La música vallenata en Monterrey no es solo un género, es una identidad que ha echado raíces desde las cocheras de la colonia Independencia hasta los recintos más imponentes de la ciudad.
Hoy, esa historia se escribe con la veteranía de quienes abrieron camino y la valentía de quienes, a pesar de las tragedias, se niegan a soltar el acordeón.
Pepo López: El acordeón como medicina y motor de vida
Gerardo García Hernández, mejor conocido como 'Pepo López', cantante y acordeonista de la agrupación regiomontana "La Passión Vallenata", es actualmente uno de los exponentes más populares en su género.
Sin embargo, el éxito que hoy disfruta no fue fortuito; la persistencia ha sido la clave de su carrera desde hace una década.
"Desde los 8 o 10 años siempre me llamó la atención el acordeón, la música y estar ahí, pero nunca me imaginé de tener mi propio grupo y llegar a ser alguien", platicó el músico.
Después de años de "picar piedra", tocando en cocheras, patios y cenas, las oportunidades llegaron y, con ellas, la satisfacción de lograr sueños que parecían inalcanzables.
Una de las mayores metas fue pisar la Arena Monterrey, un logro que planearon meticulosamente.
"Hasta que se nos da a nosotros la oportunidad de poder pisar un recinto así tan grande como la Arena Monterrey, entonces lo pisamos, pero no fue nada más como que 'párate Pepo López, ve párate ahí y dale', no fue nada más así, nosotros lo planeamos para hacerlo bien con la intención de qué se quedara para la historia", explicó Gerardo.
Sin embargo, en la cima de su carrera, la vida lo puso a prueba.
Hace tres años, en plena presentación musical, Pepo fue víctima de un atentado.
"Me tocó estar en un lugar equivocado, justo cuando teníamos una presentación a beneficio, con una noble causa, era con un chavito que ocupaba recursos debido a una enfermedad, entonces pues estuve en el lugar equivocado, llegaron y dispararon", relató Pepo con crudeza.
Recibió cinco impactos de bala. Aunque los médicos lograron salvarle la vida, la noticia de la pérdida de una de sus piernas lo sumió en una profunda frustración y rabia.
"En ese momento haz de cuenta que se me vino todo a la cabeza, no sabía qué iba a pasar conmigo o qué iba a seguir adelante, entonces me puse muy molesto, me entró una rabia muy fea y me empecé a pelear con los que me estaban ahí atendiendo.
"Entonces uno de los doctores me dijo 'sabes qué, nosotros no te cortamos la pierna, sólo te estamos haciendo unas curaciones, entonces cálmate'. La pierna la perdí, porque uno de los impactos de bala me atravesó una vena que tenemos que se llama la aorta, porque traigo un impacto en una pierna, dos en la otra, otro en el estómago y una más en el brazo", explicó el vocalista detalladamente.
Pero su deseo de superación fue más fuerte que la tragedia. Tras solo 15 días de reposo, Pepo volvió a los escenarios. Aunque al principio le ofrecieron una silla para tocar, él se negó rotundamente.
"Me decían que si me ponían una silla, pero yo no quería, yo quería tocar parado, y aunque al principio no podía, porque no dominaba la prótesis, pues nada más me paraba y tocaba parado, pero ya conforme fue pasando el tiempo, la fui dominando y empecé a bailar en el escenario o hasta a veces me la quito y la alzo", contó García Hernández.
Hoy, Pepo busca inspirar a otros, motivándolos a salir adelante rodeándose de las personas indicadas.
Sergio Sías: Los cimientos de la "Colombia Chiquita"
Mientras las nuevas generaciones conquistan grandes foros, los pioneros del género recuerdan cómo se forjó este movimiento.
En el corazón de la colonia Independencia nació uno de los grupos clave: Los Vallenatos de la Cumbia, liderados por Sergio Sías, quienes desde hace más de 40 años se mantienen en el gusto del público.
Sías recuerda que, antes de los grupos, fueron los "sonideros" quienes propagaron el género en Monterrey poco antes de los años 80.
"Ellos fueron los primeros antes que los grupos musicales de género vallenato... hay que darles el mérito a los grandes sonideros de antaño que compraban sus discos, en aquel entonces mi papá decía que llegaban a Reforma a una discoteca y de ahí traían música de Corraleros, de Lisandro, de Alfredo Gutiérrez, porque eran los únicos que existían", relató el vocalista.
Junto a su grupo surgieron leyendas como Celso Piña, Ronda Bogotá, Tropa Colombiana y Grupo Amaya, cada uno con una identidad sonora que el público distinguía de inmediato.
"Yo no podía tocar una música de Celso Piña o de la Tropa Colombiana, porque yo tenía mi estilo muy propio... tú escuchabas en el radio y rápido detectabas qué grupo era", explicó Sergio.
En esos inicios, los templos de la música eran locales.
"Había un salón que se llamaba Villagrán, que era el templo de la música colombiana... también otro que se llamaba salones Alameda, eran nuestra fuente de trabajo, además de las fiestas que había como bodas y 15 años", contó Sías.
A lo largo de cuatro décadas, el vallenato regio ha roto fronteras internacionales. Sías ha llevado su música a Estados Unidos y Sudamérica, notando cómo los estilos varían según la región.
"Hay lugares en donde les gusta la cumbia un poquito más lenta y en otros, un poquito más rápida", comentó el cantante.
Para Don Checo, el éxito actual de los grupos jóvenes es un triunfo que debe ser atesorado como fruto de una lucha de décadas.
"Se debe atesorar porque habemos grupos de antaño que luchamos para que los grupos de hoy suban, como un seguimiento, pero sí, ahorita es mucho más fácil para los grupos actuales, porque están en las redes sociales, está todo", concluyó Sergio.
rga