“Yo me divorcié después de ver Las Aparicio”. Esta declaración va más allá de una crítica de televisión o de un comentario sobre una actuación. Fue la confesión que una mujer le hizo años después a Gabriela de la Garza.
Fue entonces cuando la actriz entendió que Alma Aparicio había dejado de ser un personaje suyo. Se había convertido en el espejo de miles de mujeres que, por primera vez, encontraban en televisión una historia contada desde su propia mirada.
“El impacto que tuvimos fue impresionante. Me siento muy orgullosa de haber sido pionera en contar una historia diferente, con otro tipo de lenguaje”, recuerda en el podcast Pioneras de MILENIO, conducido por las periodistas Claudia Solera, Janet Mérida y Cinthya Sánchez.
En la televisión mexicana hubo un antes y un después de Las Aparicio. Y, para Gabriela, también.
Así fue su recorrido de la academia a la actuación
Alma Aparicio la convirtió en uno de los rostros más reconocidos de la ficción latinoamericana. Pero, sobre todo, confirmó una convicción que ha guiado toda su carrera: las historias pueden transformar la vida de quien las mira.
Nada hacía pensar que terminaría dedicándose a la actuación, Gabriela parecía destinada a un camino académico. Estudió hasta el último semestre de Psicología. Fue pianista desde la infancia. Bailarina. Modelo internacional. Vivió entre Nueva York, Barcelona y Japón. Su mundo estaba lleno de música, disciplina y viajes.
La actuación apareció casi por accidente. Una clase de improvisación, mientras estudiaba en la Universidad Iberoamericana, cambió para siempre el rumbo de su vida.
Sin embargo, desde que era una niña, su abuelo, Manuel Tamés, Régulo, una de las figuras más queridas de la Época de Oro del cine mexicano, ya había descubierto cuál era su verdadero destino.
“Tú tienes que estudiar actuación, porque tú vas por ahí”. Se lo repetía desde que era niña.
Él murió cuando Gabriela tenía apenas ocho años, pero aquella frase terminó acompañándola hasta que decidió abandonar la psicología para ingresar a La Casa del Teatro y, después, al Centro de Formación Actoral (Cefac) de TV Azteca.
Diana Turbay, un desafío político y emocional
Dos décadas después, su trayectoria reúne mujeres que retan las certezas de su tiempo.
Interpretó a Alma Aparicio, la psicóloga que desafió los modelos tradicionales de familia en Las Aparicio. Después encarnó a Diana Turbay, la periodista colombiana asesinada durante su secuestro de cinco meses por el cártel de Pablo Escobar, en una historia basada en Noticia de un secuestro, de Gabriel García Márquez. A esos personajes se sumarían Capadocia, Narcos, Monarca, ¿Quién mató a Sara? y, más recientemente, DOC, la exitosa serie de Netflix basada en la producción italiana Doc —Nelle tue mani—.
Encarnar a Diana Turbay fue una de las responsabilidades más grandes de su carrera.
“No solamente era interpretar a una periodista muy querida en Colombia. Era representar una herida que el país todavía no terminaba de cerrar”, afirma.
Una herida que volvió a estremecer a Colombia con el asesinato, hace un año, de su hijo, el senador Miguel Uribe Turbay.
Gabriela de la Garza preparó durante semanas el acento bogotano, la forma de hablar de una periodista de élite y el contexto político de aquella época.
Porque para Gabriela la ficción nunca ha sido únicamente entretenimiento.
“Ahí está la importancia de que el arte hable de la política y de lo que está sucediendo en nuestra sociedad”.
Una inspiración para las mujeres en constante reinvención
Esa convicción también atraviesa su vida fuera de los foros. Ha acompañado causas ambientales con Greenpeace, participa en proyectos de cultura de paz y defiende abiertamente los derechos de las mujeres.
“No podría estar del otro lado”, asegura.
Quizá por eso sus amistades más cercanas también están construidas desde esa misma idea.
“La relación con mis amigas existe porque confiamos en nosotras, no competimos y, sobre todo, nos alegra el éxito de la otra”.
Durante la pandemia volvió a reinventarse. Con los teatros cerrados y los foros vacíos, desempolvó otra de sus pasiones: los patines. Lo que empezó como una forma de mantenerse en movimiento terminó convirtiéndose en Bliss on Wheels, uno de los primeros estudios de roller dance en México.
Patinar, dice, terminó enseñándole mucho más que una coreografía.
“Las ruedas te enseñan que te vas a caer… y que también tienes que aprender a levantarte. Es igual que la vida”.
No parece casual que Gabriela sea del signo libra. Habla constantemente del equilibrio. La imagen de la balanza que representa este signo incluso la lleva tatuada.
Equilibrio entre el trabajo y la maternidad. El arte y el activismo. La disciplina y el disfrute. Entre la mujer pública y la privada.
Quizá esa sea la mejor manera de entender su trayectoria.
No sólo ha interpretado mujeres que desafían las reglas. También ha vivido haciéndolo.
Y si algún día le preguntaran cómo le gustaría ser recordada, su respuesta sería sencilla:
“Como alguien que generó experiencias chidas (sic) que hicieron sentir y pensar a las personas”.
Quizá por eso aquella mujer se acercó a decirle que se había divorciado después de ver Las Aparicio. Porque las grandes actuaciones no terminan cuando aparece la palabra “fin”. Permanecen en la memoria de quien las vio. Gabriela de la Garza ha dedicado más de dos décadas a interpretar y a inspirar a mujeres que desafían las reglas.
MD