La parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe abrió sus puertas el lunes 30 de marzo para, en un último homenaje, recibir el cuerpo de una ciudadana distinguida en ciudad Lerdo. Más allá de los reconocimientos oficiales, Martha Rosales Reyes será recordada como una incansable promotora cultural. Pero su epitafio debe inscribir cualidades esenciales e indisolubles. Ella era extremadamente inteligente, humana, valiente, resolutiva ante los obstáculos y honesta.
El domingo falleció en un hospital rodeada por su familia y sus amigos más cercanos. Y el lunes, en el último adiós, cientos de personas de todos los estratos sociales y creencias religiosas o políticas llegaron a la iglesia para ofrecer con su presencia una muestra de respeto. La homilía se concentró en reconocer su espiritualidad y en recordar que las almas de los justos están en las manos de Dios.
Aunque humanista, Martha Rosales tuvo un perfil matemático. Fue licenciada en administración fiscal y mercadotecnia, lo que le permitió impulsar proyectos de toda índole. Trabajó en la Unidad Regional en Durango, de la Unidad de Culturas Vivas, Patrimonio Inmaterial e Interculturalidad, a la que le ofreció todo su talento durante más de tres décadas.
Pero también en proyectos culturales y comunitarios impulsados en las serranías por firmas mineras, donde pudo ayudar a las personas más vulnerables. Así llevó a los núcleos poblacionales más alejados alimentos, ropa, juguetes, medicamentos y zapatos. Muchos zapatos para los pies descalzos de cientos de niños.
Conoció la Comarca Lagunera y a sus habitantes a profundidad y, a través de las vías institucionales, impulsó la generación de decenas de documentos históricos de gran valor. En libros, fanzines, discos compactos y videos, documentó los usos y costumbres del ser lagunero. Siempre agradeció la oportunidad que le brindó Alberto González Domene, quien la guio al terreno de la gestión cultural.
Su habilidad natural para socializar y para sentir empatía por los más humildes, mantiene un registro personal e intransferible, donde pudo hablar con artesanos textiles, panaderos, restauradores, cantantes del cardenche, danzantes populares y un largo etcétera, a los cuales apoyó para cumplimentar proyectos con estímulos económicos.
Su tenacidad permitió así que el último cardenchero, don Guadalupe Salazar, recibiera en el año 2023 la presea Lerdo de Tejada, que lo condecoró como ciudadano distinguido de Lerdo, misma presea que ella recibió en el año 2021 al reconocer su trabajo como promotora del arte y la cultura.
Los adioses para Martha se multiplican con respeto y cariño, incluso desde las facetas menos conocidas. Su amiga Blanca Selene Favela Reyes refiere su amor por la naturaleza. En su jardín personal, del que levantó cosechas de hortalizas y que abrió también para ayudar a sus amigos, albergó a más de una decena de perros sin hogar.
“Tuve la fortuna de conocer a Martha, de tener amistad con ella desde hace varios años y veo, aparte de la promoción de la cultura, la faceta de ser humano que muchas veces dejamos de lado. Ella fue una rescatista independiente; siempre vio por el bienestar animal. Yo creo que todos los animalitos que ella rescató la amaron, estuvieron al pie del cañón con ella, y esa faceta suya era poco conocida porque ayudaba sin difundirlo; con recursos propios, y su buen corazón siempre se vio reflejado también en el respeto a estos seres sintientes”.
De la misma manera y desde los espacios dedicados a la ciencia, la historia, el arte y la vida cotidiana, se le recuerda como una mujer excepcional.
“Martha es un ícono. Un referente que difícilmente será suplido por alguien más en torno a la defensa que emprendió por la identidad, primeramente como lerdense que era y posteriormente como lagunera. Martha es un referente importante, además de tener una gran calidad humana; como la conocimos, ella se daba por todos. Ella defendió a capa y espada el conocimiento de su cultura, de los artesanos, la cultura gastronómica y las tradiciones. No queda más que honrar su vida con el legado que dejó”, precisó Cinthia Gaspar, directora del Archivo Municipal de Torreón.
Desde los espacios museísticos, a los cuales Martha Rosales dedicó tiempo y les dio estructura en Torreón a través de la administración pública, se le recuerda y se honra su legado. Así lo expresó Cristina Matouk, directora del Museo de los Metales.
“Martha fue una gran promotora y una gran mujer. Ella nació y se dedicó a la comunidad. Fue una persona con la que yo trabajé de cerca, vi su compromiso diario y, además de ser una gran profesional, era una gran amiga. Era una persona muy solidaria con las personas de menores recursos. Hizo un trabajo extraordinario en la promoción de las culturas populares y para que no se pierdan muchos de sus conocimientos. Creo que su labor en el tema cultural es invaluable y deja un gran legado y un gran ejemplo”.
Martha Rosales Reyes fue siempre fiel a sus ideales. Una mujer llena de ideas y de proyectos concretos, alcanzables. Fue también una gran hija, hermana y amiga. Ella con su ejemplo, nos recordó y nos recordará el error de intentar normalizar la violencia a través de las instituciones o en la vida cotidiana de las personas. La huella que deja como legado entre quienes la conocieron es imborrable.
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