Muchas veces pensamos que la música y la política son cabras de diferentes establos. Estamos tan encerrados en la idea de que una no tiene que ver con la otra que, con facilidad, colocamos a la política en el cajón de las agendas aburridas y a la música en un rincón más… hedonista y superfluo.
Dentro de mi trabajo eso es imposible; de hecho, en el peor de los casos, yo soy el que hace las preguntas incómodas. Pero si me pongo analítico y busco una mezcla perfecta de pop culture e historia, el mejor ejemplo no está en el Congreso, sino en los escenarios: se llama Pulp.
La banda de Sheffield —ese combo legendario de Jarvis Cocker, Russell Senior, Candida Doyle, Nick Banks, el eterno Steve Mackey y Mark Webber— es la viva muestra de que se puede hacer música cruda con la que la Common People arma su propia Disco 2000 improvisada.
¿Y quién es la musa detrás de toda esa catarsis de la clase obrera británica? Irónicamente, la exprimera ministra Margaret Thatcher: una figura controversial no solo en el Reino Unido, sino el referente favorito del conservadurismo internacional y, para no decir algo más desagradable, el ídolo de cabecera de Javier Milei.
Compartiendo escaño en lo más selecto del Britpop con Oasis, Blur y Suede, la banda que nació de la pobreza del norte de Reino Unido —y que se mantiene fija en mi playlist— le acomodó un sape generacional a los que creen que la escasez es un accesorio cool.
Pulp inició su gira latinoamericana en el Palacio de los Deportes, el templo exacto donde la revancha de los raros pondría a bailar al fantasma de la mujer más controvertida de la historia británica.
You'll never live like common people (...) You'll never fail like common people
Previo al concierto, hay algo que debes saber: una de las mujeres más odiadas por la izquierda del Reino Unido —y por cualquiera que tuviera dos dedos de frente en la Cámara de los Lores— terminó siendo la inspiración de múltiples canciones, estéticas y movimientos.
Margaret Thatcher fue la culpable de que la moda se convirtiera en un arma contestataria frente al Londres de Lady Di, sirviendo como el detonante perfecto entre la caída de las "buenas costumbres" y la sagrada “hora del té”.
Quizás como lector te preguntes: “Ay, ¿qué tiene que ver la figura de la Iron Lady con la formación de Pulp o, en sí mismo, con la música y la moda británica?”. La respuesta es: absolutamente todo.
Previo al Thatchérismo, y tras el desvanecimiento de la Beatlemanía, el Reino Unido ya acumulaba varias batallas que moldearon su historia moderna y el clóset de la isla; algo que un nerd de la moda como yo conoce de sobra.
En 1960, la minifalda fue el enemigo público número uno de la sociedad real; las go-go dancers y la ola de liberación sexual definitivamente no eran del agrado del Partido Conservador y Unionista.
Para cuando Thatcher llegó al poder, el caldo de cultivo ya incluía el escándalo de los Sex Pistols con God Save the Queen (1977). Lanzado irónicamente durante el Jubileo de Plata de la reina Isabel II, el tema dinamitó al Reino Unido al tachar a la monarquía de régimen fascista y sentenciar que "no había futuro".
De la mano de esa furia venía SEX, la mítica tienda de Vivienne Westwood —la madre del punk— que uniformó a una juventud harta mediante prendas de segunda mano, toques de sadomasoquismo y una estética tan visiblemente incómoda que hasta el mismísimo Alex DeLarge de la cinta A Clockwork Orange (1971) habría modelado con gusto.
Con una economía en ruinas y sindicatos que, desde la óptica de la Iron Lady, "le restaban poder a la democracia" —la misma BBC la cita señalándolos como “el enemigo interno” tras la Guerra de las Malvinas—, el escenario estaba listo. La juventud entendió que ya no bastaba con gritarle el resentimiento en la cara a Londres; había que hacer algo más inteligente. Recurrieron a la caridad, a lo usado, a lo desechado por la alta sociedad y al pop bailable como un caballo de Troya que permeó en la ciudad real.
Las privatizaciones de la industria y su guerra encarnizada contra el sindicato minero no detuvieron ni un segundo a Jarvis Cocker, quien formó Pulp en 1978, un año antes de que Margaret entrara al número 10 de Downing Street como primera ministra. Si bien los primeros años de la banda fueron duros y hambrientos, publicando su debut en 1983 —el mítico pero fundacional It—, no fue hasta la década de los 90, ya con Thatcher fuera del poder, que la banda conoció el éxito masivo. Lo lograron firmando las letras que mejor relataban las vivencias de la clase obrera británica, siendo Common People el estandarte generacional que chocó de frente con el legado de la Dama de Hierro.
La letra retrata a una persona cansada del privilegio, inspirada en una compañera de origen griego que Jarvis conoció en sus días como estudiante en el Central Saint Martins College of Art and Design de Londres.
Durante el desarrollo de este "nuevo manifiesto de las clases", la banda escupe una sátira brillante sobre la élite de Reino Unido; esa misma burguesía que volteaba a ver a otros sectores con morbo mientras el Thatchérismo polarizaba a la sociedad. Porque mientras unos le aplaudían a Margaret la recuperación económica y su postura firme en la Guerra Fría, otros la querían ver arder en el fuego eterno por haberlos sentenciado a la pobreza absoluta.
El evangelio según Jarvis Cocker: Cuando la pista de baile se vuelve trinchera
Llegar al Palacio de los Deportes no fue tarea sencilla; en tiempos digamos... delicados, en esta ciudad todo se deja a última hora.
No fue sino hasta antier, martes 2 de junio, que encontré la playera exacta que quería usar en una de las “misas” más esperadas de este 2026. ¿Lo malo? Estaba en la calle Donceles. Y para quien no lo sepa o no lo haya padecido, el Centro Histórico es parcialmente imposible de navegar cuando la CNTE decide instalar sus bloqueos.
Si bien hasta ahí todo iba regular, uno necesitaba uniformarse para la ocasión. Ante la escasez de baños públicos —que terminan siendo usados como vestidores improvisados—, en mi cabeza no pareció tan mala idea pedirle un favor a alguien que en ese momento estaba en el plantón de la capital.
Caminé un poco y, al llegar a Allende, hablé con un maestro que accedió a prestarme su casa de campaña para cambiarme. No solo eso: me ofreció un vaso de Coca-Cola y dos tacos de carne asada. Él no lo sabe, pero en ese instante alivianó por completo a esta diva incomprendida de horarios extraños para comer y uniforme de concierto obligatorio.
Ganada la batalla del vestuario, la del transporte era el siguiente nivel: líneas de Metro en hora pico; lentas, saturadas de gente, mochilas, bolsas y ese olor raro e inconfundible entre los pasillos.
A esto se le sumaron las remodelaciones de una Línea 2. Pero el objetivo se logró. Previo a que arrancara el primer riff, vino la inspección fundamental de mi bolsa para pisar el recinto:
“Buenas noches; cigarros y encendedores NO PASAN. No olvide tener boleto en mano y disfrute su concierto”, fue lo último que escuché antes de entrar de lleno al ‘bailazo’ de la Common People.
Ya adentro, sacrificando apenas la canción de apertura, la banda ya tenía el lugar encendido con la energía sísmica de Disco 2000.
“Gracias, hola, somos Pulp. Ustedes son México, buenas noches. ¿Están listos?”, soltó Jarvis Cocker con ese garbo tan suyo antes de presentar Spike Island, un saludo al que todos correspondieron con un rugido ensordecedor dentro del Palacio.
De ahí, ligaron los primeros acordes de Razzmatazz con la cadencia de Slow Jam, provocando que la gente diera brincos desde lo más alto del Domo de Cobre. En la pista ya volaban los primeros vasos de cerveza y en las gradas la gente grababa mientras especulaba sobre el setlist.
El escenario, una extensión del cuerpo de Pulp
F.E.E.L.I.N.G.C.A.L.L.E.D.L.O.V.E. nos dejó claro que Jarvis tiene una movilidad increíble, que sigue siendo un showman británico y que, de su estirpe, quedan muy pocos. Pink Glove recordó los primeros pininos noventeros de la agrupación, pero Underwear agarró a uno que otro del concierto con un recuerdo atravesado —mismo que tiene nombre y seguro no ha registrado su línea telefónica—.
Farmers Market, fue esa canción calmada y cool para prepararnos al paso de This Is Hardcore, una de las canciones más esperadas de la agrupación con visuales similares a los de su video más cinéfilo y editorial. Sunrise sirvió para cerrar el primer acto de la banda para entrar a un leve descanso de 15 minutos y seguir con una votación con gritómetro, una votación donde nadie cedió su derecho a voto para abrir el segundo acto con el tema de mi boda Something Changed, canción que narra el encuentro de dos personas enamoradas y que aborda el qué pasaría si no se hubieran conocido.
The Fear, Bad Cover Version y Begging for Change elevaron las ganas y la fiesta del público que ya coreaba los temas de los originarios de Sheffield. O.U. (Gone, Gone) y Acrylic Afternoons fueron un gran repaso por la discografía de la banda, misma que con ya varios temas soltaron el inconfundible Do You Remember the First Time?, tema que hizo brincar hasta al que estaba en el baño en ese momento.
Mis-Shapes fue coreado en masa, Got to Have Love fue parte de esas canciones esperadas por muchos; pero la increíble Babies logró devolverle esa pizca de felicidad a personas que seguro se trasladaron desde diferentes puntos para uno de los conciertos más largos de Pulp.
Sing along with the common people (...) Laugh along with the common people
Definitivamente, Common People fue una de las canciones clásicas que debían llegar. La pieza clave en la discografía de la banda fue escrita hace ya casi 30 años, pero se sigue sintiendo igual de fresca. Puede que, en Londres existiera alguien que creía que las condiciones precarias son cool, pero ese sentir, el querer darle un “golpe de realidad” a alguien es propio de todo el mundo; situación que se sigue sintiendo fresca aún en México.
La canción que se la adjudicó Elspeth Catton —interpretada por Rosamund Pike en la cinta Saltburn (2023)— fue todo lo que muchos de los invitados le quieren decir a la clase política no solo de este país, sino de cualquier lugar donde se romantice lo precario, pero que sonó increíble en el Domo de Cobre.
A Sunset parecía el cierre perfecto. Jarvis agradeció que siguiéramos ahí y mencionó que esta vez tuvo más tiempo para tocar que hace tres años en el Corona Capital. La canción dejó esa sensación de de despedida amable, de abrazo largo antes de salir a buscar el Uber entre la multitud. Pero Pulp todavía tenía algo más guardado. Cuando muchos pensaban que la noche ya había terminado, la banda decidió romper su propio récord de canciones en un concierto con Help the Aged como tema número 23 que empató el récord.
Y si eso ya parecía suficiente, todavía faltaba el último golpe. Para cerrar y romper el récord de verdad, llegó Like a Friend. Apenas comenzó, el público soltó un grito eufórico. Fue un cierre con broche de oro para este regreso de Pulp a México: largo, generoso, teatral, sudado, elegante y profundamente humano.
P.D. Con este concierto cierro una meta personal que me propuse hace años: ver en vivo a las bandas más cool del Britpop. El objetivo se habría cumplido en 2023, pero mi expareja me robó el boleto del Corona Capital de ese año. Al final, el destino acomodó las cosas: pude ver a Blur en aquel mítico Plaza Condesa el 15 de marzo de 2013, a Suede en el mismo recinto el 19 de noviembre de 2016, y a Oasis en su histórico regreso al Estadio GNP el 12 de septiembre de 2025. El cierre perfecto de este propósito tenía que ser con Pulp este martes 2 de junio... Nada de padres ricos, nada de privilegios; me puse una meta y la cumplí.