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"Camiones van 'vomitando' gente": usuarios de la L7

Usuarios de la Línea 7 del Metro sufrieron para poder llegar a sus destinos, debido al cierre de estaciones inundadas tras la fuerte lluvia de este miércoles en la Ciudad de México.

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Edgar tiene 19 años, trabaja en una obra de construcción en Polanco y entra a las nueve de la mañana.

Todos los días aborda el Metro en la estación Pantitlán de la Línea 9 y baja en Tacubaya. Hoy vio más gente de la normal, pero no se le hizo extraño. "El Metro es una porquería".

Sabe que algo pasa cuando hay un grupo de gente alrededor de policías, por eso se acercó y hasta ese momento se enteró que el Metro estaba cerrado.

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El joven es uno de los más de 30 mil usuarios afectado por el cierre de estaciones de la Línea 7, que corre de El Rosario a Barranca del Muerto, debido a la fuerte lluvia que azotó ayer la ciudad.

Los policías Sánchez y Carrasco ayudan a las personas para que lleguen a su destino.


"Puedes tomar el camión que está subiendo las escaleras, pero están tardando mucho, hasta 30 minutos en llegar; para Barranca del Muerto sí hay servicio", informan los agentes.

Polanco, Auditorio, Río San Joaquín, Camarones y Constituyentes son los destinos por los que más preguntan las personas.

Edgar sube las escaleras para llegar a donde están los camiones del servicio M1, que el gobierno capitalino habilitó de manera gratuita por el cierre de estaciones del Metro.

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Cuando el joven llega a la avenida Luis Ruiz, ve el caos. Todos preguntan a todos cómo llegar a su destino o dónde pasan los camiones.

Marco Antonio, de 20 años, también trabaja en una obra de construcción en Polanco. Pero él llegará por otro camino. Volverá a tomar el Metro, "a pagar otros cinco varos", dice.

Cuenta que transbordará a la Línea 1 y en la estación Sevilla tomará un pesero que lo lleve a Polanco. Al fin, ya va una hora tarde.


Taxis privados se hacen colectivos ante la urgencia. De 35 a 40 pesos por persona es la tarifa regular. Varios hacen fila porque "no hay de otra, hermano", dice Juan, quien hace que no se pierda la fila, da informes a la gente y abre las puertas de los taxis que llegan.

Edgar tiene que llegar al trabajo. Ya pasan de las nueve de la mañana. Un camión de M1 abre sus puertas y la gente aplasta y avienta a Edgar. Pero él es firme en su objetivo: "voy a llegar al trabajo".

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El camión ya se llenó. Aún así Edgar se cuelga con todo y su mochila donde lleva herramienta. Uno de sus amigos lo sostiene para que no se caiga. El RTP avanza.

"¡Se van a caer! Los camiones salen hasta vomitando gente", dice una señora que ve la escena.

Edgar se sostiene de su amigo y de un pasamanos. "¡Así voy a llegar a las 10!", grita orgulloso mientras el vehículo lo acerca a Polanco.

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