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[Crónica] “Cristo está vivo y presente en medio de su iglesia”

Miles de creyentes arribaron al primer cuadro de la ciudad a fin de tener el mejor lugar y apreciar el paso de la Procesión de Viernes Santo, mientras contingentes de las imágenes arrancaron aplausos, destacando el Señor de las Maravillas.

Con gran fe católica y una gran participación, los más de 120 mil fieles poblanos y de otras entidades apreciaron la XXIII Procesión de Viernes Santo en Puebla, la cual comenzó en el atrio de la Catedral en punto de las 12 horas, con el mensaje de esperanza del arzobispo, Víctor Sánchez Espinosa, quien reiteró que este ejercicio se realiza para acompañar a Jesús en su camino hacia la cruz.

Miles de poblanos arribaron cerca de las 10:00 horas al primer cuadro de la ciudad, a fin de tener el mejor lugar y apreciar el paso de la procesión, mientras los contingentes de las imágenes comenzaron arribar a las 11:30 en medio de confetti y aplausos por parte de los feligreses.

Primero llegó al atrio el contingente de la Virgen de la Soledad, para dar paso a Jesús de Tres Caídas; posteriormente arribó Virgen de los Dolores; minutos después Jesús Nazareno y finalmente y con porras y aplausos llegó el Señor de las Maravillas, siendo el Santo que causó mayor furor entre los fieles. El contingente que lo acompañó vestía uniformes negros con sombreros de pico y máscaras de igual color, quienes realizaron una marcha con palos.

Ya todos colocados en sus espacios, el arzobispo poblano indicó que el Jueves, Viernes y Sábado Santo son los días más importantes y sagrados para los creyentes, para los católicos y cristianos.

Añadió que además de acompañar a Jesucristo en su camino hacia la cruz, el recorrido de la procesión es de oración y concentración, así como de reflexión por los misterios de la pasión y muerte de nuestro señor.

"Realizamos está procesión con estás imágenes hermosas, pensando en encontrarnos al Cristo sufriente, al Cristo de Viernes Santo, al Cristo de las tres caídas, para poder encontrar al Cristo Glorioso, al Cristo resucitado, al Cristo vivo. Celebramos a un Cristo que está vivo y que está presente en medio de su iglesia", aseguró.

Tras el mensaje de reflexión, el arzobispo encabezo la procesión que comenzó su andar por la 16 de Septiembre, donde los fieles aprovechaban el recorrido de sus imágenes para dar gracias por alguna manda, rezarla o incluso apreciar las bellas esculturas.

Al pasar la procesión por el Palacio Municipal, ésta se detuvo por algunos minutos, pues las grandes esculturas eran complicadas para dar las vueltas, lo que retrasaba al contingente que la llevaba. Las calles se veían de colores, pues además del confetti lanzado por los fieles, las personas vestían ropa colorida para así evitar sentir los fuertes rayos del sol.

Por más de tres horas, las imágenes, contingentes y fieles realizaron el recorrido, que por este año contó con un cambio para la segunda reflexión, toda vez que anteriormente se realizaba en la Villa de Guadalupe en la 11 Norte y avenida Reforma, y que este 2014 tuvo lugar en la 11 Norte y 4 Poniente.

Finalmente pasó por la esquina de la 4 Oriente-Poniente, para posteriormente regresar al atrio de la catedral, donde los fieles portaban banderas blancas con rojo y otras blancas con púrpura, algunos con lágrimas en los ojos al recordar el Vía Crucis que pasó Cristo para salvar la vida de los seres.

Tarde de fe, devoción y perdón, pero sobre todo de reflexión.

Las cadenas que liberan

Las cadenas suenan al chocar con el suelo a cada paso que dan los engrillados que participan en la procesión de viernes santo en la región de Atlixco.

Suenan a cada paso. Rugen sobre las piedras de las calles, generan también las exhalaciones apresuradas de los engrillados causadas por su peso, laceran sus hombros y su espalda.

Sin embargo las cadenas no representan en esta ocasión encierro, dolor o aprensión. Hoy dan un aire de esperanza y libertad, hoy simbolizan la fe de los devotos y el agradecimiento de los hombres que llevan en sus hombros las peticiones de sus familias, de sus amigos, llevan también el recuerdo de los que se fueron y la solicitud de un mejor futuro.

La procesión ha salido de la iglesia de San Francisco, uno a uno , los hombres bajan la rampa de metal raspando con sus grilletes la superficie. El nerviosismo de los familiares es notorio, las ansias y la incertidumbre inundan los pensamientos de los expectantes.

Paola Sigüenza, esposa de uno de los engrillados (cuyo nombre pidió no revelarse por cuestiones de respeto), sabe lo que la caminata representará para su marido, ella lo ha acompañado durante su preparación.

Este es el año en que termina su manda, este año representará la victoria sobre los problemas que causaron en su familia un distanciamiento que, “sólo a través de Jesús”, lograron superar.

“Es doloroso ver para mí las cadenas y las espinas en su cuerpo, es compartir con él las peticiones y las oraciones”.

Los cantos han comenzado. Cuando terminan de salir los 68 engrillados los vecinos del municipio realizan los primeros cánticos, cargan en sus hombros la imagen del redentor, las señoras, ya de edad avanzada, encabezan los coros que son repetidos por los más de 3 mil acompañantes.

Las cadenas suenan y desprenden a su paso el aserrín de los tapetes que se ubicaron en las calles, de vez en cuando la procesión se detiene para que los hombres descansen un poco, es menester de sus acompañantes darles los trozos de limón que mitigaran su sed, alzan por un momento las cadenas de sus cuerpos para que sus brazos no se adormezcan.

Caminan a su lado, son sus familiares, son los encargados de recordarles el momento que deseen detenerse, el motivo por lo que se encuentran caminando.

Ya ha pasado una hora desde que salieron, sus pies están cubiertos de tierra, negros, calientes. El sol ha mallugado sus plantas, las piedras han causado irritación.

De pronto, uno de los engrillados cae, las piernas le fallaron. Las cadenas de más de 50 kilos hicieron mella sobre sus muslos, y al pisar una de las espinas que por accidente se encontraba frente a él cayó de bruces en el asfalto cubierto por el aserrín que nada hizo por amortiguar el golpe.

“Es una prueba de fe, es un intercambio entre nosotros y Él, mi caída y mi dolor no significan nada en comparación con lo que él sufrió por nosotros”, dijo el engrillado después de incorporarse.

Una gota de sangre recorrió su pierna izquierda ante la mirada atónita de los espectadores.

“No es la primera vez que pasa, en ediciones anteriores hemos tenido desmayados, algunos que no terminan el recorrido por el dolor y otras personas que deciden dejar para el próximo año su penitencia”, dijo Jaime Garcés, coordinador del evento.

“Padre nuestro que estás en el cielo santificado sea tu nombre…”. Las oraciones. Los pensamientos. La creencia de una mejor vida a través del sacrificio personal, del abandono y de las ofrendas.

El cansancio es evidente, los pasos se vuelven más cortos, las piernas ya no dan.

El sudor ha hecho que las mantas negras se peguen a su rostro dificultando la respiración, el dolor de la espalda por mantenerse erguido es insoportable a la vista, el ardor y el escozor de en la piel es evidente.

Por otra parte, el silencio hace que otros sentidos se exalten, la vista sobre todo. El espectáculo obtiene tintes de dramatismo, pasaron de ser procesionarios a mártires, de personas comunes a consagradas.

Cuando los engrillados se encuentran de regreso a la iglesia después de caminar tres kilómetros, frente al atrio se hincan. Recorren esa última parte con el mayor esfuerzo, son ya tres horas de trayecto.

La procesión termina en el altar, los engrillados se levantan y permanecen estoicos de pie ante el altar para escuchar las palabras del párroco municipal.

Al finalizar son atendidos por sus familias, tendrán que pasar por una recuperación que para ellos confirmará el cumplimiento de su petición.

Las cadenas son retiradas y se convierten en testigo de la liberación, de la fe, el amor, la devoción y la entrega de los engrillados y de las familias que juntamente con ellos sufrieron y afianzaron una vez más las tradiciones del lugar.

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Elvia García
  • Elvia García
  • Con más de 15 años en el periodismo, he podido escribir cientos de historias; siempre de la mano de mi familia que es el motor en mi vida. Reportera en turno de la fuente educativa. Amante de la vida y de mis perros, Akane-Max.
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