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Testimonio de una tortura sexual, lucha por demostrar inocencia

Historia

El 7 de agosto de 2012 Claudia Medina sufrió agresiones por parte de marines y permaneció 23 días encarcelada bajo cargos falsos.
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El 7 de agosto de 2012, los marines entraron a su domicilio y se la llevaron junto con su esposo para violentarla sexualmente y después acusarla de narcotráfico.

Durante 36 horas en una zona naval fue golpeada y violada por seis agentes para luego pasar por un proceso en las oficinas de la Procuraduría General de la República donde después de 72 horas de arraigo, le imputaron un total de 13 delitos.

Originaria de Veracruz, esta mujer terminó en un penal estatal ubicado en Cieneguillas, Zacatecas, donde permaneció 23 días, obteniendo su libertad al pagar una fianza de 55 mil pesos luego de que las acusaciones se desplomaron ante la falta de evidencias y se visibilizó la violencia física a la que fue objeto a través de las lesiones.

A casi siete años del brutal ataque, su marido continúa en prisión y ella luchando por demostrar su inocencia.

Sobreviviente de tortura física y sexual, Claudia Medina Tamariz ahora es portavoz de Amnistía Internacional, llevando su testimonio por diversas entidades de México.

“Es una responsabilidad muy grande porque soy portavoz de 58 casos que estamos dentro de la campaña Rompiendo el Silencio, donde desafortunadamente 26 casos son personas que se encuentran privadas de la libertad actualmente y estamos luchando para que la recuperen, casi son todos similares y no podemos dejar desapercibidos porque casi llevan la misma temática de cómo fueron las detenciones y nos damos cuenta en este informe y en la campaña que es generalizado”, expresó.

Habla de que cuando se dice la generalidad en este tema se refiere a que en casi todos los estados de la República se suscita la violencia física sobre los detenidos, y en particular la sexual, mayoritariamente sobre mujeres.

Expone que los agresores se encuentran en todas las filas, desde policías municipales, estatales o federales, así como militares o marines, de esta forma las figuras que en antaño se visualizaban como de autoridad, han caído en un descrédito.

Claudia considera que la tortura sexual se aplica para silenciar a las mujeres ante un sentimiento de vergüenza, pero lo peor es sentirse acosada y vigilada pues en el momento de la tortura se establece que si se habla, ésta se extenderá a los padres, hermanos o incluso a los hijos.

“Cuando obtuve mi libertad llegué a mi casa, al mismo lugar de donde me sacaron los agentes de la Marina y honestamente tuve mucho miedo porque cuando me entregan a la PGR ellos me dijeron que no tenía que decir absolutamente nada de lo que había sucedido en el interior de la zona naval”, comentó.

Cuestionada por sus hijos sobre lo que ocurrió, Claudia recuerda que eran unos niños. El día del asalto los había dejado en casa de su mamá.

Al volver asumió que debía hablar pues no pertenecía a un grupo criminal, ni portaba armas, ni vendía drogas, como lo estableció la prensa local.

“Cuando firmé la declaración no me dejaron leer, nunca me interrogaron, yo me vine a dar cuenta de la declaración ministerial en los juzgados cuando rindo mi declaración preparatoria y leo que yo pertenecía a la delincuencia que sí la firme porque ellos, antes de bajarme de la camioneta donde me trasladaron, me dijeron que si no me culpaba ellos iban a ir en contra de mis hijos y les iban a hacer lo mismo que a mí me habían hecho”, aseguró.

Claudia recuerda que en todo el proceso siempre estuvo custodiada por un marin, así cuando llegó ante el ministerio público y pidió leer la declaración, el agente le puso la mano en el hombro y le dijo ‘Mija, acuérdese de lo que hablamos’ y ella entonces volvió al tiempo en que la amenazaron y firmo.

“El motor fueron mis hijos pero también me dije ‘Me voy a enfrentar ante un monstruo porque estaba yo señalada por los medios de comunicación en el estado de Veracruz que estuvieron toda una semana o un mes diciendo que habían agarrado a una jefa de un cártel junto con mi esposo”, argumentó.

Casi a ciegas, abrió el buscador en internet y encontró el Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro Juárez, movilizándose a la Ciudad de México donde ellos la apoyaron para visibilizar su lucha y demostrar su causa, como lo han hecho con las 11 mujeres de San Salvador Atenco.

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