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Domingo , 19.05.2019 / 09:46 Hoy

Hombres violentos 'pelean' contra la violencia de género

La asociación civil "Gendes" ofrece sesiones de terapia a hombres que han cometido violencia en algún grado contra sus esposas e hijos; el centro está en Minatitlán 34 en la Roma Sur.

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A Jorge N., le llevó 26 años aprender que no existe violencia pequeña y logró hacerlo antes de que los gritos, las malas palabras y los golpes a la puerta frente a su esposa e hijo de 5 años escalaran a otros niveles de agresión.

“Tuve un problema con mi esposa hace como dos años. Una vez porque ella no había llegado pronto a la casa, como me había dicho. Yo me encabroné cuando me dijo ‘es que estoy con un amigo’ y empecé a azotar la puerta, reclamándole. Recuerdo que ésa vez aventé cosas a la pared y ella corrió al cuarto y dijo ‘no quiero hablar contigo porque te tengo miedo. Ahí me cayó el veinte de que necesitaba ayuda”, dijo el joven que una vez a la semana viaja del Estado de México a la colonia Roma, en la delegación Cuauhtémoc, para asistir a sesiones de terapia grupal en las que, acompañado por otros 20 hombres, Jorge N. intenta dejar de ser un hombre violento.

Cuando Jorge tenía 8 años su padre los abandonó. Jorge y su hermano Daniel tenían que encargarse de que acarrear agua, acomodar diablitos para que no faltara la luz y surtir gallitos de gas para que la hermana menor, Diana, tuviera la comida lista, “porque era la mujer”, mientras la madre salía a trabajar.

Diana cocinaba y tenía la casa limpia y los niños hicieron de la casa un lugar habitable, echaron el colado y construyeron paredes porque así debían de ser las cosas: mi mamá me dijo, “aquí tengo hombres, no viejas”.

Si la comida no le gustaba o estaba fría, Jorge tenía derecho a reclamar; si la casa estaba sucia tenía derecho estar molesto; si los pantalones no tenían raya o las camisas no estaban planchadas a puro vapor tenía derecho a gritar…

Años después, Jorge sintió que tenía derecho a decirles cosas a las mujeres que veía en la calle, “para que te vistes así, si no quieres que te chuleen”; a molestarse porque su pareja tenía amigos, aunque él pudiera tener amigas.

De la molestia pasó a los gritos, de los gritos a aplicar la ley del hielo a la mujer con la que se casó y con quien tuvo un hijo; a golpear puertas y paredes para hacerse escuchar en casa, hasta que llegó a Gendes, donde Jorge comparte sesiones de trabajo con otros 15 hombres que un día decidieron dejar de ser violentos.

En tres horarios distintos, Gendes, en Minatitlán 34 en la Roma Sur, ofrece sesiones de terapia de 120 minutos de duración a hombres agresivos que quieren cambiar.

“La mayoría de los usuarios llegan en crisis, el promedio de edad es de 36 años, personas del entorno urbano, clase media baja o a veces las asociaciones que trabajan con mujeres víctimas de violencia nos canalizan a sus compañeros. Muchos llegan cuando están a punto de perder o ya perdieron muchas cosas”, dijo Mauro Antonio Vargas Urías, director general de la organización.

Gendes es una asociación civil que fusiona dos conceptos, “Género y Desarrollo” y promueve la igualdad entre hombres y mujeres.

De acuerdo con el investigador, sociólogo de profesión, en la mayoría de los casos, los niños varones aprenden a relacionarse con otros de manera agresiva, a vivir la aventura y la libertad sin límites, ideas que se pueden traducir en conductas invasivas.

“Más que colocarnos en emociones como a pena, la vergüenza, lo que promovemos es una responsabilidad activa, creemos que tener una conciencia autocrítica de quién soy, cómo he aprendido y cómo puedo cambiar”, destacó.

A partir de la experiencia de otros, los hombres aprenden a reconocer las señales que su cuerpo emite cuando están enojados, a reconocer la gama de emociones que pueden experimentar y que usualmente canalizan a través de la ira.

“Gendes busca promover la igualdad sustantiva, la igualdad real en el país implica comprometer a los hombres para que puedan reconstruir muchos de los aspectos a partir de los cuales se formaron y con ello soltar ciertos privilegios, compartir ciertos espacios y las dinámicas de la relación de una manera distinta a la que tradicionalmente la sociedad nos impone”, dijo Vargas Urías.

Sin políticas pública para atender a hombres violentos

Gendes fue fundada en 2003 por un equipo multidisciplinario, frente a la falta de programas gubernamentales para atender a hombres violentos con el objetivo de combatir la violencia de género.

“Detectamos que las políticas públicas, pero también las acciones sociales y sobre todo destinadas a erradicar la violencia estaban muy dirigidas a ellas, incluso las campañas de prevención, cuando desde nuestro enfoque es importante hablarle al hombre en una perspectiva que estimule su responsabilidad de una manera activa. Para nosotros es muy importante que el hombre se dé cuenta de que mucho de los que ocurre en la vida cotidiana implica o tiene consecuencias en sus relaciones más cercanas”, destacó.

La asociación ofrece capacitación y talleres de sensibilización para cuadros directivos en empresas e instituciones y terapia psicoemocional a los hombres que ejercen violencia y que están dispuestos a dejar de hacerlo.

“Ofrecemos atención individual o grupal a través de procesos psicoterapéuticos con perspectiva de género y de manera grupal, a través de un modelo en la que promovemos que el hombre se dé cuenta gradualmente cómo ha aprendido a ser hombre; cómo el machismo lo lleva a ejercer violencia, cómo lo puede parar”, dijo.

Idealmente el proceso tiene una duración de un año, a través de sesiones semanales de dos horas de duración.

Pensar la igualdad es una cosa, pero pensar la igualdad ni limpia los baños ni lava los platos; Gendes promueve la responsabilidad activa, que el sujeto tenga conciencia autocrítica que quién es y cómo se ha convertido en ello, más allá de la culpa.

“Tenemos que convertir el proceso de reflexión de manera práctica, hoy mismo. Aquí mostramos que siempre se puede cambiar; siempre se puede dejar de ejercer violencia, porque la violencia es una decisión”, destacó el activista.


Quienes vienen aquí no obtienen ningún reconocimiento, ni siquiera de hombre no violento, porque no podemos garantizar que no lo sean en el futuro, pero sí podemos acompañarlos en el proceso, dijo Vargas Urías.

De niño, Jorge N. aprendió que sólo los maricones lloraban, los hombres no; luego de casi dos años de asistir a Gendes, Jorge intenta mostrar a su hijo que ser hombre es también ser ausosuficiente, que los hombres respetan el espacio de los otros, que los hombres pueden tener miedo y que también tienen derecho a llorar.

Aquí puedes conocer la oferta de Gendes.

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