Durante muchos años, Regina Bertinchamps padeció de depresión y, tras varios intentos, fue en 1912 que terminó con su suplicio ahogándose en el río Sambre, en Châtelet, Bélgica. René Magritte era un muchacho de trece años y el recuerdo de verla muerta con la ropa cubriendo su rostro fue materia prima para realizar una obra pictórica surrealista que ha trascendido el tiempo.
Este fue el punto de partida para que Juan Carlos Martínez escribiera y dirigiera la obra “La madre de Magritte”, que se estrenó el 22 de mayo por la Compañía del Teatro Isauro Martínez, que amplió la temporada al 22 de septiembre y 16 de octubre, y que concluirá el año con fechas el 6 de noviembre y el 11 de diciembre en el Teatro Alfonso Garibay.
En entrevista para MILENIO, el director y las actrices Alejandra Plata y Edith Mier exploraron los desafíos de montar la puesta en escena.
“Este es un proyecto largamente acariciado porque vengo trabajando desde hace dos años con la idea de rescatar un poco la tragedia Magritte en cuanto a la relación con su madre, quien tuvo una gran depresión que, para 1900, la depresión femenina era considerada histeria, no era tomada en serio. Finalmente, devino en suicidio; ese es el marco.
“Con el grupo de teatro se vio la necesidad de armar un elenco con miras al montaje; llevamos el anteproyecto ante el patronato del TIM, que con mucho gusto y entusiasmo nos apoyó y nos produjo la obra, algo que hay que aplaudir. Con los actores se dio un poco de estilística actoral a partir de la contención porque volteas a ver el teatro europeo y es contenido. Fue muy interesante trabajar con las compañeras y compañeros de la Compañía Escénica de Teatro Isauro Martínez”.
Así el público, dijo el director, además de ver las actuaciones de un gran elenco, verá la construcción de un personaje en profundidad, o como lo definiría Carl Jung, desde la sombra.
“Creo que ya tenemos algo de experiencia para poder seguir esas indicaciones y poder aterrizarlas o plasmarlas en escena. Yo creo que lo más difícil ha sido coincidir en tiempos, horarios de todos, pero realmente se ha formado un equipo de profesionales muy capaces y todos hemos ido resolviendo con las indicaciones que el señor director nos da”, refirió Alejandra Plata, quien interpreta a Regina, la madre de Magritte.
Con Irving Morúa Lamont en el papel de René Magritte, Edith Mier como Georgette Berger, Arturo Aranda siendo Leopold, Marian Dávila como Charlotte y César Zárate interpretando a El Tiempo, los actores intentan dimensionar un peso complejo al abordar a través de sus personajes una depresión que concluyó en suicidio.
“Los personajes brincan en temporalidades y son dos líneas temporales, entonces jugamos mucho con el tiempo, tanto en personaje, porque el tiempo es un personaje, como en la historia. Son dos líneas de tiempo: la de los padres de René, la línea de nosotros, que es la de René y su esposa, y hay brincos temporales que son interesantes para nosotros como actores; el poder manejar y, con la ayuda del maestro, el saber cómo expresar que ahora soy una mujer de cuarenta, luego de veinte y ahora estoy en depresión, pero antes estuve enamorada, ha sido un reto para todos”, comentó Edith Mier, quien interpreta a Georgette, la esposa de Magritte.
A la producción se sumó el coreógrafo Cristian Leyva, así como en el vestuario y la escenografía Vicente Padilla. La música original es de Nancy del Río, quien además realizó algunas copias de las pinturas de René Magritte que se usan en escena.
“Tal vez lo más difícil fue lograr el ambiente surrealista que tiene René Magritte porque, a la hora de tratar de llegar a la ironía poética que tiene su pintura, pues recurrimos a la danza que complementó perfectamente el cuadro junto con una música totalmente desquiciada que nos conduce a este vórtice de degradación emocional de parte de la madre de Magritte y cómo arrastra a la familia a arrastrar esa cargada maleta que tuvo un proceso de depresión”, dijo el maestro Juan Carlos Martínez.
La idea fue, acotó, sublimar un poco la depresión femenina para hacerla más accesible al público porque se sabe que el 60 por ciento de las mujeres en México padece de depresión. De esta manera, la puesta en escena está cargada de símbolos con elementos claves de la obra de René Magritte, abordados de forma poética, alejados de los sueños para brindar una perspectiva psicológica colectiva.
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