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“Feminidad y la mujer en el cerebro, no en los genitales”

Tras hacer el cambio, la activista se sintió por primera vez visibilizada en el estado y a partir de ahí comenzaron a cambiar muchas cosas.

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A raíz de que Aruba Williams realizó su cambio de identidad ante el Instituto Nacional Electoral (INE), su vida cambió radicalmente, a tal grado, que ahora cuando le niegan un empleo es porque tiene más de 35 años, y no por ser una mujer trans, como le sucedía anteriormente.

Con 12 años en el activismo a favor de uno de los grupos más vulnerables en la sociedad, las mujeres trans, Aruba se convirtió en la primera en realizar su cambio de identidad ante el INE en Nuevo León.

Pero lograrlo no fue fácil, una vez aprobada en México la Ley de Identidad, Aruba se fue a la capital del país para realizar su trámite, primero, sacar un acta de nacimiento con su nuevo nombre, para lo cual requirió ayuda de la asociación Pro Dianas, que le proporcionó recibos de servicios básicos para poder comprobar su residencia.

Este capítulo le llevó al menos una semana de tiempo y gastos de alrededor de 10 mil pesos, solo por concepto de transporte, hospedaje y alimentación.

Ya con acta de nacimiento certificada, Aruba Williams Ortiz Nájera se presentó ante el INE en la entidad y, aseguró, los funcionarios locales “se sacaron de onda”.

“Era la primera mujer que hacía el cambio aquí, sí se les hizo raro, pero como ya estaba el acta de nacimiento certificada, me hicieron unas preguntas, y me quitaron la identidad que tenía antes con el nombre que me pusieron mis papás.

“Y me dijeron, ‘ésta te la vamos a quitar’; tírala, quémala si quieres, a mí no me interesa”, comentó.

Sin embargo, compartió a MILENIO Monterrey, antes de que se diera esta reforma se tenía que pasar por un psiquiatra, un psicólogo, un endocrinólogo, el cual les hacía el perfil hormonal para hacerse la vaginoplastia.

“Causó muchos problemas psicológicos a nosotras las mujeres trans porque nosotras estamos empoderadas de nuestro cuerpo y no queremos hacernos ese cambio físico.

“Porque realmente la feminidad y la mujer está en el cerebro, no en los genitales”, enfatizó.

Una vez realizado su cambio de identidad, de manera oficial, la activista se sintió por primera vez visibilizada en el estado, y ahí empezaron a cambiar muchas cosas, sobre todo, ante cualquier trámite en que se requiere presentar la credencial para votar del INE.

“Antes, la presentabas (la credencial), se fijaban, el nombre no correspondía con lo que veían, y los federales te hacían a un lado, te desnudaban, te violaban tus derechos.

“Ahora, ya a mis 41 años, he querido buscar trabajo y sí me hacen la inclusión, pero el detalle es que ‘mira, ya pasaste los 35, no te podemos dar empleo’, pero como ya tengo una identidad, me dicen, ‘es el único detalle, si estuvieras más joven’, o sea, ya soy como todos los demás”, precisó.

Por otra parte, señaló, falta mucha información y existe mucha ignorancia ante este tema de las personas trans, las cuales siguen siendo objeto de discriminación por parte de la sociedad, pero, en especial, expuso, de las autoridades que quieren mantenerlas invisibilizadas.

“Necesitan los diputados ponerse las pilas, inclusive en la Ciudad de México nos dicen ‘qué onda, Aruba, qué están haciendo en Nuevo León, todo el trabajo viene para acá’, y aquí lo que hacen es decir que hay que realizar una consulta, y no, los derechos no se consultan”, puntualizó.

Cabe señalar que dentro de los objetivos que tiene planteados a corto plaza está el de realizar un censo para saber cuántas personas trans existen en la entidad, cuántas han realizado su cambio de identidad, cuántas han sido víctimas de abuso de autoridad, y con ello impulsar, tanto en el Congreso como en el Instituto de las Mujeres, políticas públicas a favor de este grupo de máxima vulnerabilidad.

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