Lo que comienza como una búsqueda de identidad, aceptación e incluso la aspiración de alcanzar estándares de belleza y feminidad, para algunas personas, particularmente las mujeres trans, termina convirtiéndose en una pesadilla, en una emergencia médica que pone en la balanza los deseos e ilusiones frente a la vida misma.
En esta búsqueda, los biopolímeros, sustancias que durante años han sido inyectadas en distintas partes del cuerpo con fines estéticos, particularmente incrementar el tamaño de labios, senos y glúteos, son el recurso más utilizado y también uno de los que más riesgos representa.
Su origen
Los biopolímeros son sustancias de relleno inyectables que derivan del petróleo, siliconas líquidas o aceites vegetales; se califican como altamente peligrosas, no biocompatibles y no están aprobadas por las autoridades de salud para su uso en humanos.
Ante esta realidad, el Estado de México se ha consolidado como un referente nacional en la atención de la población de la diversidad sexual que enfrenta este tipo de complicaciones, al contar con el Hospital Regional de Alta Especialidad de Zumpango, en donde se cuenta con la primera Clínica de la Diversidad Sexual del Estado de México, que abrió sus puertas el 13 de febrero del año pasado, como parte de las directrices que se marcaron en el Plan de Desarrollo.
Complicaciones
En entrevista con MILENIO Estado de México, la directora general de este hospital y clínica, Abigail Trujillo Neri, refirió que uno de los temas que se presentan con mayor incidencia son las complicaciones derivadas del uso de biopolímeros.
“Hemos tenido casos complejos sobre estos materiales; sin embargo, sabemos que muchas veces no son biopolímeros, sino que son otro tipo de sustancias y eso nos genera problemas: lesiones en la piel, en tejido, en músculo”, explicó.
Por otro lado, la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios también ha identificado el uso de colágeno de origen animal bovino y porcino, así como silicona líquida o en gel y las variantes siloxano y polisiloxano; estas sustancias son utilizadas en la elaboración de sellantes, adhesivos y aplicaciones industriales.
También se han encontrado vaselina líquida o sólida de uso tópico, aceites de origen vegetal comestibles, cera de abeja e incluso aceite para motores, indica la Cofepris.
En la mayoría de los casos, estos procedimientos se realizan de manera clandestina, en consultorios o clínicas que no cuenten con las instalaciones, el equipo y el personal capacitado, lo que pone en riesgo, tanto las partes del cuerpo en donde se aplican estas sustancias como la vida misma.
“A veces es por recomendación de alguna compañera o amiga, pues van con cierta persona a que les inyecten lo que al parecer es un biopolímero y ya cuando se dan cuenta, pues no es un biopolímero, es algún tipo de aceite que les inyectan y es perjudicial”, explicó.
¿Cómo llegan los casos?
La especialista indicó que los casos atendidos, derivados del uso indebido de estas sustancias, llegan ya con algún tipo de lesión, dolor o secreción, por lo que se inicia con el protocolo respectivo, que consiste en un trabajo multidisciplinario. En ocasiones, este proceso requiere que se retiren los líquidos que se han inyectado; sin embargo, no siempre se logra en su totalidad.
Los riesgos son varios, ya que dependerá de la reacción de cada persona, pues todos los cuerpos son distintos: el primer riesgo es la necrosis, es decir, la muerte de células y tejidos; el segundo es la infección, y que esta pueda abarcar más allá de la piel, afectando algún órgano y ya en casos extremos, originar una tromboembolia, lo que significa la formación de un coágulo y que este viaje hasta los pulmones.
Las “red flags”
La especialista recomendó prestar especial atención a algunos signos de alerta. Por ejemplo, el que los servicios sean económicos y el que se realicen en espacios que no son consultorios o clínicas. Además, siempre se debe revisar que todos los instrumentos y materiales utilizados estén certificados y avalados por las autoridades sanitarias.
Para brindar este servicio, el personal se capacitó en distintas áreas médicas, con el fin de hacer frente a dicha problemática, con al menos 32 cursos o talleres en distintas áreas.
Procesos complejos
De acuerdo con la activista Tanya Vázquez, la atención de estos casos requiere personal altamente capacitado, debido a la complejidad de los procedimientos y los altos riesgos que representan para la salud del paciente.
Explicó que integrantes de la colectiva Red Trans Famosas y Aliados, de la que es presidenta, han ayudado para que mujeres con algún problema de este tipo reciban atención médica, principalmente en instituciones de Ciudad de México y en el Centro Médico Lic. Adolfo López Mateos, en Toluca, donde se brinda seguimiento especializado.
La activista advirtió que las consecuencias del uso de estas sustancias van más allá de una afectación estética. Los biopolímeros no adecuados pueden provocar inflamaciones severas, infecciones, daños a distintos órganos y complicaciones que ponen en riesgo la vida de las personas.
Por ello, hizo un llamado a visibilizar los riesgos ante este tipo de procedimientos y fortalecer el acceso a servicios de salud, que permitan atender de manera oportuna a quienes enfrentan las secuelas de estas prácticas.
Indicó que este tipo de procedimientos iniciaron en México, entre los años 70 y 80, con el objetivo de moldear los cuerpos; las estimaciones indican que hasta 64 por ciento de las mujeres trans han utilizado este tipo de procedimientos, lo que las coloca como el grupo más vulnerable.
Aunque no es un tema exclusivo de esta comunidad, ya que también se ha documentado un aumento en su uso tanto en hombres, como en mujeres cisgénero, es decir, las que se identifican como tal al ser su condición de nacimiento.
Costo alto
La activista señaló que la atención médica requiere de una gran inversión, ya que se debe considerar desde la renta del equipo médico, como un canister, que se emplea en el quirófano para succionar y almacenar fluidos. El costo oscila entre los 12 y 15 mil pesos.
Se debe sumar la compra de la esponja de plata, que se utiliza para tratar heridas complejas o infectadas, principalmente. Este insumo tiene un costo de entre 7 mil y 10 mil pesos.
A esto hay que adherir el tipo de medicamentos e insumos médicos; es decir, solo en lo referente a la atención médica en el quirófano se superan los 35 mil pesos, esto cuando el procedimiento se realiza en una unidad médica del sector público.
Además, una vez que se da de alta, se enfrentan otros gastos durante el proceso de recuperación, que puede tardar varios meses, lo que implica que no se pueda realizar alguna otra actividad.
“A pesar de esto, todavía hay secuelas; se les siguen inflamando las piernas o glúteos, se tiene que estar tomando cortisona para poder desinflamar. Con el frío, también afecta a la condición de los biopolímeros; nuestro cuerpo tiene esa memoria”, concluyó.