La felicidad que le produce la ovación del público, luego de haber protagonizado la obra Jugadores, en mancuerna con Juan Carlos Colombo, José Alonso y Héctor Bonilla en el nuevo teatro Royal Pedregal, se percibe en el rostro de Patricio Castillo.
El actor es el único que permanece en el escenario, luego de las felicitaciones de amigos, familiares y público que aprovecha la oportunidad para manifestarle su admiración.
Aún con la emoción se sienta en un extremo del escenario que, ambientado como la cocina donde se desarrolla la obra, también sirve de marco para compartir su agradecimiento por poder estar en el escenario, luego de una operación que se complicó y lo puso casi al borde de la muerte; para confesar su orgullo de ser mexicano por elección y satisfacción por ser un actor camaleónico.
Es evidente que el teatro es su vida, se ve cómo disfruta a cada acción, cada gesto, cada movimiento…
Exactamente, desde hace muchos años no podía concebir mi existencia de otra manera. El teatro me ha dado tantas cosas, pero básicamente me ha ayudado a ser hombre, a madurar. Me han pasado muchas cosas en la vida, pero soy un hombre muy afortunado, me ha ido bien con todo.
En el montaje interpreta a un hombre que es víctima de su mujer, que no quiere salir de ese maltrato… a nivel personal ¿qué es lo más fuerte que ha vivido?
Te pongo un ejemplo, yo siempre pensé que me iba a casar, que iba a ser muy feliz a la mujer con la que me casara, que iba a tener 12 hijos; en fin todas esas cosas que están basadas en la educación que te dan y que hoy ya solo son ideales, que no ocurren.
Pero yo era un niño, un niño ilusionado que quería hacer muchas cosas, entre ellas, esto que te acabo de decir. Obviamente, no lo pude cumplir porque como dice el dicho, uno propone y Dios dispone.
Aunque a veces uno va eligiendo el camino por donde quiere ir… ¿no?
Yo creo que ambas cosas ocurren al mismo tiempo, se entrelazan, pero de repente una pesa más que la otra, y luego la otra empieza a pesar más; así sucesivamente. En mi caso, lo que sí he conseguido mantener fijo es mi vocación teatral; abandoné el estudio de ingeniería química por meterme a esto. Cosa que suscitó algunos malestares en casa, por eso tuve que poner mucha distancia de por medio. Entonces, ahí ya hay un cambio. Yo nací en un lugar, y pensé que ahí iba a vivir siempre, y no.
Me salí e hice mi vida en México, estudié en Chile, pero hice mi vida acá, acá me vuelvo hombre, acá me caso, acá tengo a mis hijos, todo ocurrió en México para mí.
A partir de ahí hubo un cambio, fuerte, por decírtelo muy rápido, y como ejemplo, te puedo decir que aunque supuestamente hablamos el mismo idioma, aquí y en el sur se construye tan distinto, que tal parece que fueran dos idiomas. Y no, pero lo ocupamos de manera distinta, construimos de manera distinta, le damos distinto significados a muchas palabras. Por eso puedo decir que a los 24 años volví a nacer y tuve que volver a aprender a educarme, tuve que aprender todo. No tenía infraestructura social, no hice el colegio aquí, no tenía compañeros de colegio, de la universidad, no tenía nada.
Venir a México implicó cambiarlo todo…
Sí, solo que a los 24 años entonces tenía una gran desventaja, pero cuando uno tiene una desventaja en algo, el cuerpo, la mente, todo en uno hace un doble esfuerzo. En lo que somos débiles, uno reacciona más fuerte todavía para superar esa situación. Y bendito Dios creo que he tenido la suerte de superarlo y con bien, yo soy más mexicano que los chilaquiles, me encanta nuestra historia, mi país, tengo 53 años de ser mexicano.
Dice que el cuerpo reacciona a los imprevistos; hace unas semanas estuvo muy mal, y afortunadamente ahora está derrochando energía y talento en el escenario…
Sí, era una operación, no te diré sencilla, pero tampoco complicada, un poco invasiva, pues consistía en limpiarme la carótida derecha, que la tenía muy obstruida con plaquetas que se forman con el colesterol y la grasita, y se empieza a correr el peligro, que se desprenda y se produzca una embolia o un infarto. Por eso decidí operarme, y la operación fue fantástica, pero después de operado, me empecé a ahogar, tenía muchas flemas, se complicó y me tuvieron que atender de urgencia, hice pasar un muy mal rato a mi doctora, pero finalmente me sacó adelante.
El cuerpo reaccionó ¿no?
¡Y las ganas de vivir, las ganas de vivir!
¿Qué lo motiva, qué le inyecta vida, en el escenario luce muy bien, como ese hombre víctima de su mujer, y hace unas semanas también se le veía fenomenal al dar vida al villano del melodrama "La Candidata", donde hacía ver su suerte al personaje que realizaba Helena Rojo, su esposa en la trama… eso es ser un actor?
Bueno, existen dos tipos de actores, a los que nos gusta, como a mí, ser camaleónico, y los que son de personalidad, como Nacho López Tarso. Lo ves y es un primerísimo actor, pero tiene esas cosas, que siempre ha hablado así (dice al tiempo que imita el tono del experimentado actor), qué forma de decir las cosas. A la gente puede parecerle que no cambia, pero tienen un poder de interpretación y una forma tan convincente de decir las cosas que uno dice: ¡Ay! si me gustan los camaleónicos, pero no puedo negar que este me impresiona mucho; y no sabes con cuál quedarte a fin de cuentas.
A mí me gusta tratar de cambiar y no solo disfrazarme por fuera, lo difícil para esto es saber disfrazarte por dentro, cambiar por dentro. No es tan fácil.
Esa particularidad es lo que detona la reacción del público, las emociones, ¿no?
Exactamente, aquí (en la obra Jugadores) tú ves cuatro personalidades totalmente distintas. Hay un hombre chiquito (interpretado por Héctor Bonilla), con un padre horrible que lo marca con tantas cosas que quiere que sea el hijo, los golpes con el cinturón, no lo deja crecer, no lo deja ser; aunque se defiende con el conocimiento que tiene, pero nada más; al otro (el personaje qué él interpreta) la mujer lo hace puré; el otro (se refiere al que da vida José Alonso) está muy desilusionado con lo que hace y prefiere hacer otras cosas para que la adrenalina funcione, según él; y el último (Juan Carlos Colombo) es totalmente apegado a la realidad, pero algo pasa por lo que no se puede casar y tiene que obtener favores por los cuales le cobran. Son personalidades tan, tan diferentes, pero son amigos porque se apoyan entre ellos. Lo que dice al final Juan Carlos Colombo es de una ternura, eso de que "esto es lo más parecido a una familia", o sea que él también quiere tener una familia.
Eso es real, a veces uno hace familias que no son necesariamente carnales, ¿no?
Exacto, tus amigos vienen a ser tu familia, la familia que escogiste, no la familia impuesta. Un ejemplo es mi caso, como extranjero. Luego de me dicen: "Tú no naciste aquí, Pato". Y yo les digo: ´No, pero soy mexicano a conciencia, no mexicano a chaleco".