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El elefante que sonreía revela el mundo tras las carpas circenses

Gustavo Vázquez Lozano aborda en la obra, ganadora del Premio Sor Juana Inés de la Cruz 2016, la magia que se esconde detrás de este casi extinto espectáculo e incluso la galería de personajes que se podían encontrar ahí.

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Un circo huye de la Gran Depresión para instalarse en México. Como espectáculo empieza a experimentar su extinción, en los años sesenta y setenta, con historias detrás de los freaks de esa carpa itinerante. En esta obra de Gustavo Vázquez Lozano, ganadora del Premio Sor Juana Inés de la Cruz 2016, se puede encontrar una inmensa galería de personajes circenses como Missy Bimbo, el Hombre Águila, Hans el lanzacuchillos, el mago Sigandrello y Cecilia dos caras, una acróbata con un pasado enterrado. El autor nacido en Aguascalientes platica de El elefante que sonreía (FOEM, 2017) y de La estrella del sur. Una aventura en altamar, publicada originalmente en 2003 y reeditada el año pasado por Libros de México. Obra que presentó hace poco en la ciudad.

¿Cuál se podría decir que es la perspectiva ante la publicación de dos de tus novelas: una reciente y una reeditada?

Estas dos novelas son mis cartas de presentación. La primera publicación importante fue La estrella del sur y con El elefante que sonreía obtuve el Premio Sor Juana. A muchos les gusta La estrella del sur, un libro muy vendido, y creo que su atractivo es que es una historia con quien todo mundo se puede identificar.

¿Cómo enfocar un tema de aventuras en estos tiempos del internet?

Es la historia del héroe que viaja, que empieza de niño y llega a la edad adulta, y pasa una infinidad de aventuras en el mar. Creo que en esta época en que los chavos están con el internet, este libro les dice que todavía existe este mundo con playas, tormentas, nativos salvajes, caníbales, y este niño vive todo esto porque se anima a abrir la puerta de su casa y salir. Es una historia llena de peripecias y peligros, y creo que esto engancha a la gente.

En “El elefante que sonreía” abordas el tema del circo, aunque no es una obra para niños, ¿de dónde nace tu inquietud por el circo?

En esta obra quise quitarme esos amarres que yo tenía con la literatura juvenil. Hace como siete años que no escribo para niños y quise ir a otra narrativa. En esta novela pasó que siempre me ha gustado el circo, desde niño, me tocó ir al circo tradicional, que todavía traía animales, y salí fascinado y dije tengo que escribir algo sobre el circo. Veía a los domadores, a las chicas trapecistas. Me llamaba la atención cómo vivían y cuál sería su mundo tras las carpas.

¿Acudiste a la historia para mostrar ese mundo del circo?

Julio Rebolledo tiene un libro llamado La fabulosa historia del circo en México, que se dejó de editar. De aquí saqué muchos datos del primer elefante que trajeron a México, de cómo eran las pistas, cómo vivía esta gente, de que las mujeres que cada vez que pasaban por un pueblo, algunas dejaban esa vida itinerante.

¿Por qué ubicar una trama en el pasado, en los sesenta y setenta?

En esta obra se trata de un circo que viene de Estados Unidos. Es el circo americano que se fusiona en cierta manera con el circo mexicano. En esos años todavía se permitía en los circos hacer espectáculo con humanos con alguna incapacidad física, y porque la historia me pedía de un circo que ante la Gran Depresión se viene a México. Y porque a mí me gustan las novelas más a la antigüita, sin celulares o Facebook.

¿Se puede decir que también hay un bosquejo en las almas de los personajes?

Yo quería meter personajes fantásticos. Por ejemplo el personaje del mago que ya se aburre de sus trucos y dice que va a utilizar el terror, que es asustar a la gente, o hipnotizar, como lo hace con Cecilia. Es decir, sus actos en el circo van más allá. Está la mujer gorda , el hombre bestia, el lanzacuchillos, entre otros personajes, con un pasado por descubrir.

¿Y la magia, cómo se integra en la parte narrativa de la obra? Porque pareciera que realmente sí tienen efectos los actos del mago.

Justamente quiero hacer que el lector se plantee por un momento la situación de la trasmigración de las almas, para el final caer con la triste y simple realidad. La idea era que el lector se preguntara si estás ante una novela de fantasmas, para después ubicarlo en la deprimente realidad, que es un circo alimentado de la fantasía y que la realidad es muy dura.

¿Qué piensas del circo en la actualidad y la prohibición de los animales?

Pienso que fue un error muy grande acabar con esa forma de espectáculo, de arte, pues no hay comparación con una corrida de toros. En el circo, al animal se le cuida, no se le mata. Hay personas que me dijeron que trabajaban en circos, que ellos nos los maltratan, que son parte de su familia. Hay situaciones en que están en igualdad de circunstancias; sí reciben golpes, sí se les habla fuerte, igual que nosotros también lo hacemos.

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