Muchos cambios sociales se han dado desde que hace una década Sebastián Sánchez Amunátegui montó Orlando y Mikael: los arrepentidos, una obra que el director califica como documental en vivo y que repone ahora en un contexto en el que aun el lenguaje sobre la identidad de género se transformó.
En entrevista, Sánchez Amunátegui (Santiago de Chile, 1973) sostiene que la pieza sobre dos personas que refieren haberse arrepentido de cambiar de sexo el siglo pasado está lejos de manejar un discurso conservador y, en cambio, está enfocada a la libertad absoluta de la búsqueda de la identidad de género.
“Hace diez años la obra introdujo un tema muy novedoso que impresionó mucho al público, un tema del que no se hablaba mucho; no se hablaba entonces de lo no binario. Los arrepentidos refleja el sentir de los hombres del siglo XX, donde sólo había género masculino y femenino, y hoy hay un abanico de posibilidades”, explica el director escénico, quien dice haber siempre consultado a la comunidad trans.
Orlando y Mikael: Los arrepentidos se presenta los viernes en La Teatrería con un elenco de actrices trans que se alternan en parejas las funciones del 15 de junio al 15 de septiembre. El montaje incluye fotos de los protagonistas reales y se trata más bien “de una conversación en un documental en vivo”.
“Es una obra muy humana. Uno puede ver el contraste, cada ser humano es un universo completamente distinto, por tanto, las decisiones por las que Orlando y Mikael decidieron detransicionar (volver a cambiar de sexo) son diferentes, entonces eso le da una riqueza y variedad a esta búsqueda del ser humano por identificarse con un género”, explica sobre la obra y la producción de Óscar Carnicero.
Como un documental
El director chileno, residente en México desde hace 30 años, recuerda que la puesta en escena recrea el documental que hizo Marcus Lindeen, quien trabajaba en la radio nacional sueca con un programa en el que en cada emisión lanzaba una pregunta a su audiencia, entre ellas: “¿De qué se han arrepentido?”.
Para su sorpresa, dos personas llamaron por separado para revelar que se habían arrepentido de cambiar de sexo, de hombres a mujeres, en los años 70 y 80 del siglo pasado. Lindeen las reunió y grabó el documental del que surgió el montaje, que Sánchez Amunátegui trajo a México, para una temporada en octubre de 2013 en el teatro Helénico, con Margarita Sanz y Alejandro Calva en los dos protagónicos.
Para el nuevo elenco, el director convocó a un casting la comunidad transgénero para los papeles de Orlando y Mikael, con el requisito de que los aspirantes vieran el documental completo de Lindeen. A las pruebas se presentaron sólo actrices trans, quienes habían cambiado de sexo de hombres a mujeres.
Para alternarse el papel de Orlando, fueron Terry Holiday y Dana Karvelas, y para Mikael, Libertad Palomo y Roshell Terranova, protagonista del documental Casa Roshell de 2017, en el que la directora chilena Camila José Donoso muestra el club trans homónimo de Ciudad de México.
¿Cómo se reflejan en la obra los cambios en las leyes en torno al tema transgénero?
Eso es algo muy interesante porque como es un documento en el fondo del siglo XX, porque los dos personajes hicieron su transición y su detransición en el siglo XX, una de las discusiones que tienen en la obra es justamente eso: que el Estado no te va a pagar dos cambios de sexo. En Suecia, que en ese sentido es un Estado benefactor –uno de los personajes hizo su operación en los años 60 y el otro en los 80, y la detransición la hicieron a finales del siglo XX–, la gran pelea que tuvieron fue que el Estado les pagara una segunda transición. Y, en eso, ya ha habido muchos cambios, ahora es mucho más fácil tener una primera transición, pero también es mucho más fácil hacer una detransición.
¿Cuáles son los argumentos de Orlando y Mikael de “arrepentirse”?
Es una obra muy humana. Ellos explican –ahorita ya lo entenderíamos como lo no binario– que en el fondo lo que pasaba es que ellos no querían ser hombres, era una carga muy fuerte en el mundo completamente masculinizado del siglo XX, en que el hombre tenía que cubrir una presencia social muy fuerte, como del proveedor, etcétera. Ambos lo que piden es no vivir como hombres porque no tenían la fortaleza para ser hombres (en ese contexto) y la única opción que ellos veían era ser mujeres.
¿Cómo evitar caer en un discurso conservador en 'Los arrepentidos', en especial para los transgénero?
No, es todo lo contrario. El secreto fue, tanto hace diez años como ahora, que siempre estuvimos acompañados por la colectividad trans. La primera vez, antes de yo estrenarla, tuvimos varias funciones con las activistas importantes de ese momento. Superficialmente uno diría que es una obra conservadora que está promoviendo el arrepentimiento, pero justamente lo que se descubre leyendo y viendo la obra es una cuestión muy humana: que es importante y válido arrepentirse las veces que sea necesario hasta encuentres tu identidad de género. Es completamente distinto el discurso.
“Hace 10 años, como ahora, hice un casting abierto y una de las condiciones es que todo mundo leyera y viera el documental completo. Yo no les di un extracto de la obra, para mí era muy importante que todas las actrices leyeran el texto y lo entendieran en su nivel de humanidad. No tiene que ver con que es correcto o no es correcto, sino con lo difícil, y el universo individual que es, buscar tu identidad de género. A nosotros ahora se nos hace fácil. Por eso es importante que el documento sea del siglo XX porque fue un siglo muy binario. De todo lo que ellos hablan es de lo que se habla ahora, pero sin ponerle los términos de ahora. No existía la palabra ‘binario’ ni la expresión ‘identidad de género’, pero están hablando de esos temas y de esta búsqueda, aunque ellos hablan con términos como de hace 20 años. El discurso es todo menos conservador. El discurso de Los arrepentidos es la libertad que uno tiene de buscar su identidad hasta sus últimas consecuencias, las veces que sea necesario”.