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Martes , 19.03.2019 / 19:35 Hoy

La gente carnavalera trae el huehue en la sangre: Campos

El etnocoreólogo, Ricardo Campos relata qué es ser huehue de barrio.

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La gente carnavalera trae el huehue en la sangre; es algo con lo que se nace y, aunque se va desarrollando también, fundamentalmente es un gusto; yo llevo cuatro años bailando en el carnaval es una sensación indescriptible, aseguró el etnocoreólogo Ricardo Campos quien impartirá la conferencia “Ser huehue de barrio”, el viernes 2 de febrero como parte del IV Festival sobre esos bailarines urbanos que organiza el Instituto Municipal de Arte y Cultura de Puebla. Aceptó:

“Pero también hay desencantos: he trabajado durante cinco, casi seis años el carnaval de la ciudad de Puebla, centrado en los procesos de cambio, transformación de los últimos años, para entender cómo se han generado. Ser huehue de barrio tiene que ver con las experiencias familiares, con el estrechamiento de lazos que van más allá de la familia, donde, últimamente se van perdiendo los valores tradicionales, hay rupturas, conflictos, problemas diversos, distanciamientos; el carnaval nos permite estrechar y hacer vínculos mucho más fuertes con la gente, aunque no sea de nuestra propia familia”.

Sí hay problemas, conflictos generados a partir de discusiones y diferencias entre las agrupaciones; las políticas culturales, la creación de espacios, lo cual va generando competencias: aunque, por un lado se motiva la participación de la gente, en el carnaval, por otro lado se crean discordias, reveló Campos.

Hay una brecha generacional entre la gente que nació, creció, vivió en el barrio, “vivió” el huehue y tenía la idea de que, al crecer quería ser como el abuelo, el papá, el tío, pero también es cierto que hay muchas familias que nacieron en los barrios pero, en algún momento se fueron a colonias populares de la periferia, donde crecieron y se desapegaron del barrio y su espacio, perdieron el vínculo y tuvieron que llenar sus expectativas con otras referencias, explicó.

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El cambio ya se ha convertido en un valor propio del carnaval y una discusión entre carnavaleros porque está la mirada conservadora que considera que todos estos cambios atentan contra la tradición, pero también es cierto que quienes buscar innovar son jóvenes, sin los cuales el carnaval estaría en decadencia; la gran mayoría de huehes en Puebla son jóvenes. Hay que encontrar un equilibrio y educar a las nuevas generaciones sobre esta consciencia histórica, el pasado, su espacio y significación para que al plantear un cambio o innovación lo hagan con consciencia, aseguró:

Hay huehues para muchas décadas: hace dos años había registradas ante el Ayuntamiento 81 cuadrillas de huehes de la ciudad de Puebla, 61 con el estilo del carnaval del barrio. Cada grupo con 50, 60, cien personas que llegan a juntarse en cada cuadrilla.


La modernidad del huehue

El año pasado hablé en una conferencia también, sobre los cambios en la instrumentación, cómo fue el paso de la música de violines a la de banda; pasando por la música de mariachi, hasta llegar a la actual de teclado o de saxofón, incluso grabada; la participación entre los sonideros y el carnaval, puesto que los sonideros son un elemento muy importante de identidad en los barrios actualmente, explicó Ricardo Campos quien detalló:

Actualmente reviso el papel didáctico de las redes sociales en la formación de nuevas generaciones de carnaval; el impacto de internet en la generación de nuevas propuestas estéticas, lo mismo corporales que visuales en los vestuarios de los huehues, de niños, de adultos o de jóvenes.

Finalmente, explicó: Por ejemplo, en las capas ya aparecen Mickey Mouse o Pepe el Grillo, y los adultos le echan la culpa a la “modernidad”, pero hay procesos más significativos relacionados con cada persona. Y lo de menos pueden ser las imágenes; lo caro es el vestuario: una máscara, por un lado cuesta mil 500 o nueve o diez mil pesos; cada huehue usa entre 20 y 40 plumas, y cada una cuesta 140 pesos.

ARP

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