El terror psicológico tiene un nuevo rey en las salas de cine. The Backrooms ha llegado oficialmente a las pantallas de México, consolidándose como uno de los estrenos más esperados y aclamados de la temporada. Respaldada por una calificación histórica en Rotten Tomatoes que supera a cualquier otra producción de horror en lo que va del 2026, la cinta de la prestigiosa firma A24 está causando un verdadero furor entre los amantes del género.
Detrás de este éxito se encuentra Kane Parsons (conocido globalmente en YouTube como Kane Pixels), quien a sus 20 años de edad hace historia como el director más joven en las filas de la productora. El creador de los cortometrajes virales que dieron origen a este perturbador universo digital, da el salto a la pantalla grande con una trama mucho más profunda.
La historia sigue a una terapeuta cuyo paciente desaparece misteriosamente tras cruzar un umbral oculto en el sótano de una tienda de muebles, obligándola a adentrarse en la aterradora dimensión de los pasillos amarillos infinitos para rescatarlo.
Pero, ¿por qué unas simples habitaciones vacías con alfombras húmedas y luces parpadeantes logran desatar una sensación de incomodidad tan perturbadora? La respuesta no radica en los sustos fáciles, sino en la psicología de los llamados "espacios liminales" y en miedos evolutivos primarios.
Las 5 razones científicas y psicológicas por las que los Backrooms dan tanto miedo
El horror de este universo es arquitectónico y mental. Estos son los factores que el cerebro humano detecta como una amenaza inminente dentro de estos pasillos:
1. El quiebre de los "espacios liminales"
Un espacio liminal es, por definición, un lugar de transición (como pasillos de hoteles, salas de espera o escuelas de noche) diseñado para conectar un punto con otro y que normalmente debería estar lleno de gente. Al encontrarse completamente desiertos, el cerebro experimenta una disonancia cognitiva: detecta que "algo anda mal", transformando la desolación y la ausencia de ventanas en una profunda extrañeza.
2. La "nostalgia alterada" o el valle inquietante de la arquitectura
La estética de los Backrooms —paredes de color amarillo rancio, oficinas infinitas y texturas de los años 80 y 90— apela a un entorno vagamente familiar, similar a la vieja oficina de un familiar o a un colegio antiguo. El conflicto mental surge al ver un entorno conocido y cotidiano deformado, desprovisto de su función original y transformado en una pesadilla laberíntica.
3. El zumbido constante de las luces fluorescentes
Tanto en el imaginario de internet como en la película, existe un elemento sonoro omnipresente: el zumbido eléctrico de las lámparas de techo. Psicológicamente, estar expuesto a este ruido blanco de baja frecuencia de manera ininterrumpida altera el sistema nervioso, eleva los niveles de cortisol (la hormona del estrés) y agudiza la sensación de encierro.
4. Desorientación total y agorafobia
La estructura juega con el miedo evolutivo a perderse. Al ser un laberinto infinito donde cada habitación es idéntica a la anterior, no existen puntos de referencia, ni mapas, ni salidas claras. A esto se le suma la aterradora certeza de un aislamiento absoluto: la noción de estar atrapado en una dimensión masiva donde nadie acudirá al rescate.
5. La paranoia de "La Entidad"
A diferencia del cine de monstruos convencional, aquí el peligro rara vez se muestra de frente; el miedo radica puramente en la expectativa. El zumbido de las luces bloquea la audición periférica, impidiendo saber si algo se acerca. Esa sutil certeza de que hay "algo" acechando en las esquinas de los pasillos infinitos mantiene al espectador en un estado de alerta y paranoia constante.
Con una propuesta que desafía los tropos tradicionales del cine de horror, The Backrooms demuestra que el vacío, el silencio institucional y el abandono pueden ser mucho más aterradores que cualquier criatura explícita. El filme ya se encuentra disponible en las principales cadenas de cine del país.