Jessica Nájera es extrovertida; habla y convence a sus clientes a las afueras de la puerta principal del panteón de Oriente, tal y como lo han hecho en su familia desde hace cuatro generaciones. Y aunque el negocio de flores a veces no ofrece los resultados esperados, no lo han abandonado.
“Nos gusta porque esto es ya de, por ejemplo, comenzó mi bisabuela, siguió mi abuela, mi mamá y yo creo que van a seguir mis hijos. Toda mi familia se ha dedicado a la venta de flores. También vendemos otras cosas; durante Navidad vendemos artículos navideños. Somos comerciantes de toda la vida. Fue lo que nos enseñó mi bisabuela y va de generación en generación”.
Jessica comenta que, desde los tiempos de su bisabuela, la disciplina y el conocimiento para vender han sido fundamentales para mantener a flote el negocio familiar.
Las abundantes lluvias de este año afectaron de manera importante la disponibilidad de flores en el mercado, por lo que los precios se incrementaron, aunque no pueden elevar los costos de sus productos para los clientes.
“El costo sí subió, debido a que ha llovido demasiado. Y es bueno, pero también perjudica, porque a la flor la marchita. Llueve demasiado y se marchita la flor. Subieron los precios; casi no hubo flor de donde la traemos, y la gasolina subió y todo sube”.
Dijo además, que han tenido que ajustarse a los nuevos mecanismos del mercado, debido a que las flores artificiales han ganado terreno en las ventas locales.
“Sí se nos ha complicado un poquito. Hay otro tipo de flor, que es la artificial, y ahora la gente prefiere llevarla porque es un poco más económica y dura más. Tratamos de tener un poquito de todo para complacer al cliente: flor de cempasúchil, natural y un poquito de artificial”.
dahh.