Hay algo perversamente apropiado en que CA7RIEL & Paco Amoroso comiencen un concierto multitudinario cantando que tener más ya no les sirve.
‘No me sirve más’ abre FREE SPIRITS World Tour y funciona menos como una canción de bienvenida que como la tesis de todo lo que ocurrirá durante la noche. Después del éxito internacional, los premios, los festivales y un Tiny Desk convertido en fenómeno, los argentinos regresaron a México para cantar sobre el vacío que encontraron precisamente después de conseguir aquello que durante años persiguieron.
La Ciudad de México representó una de las últimas paradas de su recorrido por el país, luego de presentarse en ciudades como Monterrey y Querétaro. Además, significó su regreso al Palacio de los Deportes apenas un año después de haber llevado PAPOTA al mismo recinto.
Sin embargo, para entender FREE SPIRITS no había que esperar a que aparecieran sobre el escenario.
El retiro comenzó antes que el concierto
Las puertas del Palacio de los Deportes abrieron a las 18:00 horas, aunque desde mucho antes ya había seguidores formados alrededor del recinto. Entre los grupos destacaba un elemento que se repetía casi como un uniforme: el blanco.
Camisas, pantalones, vestidos, batas y conjuntos completos seguían la estética que CA7RIEL & Paco Amoroso propusieron para esta nueva etapa. La elección terminó por convertir a buena parte del público en una extensión visual del espectáculo. Más que asistentes esperando un concierto, parecían pacientes preparados para ingresar voluntariamente a un retiro.
Poco antes de las 20:00 horas, el Free Spirits Wellness Center ya había comenzado a operar.
Las pantallas proyectaban frases atribuidas a Buda, Gwyneth Paltrow, Bryan Johnson, Dave Asprey, Jennifer Aniston y San Martín. La combinación resultaba tan dispar como intencional: espiritualidad, celebridades, biohacking, longevidad y cultura wellness convivían dentro de un mismo discurso sobre la búsqueda de una mejor versión de uno mismo.
Frente al escenario, una mujer vestida de blanco realizaba un baño de sonido con cuencos sonoros, produciendo vibraciones prolongadas mientras el público terminaba de ocupar el recinto. No era un acto de apertura convencional, sino una introducción al concepto que dominaría la noche.
La solemnidad, sin embargo, duró poco. Desde distintos puntos de la pista comenzó a escucharse el ya conocido ‘quiere volar’, el grito que se hizo presente durante el Mundial y que aquí sirvió como distracción entre risas mientras avanzaba la espera.
A las 21:32 horas, CA7RIEL & Paco Amoroso finalmente aparecieron.
La terapia podía comenzar.
‘No me sirve más’, tenerlo todo y descubrir que no alcanza
El Free Spirits Wellness Center es una clínica ficticia que sirve como escenario y concepto narrativo para esta nueva gira. Detrás de las cortinas blancas, las referencias médicas y la estética de retiro existe una sátira de la industria contemporánea del bienestar, pero también una extensión del momento que atraviesa el dúo.
Después del crecimiento internacional que acompañó a PAPOTA, Free Spirits mira hacia las consecuencias de ese éxito.
Por eso ‘No me sirve más’ resulta una elección precisa para abrir el concierto. Su base invita al movimiento, pero detrás de ella aparece una idea menos festiva: dinero, reconocimiento y excesos dejan de satisfacer cuando finalmente se consiguen.
Frente a miles de personas, dos artistas en uno de los momentos de mayor exposición de sus carreras comienzan la noche admitiendo que tener más tampoco resolvió todo.
‘Nada nuevo’ continúa el recorrido cuestionando incluso la posibilidad de crear algo verdaderamente original. La ironía aparece inmediatamente en vivo, porque CA7RIEL & Paco Amoroso hacen precisamente lo contrario: deforman géneros, mezclan estructuras y saltan del house al funk, del rock a la electrónica y del trap al pop sin comprometerse demasiado tiempo con ninguno.
Una banda que sostiene el caos
La producción visual podría absorber fácilmente la atención, pero musicalmente FREE SPIRITS encuentra buena parte de su fuerza en los cuatro músicos que acompañan al dúo.
Percusiones, batería, bajo y piano construyen una base que aporta mayor cuerpo a las canciones, mientras CA7RIEL toma la guitarra en distintos momentos. La instrumentación permite que los temas respiren de manera distinta a sus versiones de estudio y demuestra que detrás del espectáculo conceptual existe una ejecución musical capaz de sostenerlo.
‘Ay Ay Ay’, ‘Muero’, ‘Mi diosa’ y ‘#Tetas’ forman parte de un primer tramo que establece esa libertad sonora. Después aparecen canciones como ‘Hasta Jesús tuvo un mal día’, ‘Soy increíble’, ‘Vida loca’ y ‘Goo Goo Ga Ga’.
La virtud está en el movimiento. Cuando el concierto amenaza con instalarse en una misma atmósfera, cambia de dirección.
PAPOTA todavía vive
A mitad del recorrido reaparece inevitablemente PAPOTA.
‘Dumbai’, ‘Baby Gangsta’, ‘A mí no’ y el cruce entre ‘Mi deseo’ y ‘Bad Bitch’ recuperan parte del universo con el que CA7RIEL & Paco Amoroso se presentaron apenas un año atrás en este mismo Palacio de los Deportes.
Entonces, los cuerpos artificialmente musculosos, las prótesis exageradas y una estética deliberadamente grotesca convertían el ideal del físico perfecto en caricatura. PAPOTA hablaba de crecer, transformarse y exagerarse hasta alcanzar aquello que parecía representar el éxito.
Free Spirits empieza después de conseguirlo.
Por eso recuperar aquellas canciones no funciona únicamente como un ejercicio de nostalgia. Escucharlas nuevamente en el mismo recinto permite observar la evolución de una narrativa que comenzó con dos personajes obsesionados con hacerse enormes y continúa con esos mismos artistas preguntándose qué hacer después de haber llegado.
‘Cosas ricas’, ‘El único’ y ‘La que puede, puede’ amplían ese recorrido por distintas etapas antes de que la noche vuelva a transformarse.
De una sesión de meditación a un enorme antro
Si el concierto comenzó con cuencos sonoros y frases sobre bienestar, su tramo final parece decidido a destruir cualquier posibilidad de relajación.
‘Ha Ha’ comienza a acelerar esa transformación y ‘Lo quiero ya!’, colaboración con Fred again.., abre la puerta hacia la zona más electrónica del espectáculo.
Entonces el Palacio cambia por completo.
Los láseres atraviesan el recinto, las luces rojas dominan la pista y la producción adquiere una estética mucho más cercana a un club nocturno. Durante varios minutos, el Free Spirits Wellness Center deja de parecer una clínica para convertirse en un enorme antro.
Fragmentos de ‘Pirlo’, ‘Cono hielo’, ‘OUKE’, ‘Ola Mina XD’, ‘Sheesh’ y ‘Jala Jala’ llevan esa fiesta a uno de sus momentos de mayor intensidad.
El contraste resume buena parte de la propuesta: la noche comenzó intentando relajar al público y termina obligándolo a bailar.
‘Himno del mediocre’, una última ironía
Después de casi hora y media de excesos visuales y musicales, ‘Himno del mediocre’ ofrece un cierre especialmente apropiado.
La canción reivindica a quien no llegó primero, al que estuvo cerca, al que se reconoce incompleto y acepta que quizá no necesita ser excepcional todo el tiempo. Resulta inevitable encontrar la ironía cuando miles de personas cantan sobre la mediocridad frente a dos músicos que acaban de llenar el Palacio de los Deportes.
Ahí termina de cerrarse el círculo.
‘No me sirve más’ abre cuestionando el valor de conseguir aquello que alguna vez se deseó; ‘Himno del mediocre’ termina cuestionando la obligación de perseguir permanentemente algo más.
Entre ambas canciones, CA7RIEL & Paco Amoroso construyen un espectáculo que consigue que su concepto no aplaste a la música. La banda, el humor, los cambios de género y una producción que pasa de la quietud de un retiro a la intensidad de un club sostienen una experiencia que constantemente se transforma.
Un año después de PAPOTA, regresaron al mismo Palacio con otra estética y otra pregunta. Ya no se trata únicamente de crecer hasta convertirse en algo extraordinario, sino de entender qué queda cuando finalmente se consigue.
La clínica era ficticia, la crisis que la inspiró no. Y durante una noche, miles de personas vestidas de blanco aceptaron convertirse en pacientes de CA7RIEL & Paco Amoroso.
KVS