Para el power trío suizo Dirty Sound Magnet, el vínculo con el público mexicano tiene que ver con una afinidad profunda: la pasión por la música.
“Las personas mexicanas son muy apasionadas. Cuando aman algo, realmente lo aman. Y creo que eso es algo que nos define también: antes de ser talentosos o exitosos, lo que realmente nos define a los tres es la pasión”, comparten en entrevista con MILENIO.
Durante su cuarta gira por el país, la banda —integrada por Stavros Dzodzos, Marco Mottolini y Maxime Cosandey— presentó Me and My Shadow, su álbum más reciente, en ciudades como Monterrey, Querétaro y la capital, lo que sirvió para reforzar una relación que nació desde sus primeras visitas.
“Cuando vinimos a México por primera vez, conocimos personas que también eran fans, que tenían una devoción por las cosas que amaban. Fue la mayor prueba de que no hay fronteras: ningún océano puede separar a las personas cuando tienen algo en común. La música es el lenguaje universal”.
Los algoritmos y el desafío de mantenerse fieles
Durante la pandemia, Dirty Sound Magnet produjo sesiones en vivo y videos que permitieron que su música llegara a otras latitudes, como México, donde al observar que las reproducciones aumentaban comenzaron a considerar una visita.
Pero aunque las plataformas permiten este alcance, aún representan un enorme desafío para los proyectos independientes: aprender a utilizarlas sin dejar que dicten decisiones artísticas.
“Es difícil entender cómo sobrevivir digitalmente y, en medio de todo el ruido, alcanzar a las personas que realmente disfrutan tu música. Los artistas tienen que aprender a utilizar estas herramientas y seguir siendo honestos consigo mismos, sin venderse para empezar a hacer bailes extraños y gustarle al algoritmo. Entonces, ¿dónde queda tu arte?”.
“Tu música puede llegar de repente a cualquier persona en el mundo. Eso fue exactamente lo que nos pasó con México. Durante la pandemia hicimos muchas producciones y videos, y vimos que cada vez más gente aquí escuchaba nuestra música. Después de un tiempo pensamos: tenemos que ir allá y encontrar a esas personas”, agregan.
La sombra de cada persona
Me and My Shadow, el título de su nuevo disco, plantea la convivencia de fuerzas opuestas, pues la sombra no representa únicamente oscuridad, dice la banda, sino una parte que coexiste con lo que mostramos al mundo.
“Siempre hay dos lados en todo. Tal vez no estés completamente bien ni completamente equivocado. El mundo es una especie de danza entre energías opuestas: la luz y la oscuridad, el bien y el mal. Todas esas fuerzas también están presentes dentro de nosotros mismos”.
La canción que da nombre al álbum ahonda en esa dualidad a través de la relación entre consciente e inconsciente: “Hay una parte de mí con la que interactúo con la gente y llevo una vida normal fuera de la música".
"Pero también existe un lado inconsciente que, a veces, siento como si no me perteneciera, aunque en realidad es completamente mío. Es esa parte la que me inspira a escribir canciones y letras. A veces no sé de dónde vienen”, comenta Stavros Dzodzos.
Una búsqueda que no termina
Después de años de giras y composiciones, la banda mantiene una aspiración contradictoria: “Buscamos algo que nunca vamos a alcanzar. Buscamos un ideal musical, una especie de perfección. Pero nuestra música es imperfecta por naturaleza, porque somos humanos y eso se refleja en lo que hacemos”.
Tal insatisfacción, lejos de detenerlos, funciona como motor: “El día que creamos que nuestra música es perfecta, ya no tendremos ninguna razón para continuar. Nuestra misión es encontrar esa música que todavía no hemos encontrado e intentar ser mejores en lo que hacemos”.
Su cruzada por ese objetivo se traduce en conciertos abiertos a la improvisación, con cambios canciones y repertorios.
“Cada noche es diferente porque nos permitimos improvisar y crear nuevas partes en las canciones. Es como una comunión, la música nos reúne a todos”.
hc