Con 32 años de experiencia como docente de primaria y secundaria, la maestra Cristina Lorena Martínez Enríquez dice disfrutar cada día el trabajar con los más pequeños del hogar, sobre todo es su más reciente etapa como profesora de un grupo de primer grado de primaria de la Escuela Benito Juárez de Torreón.
Señala que es en esta etapa de la vida cuando el menor empieza a leer y escribir, por lo que asume con gusto esa responsabilidad de guiarlo para que abra su panorama de conocimiento con la ayuda de la lectura.
“Es muy satisfactorio tener a pequeños de primer grado que están aprendiendo a leer y me gusta mucho ver como se les cae la venda de los ojos y empiezan a aprender muchas cosas por ellos mismos”.
Además de sus hijos en casa, asegura que ve, trata y educa a sus alumnos como si fueran suyos, pues llega a generarse un apego que se asemeja al que se tiene en familia.
“Los llegas a querer como de tu familia, tanto los niños grandes y los pequeños, incluso en ocasiones los regaño y soy un poco dura, pero siempre viendo por su mejor desarrollo pues me gusta más tratarlos bien”.
Al paso de las generaciones, la maestra Cristina comparte que han cambiado las cosas en las formar de impartir clases, así como la evolución tecnológica que obliga a los docentes adaptarse a las necesidades con las que llega una generación nueva.
“Ahora los niños exigen un poquito más por toda la tecnología que tienen en casa, tienen lapsos de atención muy cortos y la clase tiene que ser más dinámica, es por eso que los maestros también debemos tratar de seguirnos preparando y actualizando más”.
Como anécdota por el Día del Maestro, la acción de uno de sus alumnos la conmovió tanto hasta llegar al punto de las lágrimas, ya que como regalo por su día, una pequeña le dio una moneda de 2 pesos para que se comprara algo con el señor de los dulces.
“Es enorme el cariño que recibimos los maestros por parte de los pequeños”.
En tanto, añade que el resultado de clases a sinnúmero de niños y jóvenes se convierte en esperanza cuando aquellos pequeños que educó, llegan a ser profesionistas o que desempeñan un cargo importante en alguna empresa, o simplemente que son personas de bien para la sociedad.
“Me encanta que me reconozcan en la calle y que me saluden, pero es imposible a veces acordarse de todos, aunque sí hay unos que no se borran nunca, te olvidas de los nombres pero no de las anécdotas que llegamos a vivir, eso me alimenta”, añadió resaltó la maestra Cristina, quien es normalista y además cuenta con la licenciatura en Educación y tiene una maestría basada en competencias.
Su siguiente proyecto es ser supervisora de zona y poner así su granito de arena para tratar de mejorar las condiciones de la educación en el país, para lo cual ya se prepara con el fin de aprobar una evaluación para esa plaza el siguiente mes.