Espectáculos

Jim Morrison: el poeta que sabía bailar

En el cincuentenario de la fundación del rebelde grupo californiano, ofrecemos un perfil de su cantante y líder, recordamos su visita a México en 1969, cuando su figura obesa, barbada y sucia impactó al público.

Aquella noche de 1966, Phil Manzini, copropietario del Whiskey a Go Go, les advirtió: "Si Morrison tampoco canta en su segunda presentación, todos, los cuatro, están despedidos". Ray Manzarek, Robby Krieger y John Densmore corrieron hacia donde se alojaba Jim (el Tropicana Hotel de Los Ángeles, California); lo encontraron atrincherado debajo de la cama del cuarto 203, en calzoncillos, con las botas puestas y el cerebro rebosante de dietilamida de ácido lisérgico (LSD).

Lo reanimaron y lograron al fin ponerlo de pie en el escenario. Después de unas estrofas de "The end", Morrison se empezó a convulsionar. Se desplomó. La audiencia se paralizó. Jim empezó a moverse de nuevo. Se incorporó y de espaldas al público, cerrando los ojos como era su costumbre, empezó a recitar algo que más o menos decía: "El asesino se levantó en la madrugada. Se puso las botas y caminó por el pasillo. Entró al cuarto de la hermana y después visitó al hermano". La voz de Morrison era tan poderosa y su expresión corporal tan efectiva que todos, absolutamente todos los que se encontraban en el Whiskey, se concentraron en su narración. "El asesino retomó el pasillo, abrió una puerta y dijo Padre; ¿Sí, hijo?; Quiero matarte; Madre... quiero cogerte". Morrison arrojó un grito visceral acompañado por los tres estruendosos instrumentos. La gente gritaba eufórica; algunos lloraban. El Whiskey a Go Go iba a explotar de aplausos.

"¡Pinches hippies enfermos!", les gritó quien hacía un par de horas los había amenazado con despedirlos si Jim no se presentaba. "¡Y tú —volteó a ver a Morrison—, tú no puedes decirle eso a tu padre!". "Nosotros no somos hippies —le respondió Jim—. Somos artistas".

Unos años más tarde, Ray Manzarek explicaba: "Por supuesto que Jim no querría hacerle eso a sus padres. Lo que él estaba haciendo era trasladar el mito griego de Edipo a la escena del rock and roll. Era puro teatro".

Afortunadamente (Jim siempre tuvo la suerte de su lado), entre la audiencia del Whiskey a Go Go se encontraba el presidente de Elektra Records... En una entrevista realizada por Jerry Hopkins (quien más tarde se convertiría en el biógrafo más objetivo de Los Doors), Morrison comentó: "El presidente de Elektra nos había escuchado durante dos días seguidos en el Whiskey pero creo que no lo habíamos convencido. Fue hasta la tercera noche, el día que Manzini nos despidió, cuando confirmó que podríamos ser un éxito. Nos llevó a Nueva York y firmamos el contrato en el que nos comprometíamos a sacar siete álbumes en cinco años".

EDIPOS POR EXCELENCIA

Cuando en 1969 se publicó la mencionada entrevista (Rolling Stone, no. 38) en la que Jim también hablaba de la "agenda mexicana", Los Doors ya estaban listos para tocar en El Forum del Distrito Federal, un centro nocturno propiedad de Javier, uno de los hermanos del grupo de Los Castro.

Contratados por Mario Olmos, también estaba planeado que Los Doors tocaran en la Plaza de Toros México y en La Alameda Central, pero a un año de los incidentes de Tlatelolco, Alfonso Corona del Rosal, regente de la Ciudad, lo impidió.

Insólito hecho nacional: cuando los vehementes asistentes al Forum les pidieron a los Doors que tocaran "The end", Morrison accedió aunque tomó algunas precauciones ya que se les había informado que "México era el país edípico por excelencia". Cuando llegó al momento crucial de la canción, Jim pronunció "Father" en tono interrogativo y cientos de jóvenes mexicanos gritaron al unísono "I want to kill you!". Y ya con toda la confianza de un viejo zorro de los tinglados, Morrison concluyó: "Mother...".

Morrison vino a la Ciudad de México cuando tenía 25 años, lucía una abundante barba y ya no era el joven esbelto que conocimos a través de las fotos de Joel Brodsky donde aparece en pose de crucificado, con el torso desnudo, un collar de cuentas y el pantalón de cuero que a partir de él se convirtió en el uniforme de muchos cantantes de rock. En 1969, a Jim ya le empezaba a molestar la imagen de sex symbol que le habían fabricado. Ahora iba a cualquier peluquería (abrimos un paréntesis para comentar que dos años atrás, Elektra Records había contratado a Jay Sebring, un famoso peluquero de estrellas para que les encontrara a Los Doors el peinado adecuado; también hay que señalar que Los Doors nunca más volvieron a ver a Jay porque un mes después de haber estado en el Distrito Federal, Jay sería masacrado junto con Sharon Tate y otras celebridades por la inmisericorde Familia Manson en la mansión californiana de Roman Polansky).

Jim, decíamos, se estaba forjando una imagen más acorde a los que consideraba sus tutores: Frederick Nietzsche (el filósofo que decía que solo creería en un dios que supiera bailar), Antonin Artaud (creador del teatro de la crueldad), Allen Ginsberg (a los 14 años, Jim ya había leído Aullido) y Arthur Rimbaud (a quien homenajeó en la canción "Wild child": "wild child, full of grace").

Inspirándose en éstos, sus maestros, Morrison construyó su siempre renovado ritual histriónico-musical. Transcribimos lo que el italiano Andrea Bergamini anotó atinadamente sobre "el intelectual que devino estrella de rock": "El concierto es un rito mágico en el que la música nace del contacto directo entre el artista y el público; algo que no se puede conseguir en el estudio. Este ideal encontró su más perfecto exponente en Jim Morrison de Los Doors".

AMULETO INSPIRADOR

Para entonces, Krieger y Densmore ya reconocían en Morrison a un iluminado; pero con algo de humana y juvenil envidia también lo veían como un lunático infatuado por el éxito; estaban cansados de su narcisismo a pesar de que Jim exigía que todos los miembros del grupo fueran tratados con la misma atención. Una ocasión, el cantante se negó a salir al escenario hasta que los anunciaras simplemente como "Los Doors", sin anteponer (como lo habían hecho) el "Morrison" al nombre del grupo.

Cuánta razón tienen los críticos al calificar de "cínicas sanguijuelas" a los dos Doors que hoy viven criticando a Morrison. "Malagradecidos"... Y es que sucede que las regalías que a John Densmore y Robby Krieger les permiten vivir cómodamente se las deben a Jim. Gracias a Morrison el álbum The Doors fue uno de los dos más vendidos aquel 1967 (el otro fue el Sargent Pepper's... de Los Beatles) y otros ocho de sus álbumes fueron Disco de Oro. Cierto: aunque firmada por Los Doors, "Light my fire" es composición de Krieger, al igual que "Touch me"; sin embargo, ocurría que además de que Morrison era quien era por méritos propios, el cantante les servía de inspirador amuleto a los restantes tres Doors.

En cambio, Ray Manzarek, su ex compañero de la UCLA y quien un día de verano de 1965, en Venice, California, descubrió al genio de la palabra, la melodía y el ritmo, siempre le rindió pleitesía a pesar de los dolores de cabeza que le habían causado los retardos e informalidades del Chamán electrizante; lo admiraba, además, porque inspirándose en el libro Las puertas de la percepción de Aldous Huxley, Jim le adelantó el nombre del grupo: "Nos llamaremos Los Doors porque seremos una puerta entre lo conocido y lo desconocido".

Lo admiraba a pesar de que Morrison había sido el primer cantante de rock arrestado en pleno escenario cuando en la New Heaven Arena un policía lo había reprendido por estar manoseando a una muchacha en los sanitarios; realmente no fue por eso, lo arrestaron porque minutos después y ya en el escenario, Morrison había puesto en ridículo al oficial ante toda la audiencia. Jim fue llevado a la comisaría y por falta de evidencias se levantaron los cargos. (Abrimos un paréntesis para agregar que Morrison sería arrestado 10 veces más y que el FBI lo perseguiría por considerarlo enemigo público).

Más trascendente fue el incidente del auditorio Dinner Key de Miami (1969), en donde totalmente alcoholizado, este Flautista de Hamelín hizo que miles de jóvenes obedecieran la orden de "Let's see a little skin. Let's dance. Do it! Do it! Let's get fun. Let's get naked", al tiempo que el mismo Jim se bajaba el pantalón.

VOZ DE UNA GENERACIÓN

Ray Manzarek tenía razón cuando decía que Morrison representaba a la contracultura de los hippies, aunque —agregamos nosotros— Jim no comulgaba con la meditación y el anticonsumismo que ellos practicaban. "Yo canto porque quiero un millón de dólares", decía Jim.

Morrison creía más en un tipo de libertad "On the road" como la anhelaba Jack Kerouac, y en una democracia como la que proponían intelectuales de la talla de Norman Mailer a quien Los Doors apoyaron en su lucha contra la invasión estadunidense a Vietnam.

Jim era un ser politizado que refiriéndose al poder decía: "Para mí, la política no es más que la constante búsqueda del poder por parte de un determinado grupo de individuos interesados visiblemente en un poder que no es público. Pueden disfrazarlo con cualquier ideología, traducirlo a las estupideces románticas o filosóficas que quieran, pero en esencia, la política es una búsqueda privada del poder".

CORTO VIAJE HACIA AL NOCHE

Morrison quedó en libertad tras pagar una fianza por los cargos de "inmoralidad" relativos al 1 de marzo de 1969 en el Auditorio Dinner Key, pero el juicio seguiría su curso hasta que el estado de Florida perdonó al ciudadano Jim Morrison el 9 de diciembre de ¡2010!

A mediados de 1971, El Rey Lagarto había perdido más de un año en el juicio de Miami. Había ganado muchos kilos y cada día se emborrachaba más. Se le ocurrió entonces invitar a Pamela Courson, su novia desde 1966, a Europa. Y tras pasear por Granada, Tánger y Córcega se establecieron en el barrio parisino de Le Marais.

En la capital francesa, Jim tenía planeado reanudar su labor literaria (había publicado por cuenta propia los poemarios The Lords y The new creatures) pero mientras reaparecía la inspiración literaria, se volvió asiduo a los centros nocturnos; en especial al Rock and Roll Circus que le recordaba al Whiskey a Go Go: clientela elegante, excelente decorado, música en vivo y algunos proveedores de droga.

El 3 de julio de 1971, Pamela había salido sola y Jim fue al Rock and Roll Circus. Entrada la noche, alguien le informó a Sam Bernett, el dueño del Circus, que la cerradura de uno de los sanitarios estaba bloqueada. Forzaron la puerta, encontraron a Jim y terminaron llevándolo a su departamento.

A la mañana siguiente, Pamela encontró el cadáver de Jim en la tina de baño. El diagnóstico oficial del forense fue "infarto al miocardio", aunque después de 43 años del incidente, en 2012, Marianne Faithfull declaró que Jean de Breteuil, un ex amante de la cantante, le había confesado que había asesinado accidentalmente a Jim al equivocar la droga que le había vendido. Sin embargo, y a propósito del enorme vacío que le habían provocado a Jim las recientes desapariciones de Brian, Jimi y Janis, no se descarta un posible "suicidio accidental".

"La gente —había escrito Jim— le tiene más temor a la muerte que al dolor siendo que la vida duele mucho más... Cuando la muerte llega, el dolor termina".

Parafraseando su canción "End of the night", diremos que Jim tomó la autopista hacia el fondo de la noche después de haber realizado un luminoso pero muy corto viaje; Morrison estaba destinado a vivir para la noche interminable en la que le aguardaba una tumba en Pere Lachaise, donde también yacen los restos de Frédérick Chopin, Oscar Wilde, Marcel Proust, Édith Piaf, Isadora Duncan y muchos artistas más.

Sobre la tumba de Jim (el tercer sitio más visitado de ese cementerio de París según algunas guías turísticas) se vive la orgía perpetua con la que Morrison siempre soñó: sexo, drogas, baile...

El epitafio de James Douglas Morrison (1943-1971) dice: "Vivió de acuerdo a su propio espíritu".

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