es imposible caminar por estos pasillos sin evocar los años en que el miedo arrebató la tranquilidad de nuestras calles. Los datos no mienten: en 2018, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) posicionó a La Laguna como la quinta zona más peligrosa del mundo, una alarmante estadística que colocó a la Comarca a la par de territorios desgarrados por la ausencia de un Estado de Derecho, como Irak, Libia y Siria.

“A partir de mis estudios, la narrativa del lugar me ha ayudado a conocer cómo la memoria de la humanidad es caprichosa y cómo el ser humano —a pesar de los marcos legales internacionales que lo rigen— es capaz de repetir historias de horror y odio”, explica Cinthia Juárez, una de las guías del museo y egresada de la Licenciatura en Relaciones Internacionales, para quien la experiencia diaria en este recinto ha resultado reveladora.
Museo de la Memoria y la Tolerancia.
Museo de la Memoria y la Tolerancia. (Foto: Ángel Carrillo)

A lo largo de sus 36 salas, el museo desmenuza con precisión anatómica cómo un canciller alemán reconfiguró el tejido social mediante la penetración de una cultura del odio absoluto. El espectador observa la crudeza de la discriminación institucionalizada: la medición pseudocientífica de narices, cráneos y el color de ojos, o la obligatoriedad de comprobar la ascendencia aria de los abuelos para conservar el derecho a vivir.

Sin embargo, el recorrido también resguarda destellos de luz e historias compartidas, como los testimonios de mexicanos que lograron sobrevivir a los campos de concentración. Frente a ellos, la logística de la muerte se materializa en uniformes de prisioneros desgastados por el tiempo, cartas oficiales repletas de eufemismos militares para ocultar el exterminio, y un vagón original de carga traído desde Polonia, donde miles viajaron hacinados hacia muertes provocadas por inanición, cansancio o enfermedades, antes de que el brazo armado del partido de Adolf Hitler los condujera a las cámaras de gas y los crematorios.

Museo de la Memoria y la Tolerancia.
Museo de la Memoria y la Tolerancia. (Foto: Ángel Carrillo)


En pleno arranque del encuentro deportivo más importante del planeta, turistas de diversas latitudes coinciden en este vestíbulo de la Ciudad de México para conocer el envés de la moneda. Afuera, el balón rueda y el mundo se abraza bajo el noble pretexto del deporte; adentro, el silencio de los pabellones demuestra la persistencia de la discriminación. En días de celebración global, este museo nos recuerda de forma contundente que la memoria, al igual que la paz, se defiende todos los días.



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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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