"Los problemas solo son problemas si tienen solución" es una máxima que, además de definir la filosofía de vida del rapero español Daniel Gómez Carrero, mejor conocido internacionalmente como Kaydy Cain, tiene un enorme valor personal: se la transmitió su padre.
"Antes solo la escuchaba, pero ahora la llevo a cabo", comenta el músico en entrevista con MILENIO.
A sus 36 años, tras superar turbulencias propias de la juventud, Kaydy se siente “en el mejor momento” de su vida, tanto en lo personal como en lo artístico, porque aprendió que "aunque no todo lo que pasa en la vida es bueno, hay que aprender a vivir con ello y abrazar los propios demonios".
De la rabia a la claridad: la etapa actual de Kaydy Cain
Atrás quedaron los tiempos explosivos y rabiosos con Corredores de Bloque y Pxxr Gvng. Hoy, Kaydy Cain tiene una esencia musical consolidada a nivel global, respaldada por un equipo de trabajo de toda su confianza.
Se asume más maduro y sereno en varios aspectos, aunque reconoce que lo suyo es un “aprendizaje continuo” en pos de “seguir avanzando”. ¿Hacia dónde? Hacia donde la música lo lleve, porque crear con libertad y conectar con la gente, dice, “es lo que nos hace ricos a los artistas, no el dinero”.
“Cuando eres joven y no te sale algo, explotas. De mayor ves que, mientras no te mueras, todo va bien… He tenido un par de años 'chungos', sobre todo por la muerte de mi papá. Pero también han pasado cosas muy buenas, como el nacimiento de mi hija. He sabido perdonar y vivir con la culpa, por eso ahora mismo estoy feliz”, reflexiona el cantante, quien el pasado 21 de marzo visitó México para deleitar a los 3 mil 500 fans que caben en el Pabellón Oeste.
Señala a la ambición como “necesaria” para un artista, pero advierte: “No debería ser lo primero”, ya que muchas veces genera expectativas que, al no cumplirse, derivan en frustración y bloqueos. “Cada viaje es distinto; si entiendes eso, puedes llegar a los objetivos”.
Hablando de objetivos, el español —que roza los 2 millones de oyentes mensuales en Spotify— asegura que busca mejorar constantemente su show: “Los visuales, la puesta en escena… Cada año intento dar un paso más, porque la gente está ahí, agradeciendo y compartiendo su tiempo conmigo”.
También seguir lanzando música de calidad y colaborar con otros talentos. Prueba de ello es su reciente sencillo de reguetón, IA, junto al mexicano Doony Graff, con producción de JAKOBB.
“Para colaborar con alguien, primero tengo que admirar lo que hace. Y, segundo, tiene que ser por amor; empecé por amor, no por dinero, y quiero que siga así”.
Sobre el dinero, reconoce que en algún momento tuvo una de esas ofertas por las que uno vende su alma al diablo. Pero, "gracias a Dios", se mantuvo fiel a su camino porque "siempre he hecho lo que me ha gustado y eso me ha dado de comer. Me ha ido bien haciendo lo que siento y no lo voy a cambiar”.
Cuando titubea, se apoya en su equipo, que lo aterriza y aconseja. “Estoy de lleno en la música; todos los días entro al estudio y es lo que me encanta. Luego, ellos me ayudan a decidir qué canción va antes o después, si espero un poco o hago un feat… Varias mentes son mejor que una”.
Insiste en reconocer a su crew, pues el crecimiento ha sido mutuo. Además, aprender a delegar le permitió entender que no necesita ser bueno en todo: “No tengo tanto talento en ciertas cosas, pero sé quién lo tiene. Así he formado un equipo que me hace crecer y ser mejor persona”.
La honestidad (y su papá) como brújula
Con el tiempo, Kaydy también ha aprendido a aceptar su vulnerabilidad: “Cuando eres más joven no quieres que nadie entre en tu zona. Pero vas creciendo y te das cuenta de que eso te hace humano: equivocarse es de sabios, llorar es de hombres”.
En ese mismo afán por mantenerse sincero, evita dejarse llevar por métricas o expectativas alimentadas por las plataformas digitales. “Hace poco vino un colega a decirme: ‘Mira el tema de IA, las visitas que tiene’, y ni sé dónde lo vio”.
“Intento no mirar eso para no cambiar las cosas”, explica, y da otro ejemplo de esta forma de desarrollarse: “Muchas veces pido las bases sin saber quién es el productor, porque si lo sé, me va a influir. Y no quiero pensar en esas cosas”.
Por ello, su música se cimenta en la emoción más que en la técnica: “Soy muy romántico, me inspiro en el amor”.
“En el estudio no escribo como tal, hago mucho freestyle. Depende de lo que me transmita la música —tristeza, alegría o rabia— empiezo a crear. Y a veces apunto cosas en el móvil: lo que veo desde el autobús o en un video de IA que no sé si es real”.
Y aunque no es fan de las etiquetas, entiende cuando lo tachan de referente o leyenda. “Me siento viejo, pero se agradece un montón —comenta entre risas—. Saber que has influenciado o ayudado a otros sin quererlo es lo más bacán que puede pasar artísticamente”.
Esa conciencia también se traduce en la responsabilidad de dar un mensaje positivo: “No soy educador ni el padre de nadie, pero siento que debo tener más cuidado con lo que digo o hago, para no condicionar a mentes jóvenes”.
En rapero español avanza por un camino donde su padre sigue siendo su brújula: “No he conocido a nadie con su forma de amar la vida, de no meterse con nadie, de ser feliz con lo que tiene”. A esa lista se suman Tego Calderón, Héctor Lavoe, Ismael Rivera, José Mujica y “cualquier persona humilde que sepa apreciar la vida”.
Kaydy Cain cierra la charla con MILENIO señalando que el futuro musical es incierto y seguirá transformándose: “Viene lo asiático”. Pero no duda del presente ni del lugar que ocupa su cultura: “A lo hispano le quedan muchos años, porque ha estado mucho tiempo reprimido. ¡Es momento de alzar la voz!”.
hc