Espectáculos

Neal Preston: el fotógrafo que convirtió el rock en leyenda

Acompañó durante décadas a algunas de las figuras más importantes como Led Zeppelin y Queen, y aquellos momentos sobre el escenario, en camerinos y durante las giras los transformó en imágenes que hoy son parte de la memoria.

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Jimmy Page está a unos metros. La Gibson cuelga casi hasta la cintura, el escenario está cubierto por una bruma espesa y Led Zeppelin toca a un volumen que seguramente puede sentirse varias calles a la distancia. No hay teléfonos celulares levantados entre el público. No existen las redes sociales. Nadie está pensando en subir una historia ni en revisar inmediatamente cómo salió la fotografía.

Neal Preston levanta la cámara y simplemente. Dispara. Y una fracción de segundo queda atrapada para siempre. Décadas después seguimos mirando esas fotografías y entendiendo lo verdaderamente fascinante de su trabajo. Preston no sólo retrató a algunas de las figuras más importantes de la música popular; tuvo el privilegio de caminar a su lado por los pasillos interiores de una época que todavía no sabía que terminaría convertida en leyenda.


Nacido en Nueva York en 1952, comenzó a fotografiar conciertos cuando todavía estaba en la preparatoria. Mientras miles de jóvenes buscaban la manera de acercarse a sus músicos favoritos desde una butaca, él encontró otro camino: mirar el rock detrás de una cámara. Eran otros tiempos. No existía la maquinaria actual alrededor de la fotografía de conciertos ni miles de imágenes circulando por el mundo segundos después de que terminara una canción. Había película, un número limitado de disparos y muchas veces una sola oportunidad.

Había que saber mirar pacientemente a través del lente. Preston comenzó a fotografiar a Led Zeppelin siendo muy joven y terminó acompañando oficialmente al grupo durante sus enormes giras estadunidenses de 1975 y 1977. Decir que era fotógrafo de gira explica muy poco. En realidad significaba viajar dentro del monstruo: aviones privados, hoteles, camerinos, pruebas de sonido, horas de espera y finalmente ese momento en que cuatro músicos aparecían frente a decenas de miles de personas y aquello dejaba de sentirse como un concierto para convertirse casi en una fuerza de la naturaleza.

Jimmy Page resume perfectamente esa capacidad de Preston para encontrar el instante. El cuerpo arqueado sobre la guitarra, el cabello cayendo sobre el rostro, la luz atravesando el humo y esa Gibson convertida prácticamente en parte de su anatomía.

Hoy reconocemos inmediatamente esa imagen de Page. Pero alguien tuvo que verla primero. Ésa era la gran diferencia. Preston no acomodaba la historia para fotografiarla. La perseguía mientras estaba ocurriendo. Y probablemente, mientras disparaba muchas de aquellas fotografías, ni siquiera pensaba que estaba documentando algo que décadas después llamaríamos “la época dorada del rock”. Para él era trabajo. Había otro concierto mañana, otro aeropuerto, otra ciudad y otra oportunidad.

Fuimos nosotros quienes con el paso de los años convertimos aquellas imágenes en ventanas hacia un mundo que ya no existe. Con Queen sucedió algo todavía más interesante. Preston consiguió algo mucho más importante que una acreditación para entrar con una cámara: consiguió confianza. Por eso sus fotografías de Freddie Mercury tienen una cercanía especial. Está el Freddie gigantesco, teatral, provocador y dueño absoluto del escenario, pero también aparece el hombre entre conciertos, viajes, camerinos y silencios. Y entonces llegó Wembley. El 13 de julio de 1985. Live Aid. Freddie aparece vestido de blanco, con aquel brazalete metálico y el micrófono convertido en una extensión de su cuerpo. Frente a él, un estadio que parece no terminar nunca. Preston dispara.

Algunas de aquellas imágenes consiguieron explicar sin necesidad de sonido lo que ocurría cuando Freddie Mercury subía a un escenario. Hay músicos que caben perfectamente dentro de una fotografía.

Freddie parecía querer salirse de ella.

Con Bruce Springsteen encontramos otra parte extraordinaria del oficio de Preston, porque rompe con esa idea romántica de que las grandes fotografías aparecen únicamente gracias a la suerte. Preston estudiaba. Observaba los movimientos de Bruce durante los conciertos, conocía sus recorridos, preparaba cámaras, calculaba posiciones y esperaba el momento.

Porque el secreto no consistía en disparar cientos de veces esperando descubrir algo después. El secreto era saber qué estabas esperando. Y esta es la gran diferencia entre tomar una fotografía y ser fotógrafo.

Su archivo terminó atravesando buena parte de nuestra educación sensorial musical: The Who, Fleetwood Mac, The Rolling Stones, Bob Marley, David Bowie, Michael Jackson, Madonna, Whitney Houston y muchos más.

Muchos años después abrimos uno de sus libros y sucede algo maravilloso: Led Zeppelin vuelve a estar sobre el escenario, Freddie vuelve a gobernar Wembley; Springsteen continúa corriendo frente a una multitud y durante unos segundos nosotros también podemos estar ahí.



nrm

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Carlos Garza
  • Carlos Garza
  • Productor, creador de contenidos y locutor con 35 años al aire. Desde 1990 ha dado voz a innumerables entrevistas con artistas internacionales y ha impulsado proyectos de radio en México y Estados Unidos. Su trayectoria combina experiencia, técnica y una inquebrantable pasión por la comunicación.
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