Acostumbrados a ver a Owen Wilson en comedias de medio pelo (con excepción de Medianoche en París) el cinéfilo dominical puede pensar que la película Un amigo como tú es una obra de risas bobas. Menos se antoja ver a Owen Wilson compartiendo créditos con Zach Galifianakis, aquel barbón que protagoniza la franquicia Qué pasó ayer conocida en inglés como The Hangover (La cruda). Y sin embargo, Un amigo como tú tiene el encanto del cine de bajo presupuesto en Estados Unidos.
El director y guionista Matthew Weiner consolidó su fama en la televisión gracias a las series Los Soprano y Mad Men. Ahora dirige a estos dos cómicos de pastelazo en una película que aunque no es una obra de arte vale la pena ver en esta función dominical. Tanto que estoy seguro que si Un amigo como tú hubiera sido filmada en la campiña francesa la crítica del mundo la hubiera tratado mejor.
Para comenzar, Un amigo como tú no es una película de carcajada. Es más bien una comedia ligera que toca un tema profundo: la amistad y las adicciones. Steve y Ben son la personificación de una sociedad de adultos que quieren ser niños. Como Mark Wahlberg en Ted, los amigos viven la vida fumando mariguana y recordando una adolescencia que hace mucho se les fue.
Donde Un amigo como tú se despega de Ted y otras películas de cinismo mariguano es en el desarrollo de la amistad. Uno de los amigos se vuelve millonario y, de regreso en la casa de su infancia, se encuentra con Dios y se ve obligado a crecer.
Con Dios. Tal cual. Matthew Weiner desarrolla la historia de este amor de grandes amigos en una zona rural de Estados Unidos poblada por hippies, ecologistas radicales y Menonitas o Amish. En el consultorio de un psiquiatra, el confundido Ben tiene esta conversación con uno de los niños de esta minoría religiosa. "¿Por qué estás aquí?", pregunta el barbón. "Porque hablo con Dios", responde el niño menonita. Hay un silencio incómodo y luego el muchachito le dice al hombre que no quiere crecer: "Y Dios quiere que te tomes la pastilla".
Como todo buen iluminado, Ben toma al pie de la letra el encuentro con su pequeño profeta y decide penetrar el vértigo de volver a la sobriedad. En el camino se cura, además, de su trastorno bipolar.
Y es entonces que Un amigo como tú recuerda una de las escenas más hermosas de la carrera de Jack Nicholson. En Mejor imposible, dirigida en 1997 por James L. Brooks, otro bipolar inadaptado se decide a tomar la "pastilla de la normalidad" porque se ha enamorado. Como Nicholson en aquella película, Galifianakis se atreve a tratar de ser una mejor persona para lo cual tiene que dejar de esconderse de sí mismo.
Un amigo como tú es una pequeña comedia que tuvo una recepción más bien mediocre en Estados Unidos. La envían a México para tratar de recuperar algo. No suena bien y, sin embargo, vale la pena verla. Vale la pena por la moraleja que dicta que si la enfermedad mental se contagia, también se contagia el amor: el amor por la vida en su finitud, el amor por la sobriedad y el amor por un amigo tan querido como disfuncional.
Un amigo como tú (Are You Here) Dirección y guión: Matthew Weiner. Fotografía: David Carbonara. Con Owen Wilson, Zach Galifianakis, Amy Poehler. Estados Unidos, 2013.