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Martes , 26.03.2019 / 09:18 Hoy

Familiares sufrieron ante la falta de información e incertidumbre

Lágrimas y angustia se reflejaron entre quienes esperaban a las afueras del Cereso del Topo Chico para saber algo de los presidiarios.

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Recargada en la reja de entrada del penal del Topo Chico, una señora lloraba y lamentaba no haber podido acudir al centro penitenciario para ver a su hijo en los últimos dos meses.

Al llegar al lugar, luego de enterarse del traslado de reos y las protestas generalizadas en el interior del penal, pudo observar la lista de los primeros 38 reclusos que fueron trasladados a cinco federales penales de la república, y entre ellos vio a su hijo.

“Ya tenía dos meses que no venía a verlo, porque no tenía dinero, tengo otro hijo en (el penal de) Apodaca, si no tengo dinero para venirlos a ver aquí, menos hasta allá”, dijo la madre de Osvaldo Medellín, uno de los 10 reos que fueron trasladados a Guanajuato.

La noticia de los traslados y las protestas que se registraron en el interior del reclusorio, las cuales incluyeron la quema de los colchones y que originaron una columna de humo negro que se veía desde distintos puntos de la ciudad, motivó a los familiares de los reos a presentarse a las afueras del Cereso del Topo Chico.

Prácticamente desde las 10:00 se comenzaron a ver familiares de reclusos afuera de la penitenciaría, en espera de informes acerca de lo que estaba pasando en el interior del lugar.

Decenas de familias resistieron las altas temperaturas y el sol usando sombrillas, pues la angustia por no saber exactamente qué era lo que pasaba dentro del penal los mantenía expectantes. La versión de que solo había un reo herido, ofrecida en rueda de prensa por Aldo Fasci, no los convencía.

“Siempre dicen lo mismo y luego salen con que son más heridos”, gritaba una de las señoras.

Aunque nadie confirmó que la protesta en el interior del penal se hubiera controlado del todo, repentinamente las autoridades del penal comenzaron a dejar pasar a los familiares, situación que al principio provocó descontrol, pero que luego se realizó de forma ordenada.

Cerca de las 16:30, los primeros familiares comenzaron a salir, tranquilos por haber tenido la posibilidad de ver a los reos, aunque preocupados por la situación.

“No tienen comida, no les han dado agua y está el calorón, aunque lo bueno es que parece que ya se calmaron las cosas”, dijo otra señora, quien no quiso dar su nombre.

Sin embargo, hubo varias personas que no se mostraron tan confiadas por la aparente calma, ya que dijeron haber escuchado versiones en el interior de que las protestas continuarían por la noche.

“En la noche se va a volver a armar, estaban diciendo adentro”, comentaron varias personas. Sin embargo, hasta el cierre de esta edición, no se habían reportado otros incidentes.

Finalmente, las cerca de 100 personas que solicitaron acceso al centro penitenciario pudieron ver a sus allegados y comprobar que se encontraban bien, aunque aquellos cuyos seres queridos fueron trasladados no tuvieron la misma suerte.

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