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"Si mi familia estuviera en peligro, quisiera que otro bombero actuara como yo": Arturo y sus razones para arriesgar la vida todos los días

Con más de doce años de servicio en el Heroico Cuerpo de Bomberos de Torreón, el teniente Arturo García reflexiona en el Día del Bombero sobre la vocación que lo llevó a rescatar a dos mujeres de un incendio sin equipo contra el fuego.

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Este sábado 22 de agosto es el Día del Bombero, pero para José Arturo García López no hay una fecha que marque cuándo comienza o termina su misión. Desde hace más de 12 años, su vida transcurre entre sirenas, incendios, rescates y emergencias, con una idea que aprendió desde que se puso por primera vez el uniforme: cuando alguien pide ayuda, no hay días francos ni horarios que valgan.

Por más de una década, Arturo ha entregado su vida al servicio público desde las filas del Heroico Cuerpo de Bomberos de Torreón.

Su trayectoria le ha exigido templanza, disciplina y entrenamiento constante, pero sobre todo una profunda vocación para entregarse a lo que más le apasiona: proteger al prójimo, según explicó a MILENIO.

Actualmente, se desempeña como teniente de turno en la Estación Universidad, una de las siete sedes estratégicas del municipio, localizada en el extremo oriente del mismo, desde donde coordina la respuesta ante incendios, rescates y emergencias extremas para mantener a salvo a la comunidad.

Su historia con el uniforme comenzó en 2013, impulsada por lo que él describe como una “inquietud juvenil”.

Aquel impulso lo llevó a la Academia de Bomberos, donde descubrió que la labor va mucho más allá de apagar llamas: implica desde capturar especies de riesgo hasta ejecutar complejos rescates en estructuras colapsadas.

Aunque la intención de servir estaba intacta, Arturo confiesa que al principio desconocía el alcance real de la profesión

“Tuve la suerte de iniciar mi academia descubriendo el verdadero alcance de esta labor, porque la ciudadanía no siempre imagina todo lo que hacemos.
"Nuestra intervención va desde bajar a un gato de un árbol o capturar una víbora de cascabel, hasta realizar extracciones vehiculares complejas en accidentes graves o intervenir en espacios confinados”, relata en entrevista con MILENIO.

El día franco en que volvió a ser bombero

Ser bombero exige entrenamiento implacable y el equipo adecuado para minimizar riesgos. Pero la vocación de Arturo no entiende de horarios ni días de descanso.

Entre sus intervenciones más complejas destaca el rescate de personas atrapadas en espacios confinados y estanques anegados de lodo y desperdicios.

Sin embargo, uno de los servicios que más ha quedado grabado en su memoria ocurrió precisamente cuando estaba fuera de turno, en casa y junto a sus dos hijas.

“No se muevan de ahí hasta que venga yo por ustedes”

Transcurría una tarde tranquila en el Centro de Torreón. Arturo planeaba salir a recoger a su esposa mientras sus hijas adolescentes permanecían en el hogar.

Alrededor de las 15:00 horas, una repentina detonación y el ladrido inquieto de sus perros alteraron la rutina.

Al asomarse al patio, observó una densa columna de humo que emergía de la vivienda colindante.

No llevaba uniforme. No tenía consigo su equipo de protección. Estaba en su día franco. Pero sabía que alguien necesitaba ayuda.

Primero puso a salvo a sus hijas y a sus mascotas en la esquina de la cuadra y les dio una orden contundente: "No se muevan de ahí hasta que venga yo por ustedes”. Después corrió hacia el peligro.

Una acumulación de gas había provocado una explosión devastadora en el cruce de la avenida Ocampo y la calle Eugenio Aguirre Benavides.

Sin su Equipo de Protección Personal (EPP), se adentró en la vivienda envuelta en llamas.

“Al ingresar, la humareda era densa y se escuchaba el silbido de los tanques desfogándose. Le pedí a los vecinos que se alejaran y llamaran al 911. De pronto escuché un grito de auxilio. Me interné aplicando la técnica básica: arrastrarme al ras del suelo para buscar el poco oxígeno disponible”.

Guiándose en la penumbra, localizó a la primera víctima. La envolvió en una sábana y la arrastró hacia la salida.

Ya a salvo, la mujer le advirtió que su madre continuaba atrapada en el corazón del inmueble. Arturo volvió a entrar.

Con la visibilidad prácticamente nula, confió en su oído hasta rastrear una tos ahogada entre el fuego.

“Volví a entrar. Las llamas ya consumían la cocina y el humo era asfixiante, pero escuché los quejidos. Guiándome por el sonido, llegué hasta la sala, ubiqué a la señora y logré extraerla a tiempo”, recuerda en entrevista.

Minutos después arribaron los cuerpos de emergencia para estabilizar a las víctimas y sofocar la conflagración.

Aquella intervención reconfirmó la importancia del entrenamiento continuo: primeros auxilios avanzados, maniobras de rescate en estructuras colapsadas, manejo de materiales peligrosos e intervenciones acuáticas.

Porque para un bombero, la preparación no termina cuando acaba el turno.

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Uno de los servicios que más ha quedado grabado en su memoria ocurrió precisamente cuando estaba fuera de turno. | Foto: Roberto Amaya

Una profesión que también se lleva a casa

Para el teniente García, portar el casco va mucho más allá de un empleo. Es un compromiso de vida donde la empatía marca la diferencia.

“Es una visión muy personal. Como dice el dicho: ‘Zapatero a tu zapato’. Veo esto como una profesión noble que, gracias al Altísimo, me da la oportunidad de servir. Tengo a mi esposa y a dos hijas, de 18 y 13 años, además de mi familia extendida.

"Salgo a arriesgar la vida pensando en que, si mi familia estuviera en peligro, quisiera que otro bombero actuara con el mismo corazón con el que yo rescato a los demás”.

Hay una paradoja en su oficio: mientras su familia sabe que sale a trabajar para proteger a otros, también sabe que cada emergencia puede ponerlo en peligro. Aun así, Arturo continúa.

Desde 2013, su rutina ha estado marcada por incendios, rescates, accidentes, animales en riesgo y llamados de auxilio. Más de 12 años después, aquella “inquietud juvenil” se convirtió en una forma de vida.

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Arturo ha entregado su vida al servicio público desde las filas del Heroico Cuerpo de Bomberos de Torreón. | Foto: Roberto Amaya
Este sábado, cuando en México se conmemore el Día del Bombero, Arturo tendrá una razón más para mirar el uniforme con orgullo. 

Pero la fecha no cambia su rutina. Porque el Día del Bombero puede estar marcado en el calendario; la vocación de Arturo no. Y cuando vuelva a sonar una sirena, él volverá a estar ahí: listo para entrar donde otros necesitan salir.

AH

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Eunice Muñoz
  • Eunice Muñoz
  • Licenciada en Ciencias de la Comunicación. Siempre en busca de las historias que merecen ser contadas para transformar una sociedad. Disfruto de las novelas distópicas que nos muestran aquel futuro que no siempre parece estar tan lejano.
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