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Lunes , 22.04.2019 / 16:18 Hoy

Después de 40 años se reencuentran con su mamá

Por cosas de la vida los hermanos Zurita fueron separados de su madre. Tras buscarla durante décadas en Nuevo León y Coahuila, la ubicaron en la Casa del Anciano Doctor Samuel Silva en Torreón.
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La vida de los hermanos Zurita giró drásticamente al enterarse que su madre, a quien por cosas de la vida no veían desde más de 40 años, fue localizada en una estancia de adultos mayores en Torreón, luego de buscarla por décadas en todo Nuevo León y en Coahuila.

Hace casi 50 años al morir su esposo, María Elena Zurita Rodríguez se quedó con sus tres hijos, Jaime, Santos y Héctor quien contaba con apenas 8 meses de nacido.

No sabía leer ni escribir y conseguir un empleo para el sustento de la familia se convirtió en el principal problema, para eso, el hermano mayor, Jaime, empezó a salir a las calles de Monterrey para conseguir dinero aunque fuera cantando en los camiones.

Este hecho fue mal visto por la familia de Elena y optó por retirarle a los pequeños ante la imposibilidad de ver por ellos de una manera adecuada y así fueron separados de su madre para llevarlos a distintos lugares, además, se le prohibió acercarse a sus hijos.

Jaime, el mayor, ingresó a un internado casa hogar, a Santos lo mandaron con un tío a Galeana, Nuevo León y Héctor, fue llevado con sus tía Susana, esposa del hermano de su madre.

Cuando Héctor tenía siete años, recuerda que mientras jugaba con sus amigos en la calle, en un par de ocasiones observó que una mujer no le quitaba la vista de encima y su rostro se le quedó más que grabado, era como dicen, sangre llamando a sangre, se trataba de su madre que sólo podía verlo de lejos.

“Tenía seis o siete años y me acuerdo que mientras jugaba, me di cuenta que una señora me veía mucho. Yo volteaba y ella no me quitaba la vista, por eso la tengo bien presente”, comparte. 

Luego supo que supuestamente esa mujer que lo observaba era una ‘tía’ de la familia a la cual por cuestiones que no conocían, se les prohibía convivir ni recibir algún objeto de ella, lo cual le pareció extraño a Héctor a su corta edad.

“Siempre se nos prohibió verla o recibir cosas de su parte, una vez nos mandaron ropa a mi hermano Santos y a mí, pero al saber que provenía de quien se nos dijo que era nuestra tía, nos regañaban y se nos nos prohibía incluso hablar de ese tema".

De eso pasaron cerca de 40 años, lo último que supieron es que posiblemente trabajaba en San Pedro, Coahuila como voceadora de en un auto de sonido.

A pesar de que Héctor la buscaba en cada ciudad cercana que le tocaba trabajar, hace 20 años se dio por vencido pues había gastado toda posibilidad de encontrarla, menos la esperanza que la casualidad o el destino los uniera de nuevo.

“Hasta pensamos en la posibilidad de que no estuviera con vida porque no tenía papeles y no estaba registrada en ningún lado. A veces veía los programas en la TV donde encontraban a familiares y me preguntaba por qué no podíamos encontrar a mi mamá”.

Sin embargo hace un par de semanas llegó el momento más feliz de su vida, ya que por medio de el Programa Cambios, de Multimedios Laguna se dio a conocer el caso y se compartió por las redes sociales.

A los hermanos les llegó el mensaje de que posiblemente su mamá estaba en la Casa del Anciano Doctor Samuel Silva desde hace seis años y buscaba a sus tres hijos desde hace 40 años.

De inmediato los hermanos se trasladaron a Torreón desde donde radican, Jaime y Santos de Monterrey y desde Parras en el caso de Héctor, quien dijo con gran emoción lo que representa tener a su madre con ellos después de casi perder la esperanza para dar con su paradero.

“Cuando llegamos a la Casa del Anciano mi mamá estaba en misa y ya estábamos ansiosos por verla, en eso pasó a comulgar y la vimos de espalda con su andadera, luego la prepararon para la noticia y luego en una sala fue el momento más feliz de nuestras vidas”.

A decir de las voluntarias en el sitio, María Elena por lo regular es muy seria y no le gustaba convivir mucho, ahora se llegan a comprender sus motivos.

“Es una emoción indescriptible y creo que de las mejores que puede llegar a sentir un ser humano, no queríamos dejar de abrazarla y besarla”, describe.

Esta navidad y fin de año será la primera ocasión que la pasen como familia pero desde el primer segundo de reencontrarse con su madre no la dejan de consentir y de compartir las anécdotas que pasaron mientras uno al otro se buscaba.

“Nadie de nosotros le guardamos rencor para nada ni a mi mamá de crianza y menos a mi madre, al contrario siempre decíamos que ojalá la encontráramos, lo que los tres queríamos en todos estos años era ver a mamá”.

Aunque María Elena desea volver a la casa hogar, los hermanos disfrutan cada momento con ella y esperan cambie de opinión para que pase una temporada con cada uno de sus hijos.

Es así, tal como se dice coloquialmente, la sangre llama y aunque se cansaron de buscarse, el tiempo forjó un reencuentro que siempre valdrá la pena contar.

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