Unos 200 comerciantes formalmente establecidos y puesteros informales asaltan, irrumpen e invaden la vía pública del centro de Monterrey, en una escena que 'choca' con la realidad.
Por dentro, la enorme Plaza Garibaldi es un cascarón gigante con decenas de locales que lucen desolados o cerrados, por un lado… pero, por el otro, invaden la banqueta y bloquean un carril de las calles alrededor del Colegio Civil.
Estructuras de fierro, carritos de tacos, puestos completos para vender lo que sea, incluso hasta brassieres y bikinis sitian y cercan todo un carril de las calles 15 de Mayo, Colegio Civil, Garibaldi y 5 de Mayo.
Lo que el municipio de Monterrey está intentando dar paso a los peatones ensanchando las banquetas de la calle Ocampo, entre Zaragoza y Juárez, los comerciantes formales y los informales lo están haciendo, pero con su mercancía, apoderándose de las banquetas y un carril de la calle como extensión de sus negocios.
Durante un recorrido realizado por MILENIO Monterrey, fue visible cómo los centros comerciales del sector se aprovechan e imitan exactamente lo que hacen su competencia informal, que no paga impuestos.
Por ejemplo, un aparador en plena calle Garibaldi muestra que se vende ropa típica de moda en el local 1227 de Plaza Garibaldi, pero al ingresar, el centro comercial aparece semivacío con una treintena de puestos abiertos.
Sin embargo, al intentar salir por el otro extremo para llegar a un estacionamiento, el panorama es desolador: otra treintena de locales luce completamente cerrada, con la cortina de fierro abajo, y unas escaleras eléctricas al fondo vacías.
Pero afuera, el gentío debe caminar por las calles, luego de que los comercios taparon todo a su paso.
Han Hai Jun, un negocio de comida china; Nice Fashion Jewelery, El Ángel, con el lema “pequeños detalles, grandes recuerdos” , Insuzo, Enigma Blue, Lizzio, Maz Moda, Patzino El Borra, Seven Nebs Wear, Pasaje 5 de Mayo, Alie, Novedades y Accesorios , son, entre otros, los comercios formales que bloquean la vía pública.
Éstas son las mismas vialidades que en la administración anterior que encabezaba Fernando Larrazabal despejó tras 30 años de estar anulada por puesteros que se establecieron en plena vía pública.
Sin embargo, el escenario se replica, con los puesteros informales, pero ahora, como nunca, los formales contribuyen al bloqueo.
En una de las escenas poco comunes, un comerciante, casi justo afuera de un negocio de Telcel, se acomodó sobre un automóvil gris abandonado, con llantas ponchadas y placas SRD 5-948, el cual es acondicionado como un local comercial, que prácticamente se pierde entre la vendimia.
Nada se salva del intento de venta: gorras, zapatos, bolsas de forma de Minions, huaraches, pinturas, ropa íntima (tres brassieres por 50 pesos) ropa fashion y de la que ya no parece serlo… lentes, juguetes y chucherías.
“Respete mi exclusivo yo respetaré su vehículos”, señala el rótulo en un letrero adherido a una estructura de fierro del tamaño de un automóvil, para reservar el cajón en plena calle de Garibaldi.
Colegio Civil ni se diga. La invasión y bloqueo masivo provocó que automóvil alguno pueda circular por esa calle. Y el panorama se replica en 15 de Mayo, aunque ahí “a tirabuzón”, los camiones pueden pasar apretujados entre la multitud.
Los tacos al vapor de deshebrada, frijol, papa y chicharrón atrapan a los transeúntes para degustar entre el smog y manos sin lavar.
“Se solicita señorita con buena presentación y ganas de trabajar. 17 años”, reza un aviso para menores de edad, que la Ley Federal del Trabajo lo prohíbe, sin especificar si el sueldo será también bueno y “con ganas”.
“¡Pásele, amigo, tostadas a 10”, dice una señora robusta sobre Colegio Civil, espantando las moscas con una mano y el smog con la otra.