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¿No le entendiste? Este es el final explicado de 'La Novia de Frankenstein'

Conoce la explicación y simbolismos de la película que pone como protagonista a una mujer que reencarna a Mary Shelly y su revolución

No todas las películas de terror incomodan por sus monstruos; algunas lo hacen por las ideas que se atreven a insinuar.'La Novia de Frankenstein'  es una de ellas: una obra que, para ciertos espectadores, resulta incómoda por el lugar que le otorga a una figura femenina que irrumpe, desafía y descoloca, eso es lo que en esta ficción la convierte en un 'monstruo'.

Es evidente la corriente feminista que atraviesa el mensaje de esta película, al plantear desde este mito conflictos que resuenan con violencias profundamente reales. Aquí, los roles se invierten: aquello que en la vida cotidiana suele quedar impune cuando proviene de hombres -el abuso, la dominación, la violencia extrema- muchas veces sostenido por redes de poder que lo normalizan y lo protegen, cambia radicalmente cuando es una mujer quien lo ejerce; entonces no hay cualquier tipo de castigo, es uno más severo.

Dirigida por Maggie Gyllenhaal, esta es una producción protagonizada por la recién ganadora del Oscar a 'Mejor Actriz', Jessie Buckley y Christian Bale. La película retoma el universo inspirado en Frankenstein y se inscribe dentro del género de terror con tintes dramáticos. A partir de aquí, su desenlace ha abierto distintas lecturas. 

La Novia descubre su nombre como símbolo de autonomía y liberación 


En el desenlace, el punto de quiebre ocurre cuando Frankenstein le revela a la novia que él la encontró en una fosa común y la reanimo con ayuda de la Dr Euphronious. Al descubrir el engaño bajo el que estuvo, este se vuelve el comienzo de resignificar su identidad.  

Es importante aclarar que esta escena libera varios nudos en la historia; el primero es que el cuerpo original de 'La Novia' le pertenece a Aida; una mujer sumisa y que no encuentra su lugar en un mundo donde los hombres presionan por diversión y las mujeres se ven orilladas a callar, ceder y ser amables. 

Cuando Frankenstein la reanima, él le oculta la verdad y le cuenta que ya estaban comprometidos y tuvieron un accidente en el que ella perdió la memoria. El papel de Frankenstein quien al parecer es la pareja ideal, en realidad se ve descubierto cuando revela que la mantuvo a su lado con engaños y con recuerdos que le inventaba, entre ellos su nombre, pues le hizo creer que se llamaba Penélope Rollers. 

Aquí es cuando se puede leer entre líneas aquello que no había quedado del todo claro al inicio: la culpa que persigue al responsable de la muerte de Aida, su expareja. Al descubrir que ella sigue con vida -aunque él desconoce que ya no es Aida, sino que el cuerpo está habitado por otra conciencia- decide intentar asesinarla nuevamente por órdenes de su jefe un mafioso responsable de la muerte de varias mujeres a quienes les corto la lengua, mismas que colecciona en frascos. 

La escena también deja entrever el crimen que tanto el cómo su amigo intentó ocultar: tras matarla en un accidente al empujarla por las escaleras, él y su amigo desaparecieron el cuerpo arrojándolo a una fosa común, convencidos de que así evitarían cualquier consecuencia.   

Es ahí donde ella comprende quién era antes de ser reanimada; no solo el cuerpo que originalmente le pertenece a 'Aida' y la falsa identidad de Penelope que le implanto Frankenstein sino la intención inicial detrás de su existencia ligada a la figura de Mary Shelley quien la invita a un despertar: la emancipación de las mujeres.  

Un nuevo acuerdo entre Frankenstein y La novia desde la libertad de elegir 


A partir de esta confesión, la relación entre ambos cambia radicalmente. Frankenstein se disculpa con Penelope comprendiendo que el verdadero amor es aquel que no secuestra la autonomía, ni roba la libertad de decidir sobre su vida. Así deja de pertenecerle a alguien y se define simplemente como “la novia”, un acto que simboliza apropiación de identidad.  

Frankenstein, por su parte, la acepta en ese lugar, lo que transforma su vínculo: ya no desde la imposición, sino desde la elección y la igualdad; compañeros de vida como le gusta nombrarlo a Mary Shelly. 

Sin embargo, este momento es abruptamente interrumpido cuando la policía aparece y dispara contra Frankenstein, matándolo. A diferencia de otras versiones del mito, donde el monstruo parece condenado a existir eternamente, aquí sí puede morir.

Su muerte no es menor: ocurre justo cuando estaba logrando desprenderse de su rol posesivo y dominante, acercándose a una forma distinta de masculinidad, más consciente y libre. 

Castigos más severos a las mujeres incluso por los mismos crímenes cometidos por los hombres  

Esta es una afirmación que ha sido evidenciada en investigaciones de activistas especializadas en perspectiva de género y derechos humanos; las mujeres suelen recibir condenas un 30 por ciento más altas incluso por los mismos delitos que cometen los hombres. Visto desde este ángulo la película retoma esta idea en el final. 

El asesinato de la novia no funciona como una simple detención fallida, sino como un castigo desproporcionado que evidencia algo más profundo que la búsqueda de justicia. A lo largo de la película, Frankenstein es responsable de dos muertes y, aun así, su final llega de forma rápida, casi limpia.

En contraste, la novia -quien replica la violencia del mafioso que asesinaba mujeres arrancándoles la lengua y quien continuo en libertad por un largo tiempo- recibe una respuesta mucho más brutal, marcada por un ensañamiento que revela el origen misógino de esa violencia.

La película deja ver con claridad cómo operan las estructuras de poder: no se trata solo de crímenes individuales, sino de un sistema que protege a los hombres entre sí. El detective, que en apariencia buscaba justicia, en realidad traiciona a Aida cuando era menor y se aprovecha de su cargó para que Aida cediera a mantener relaciones íntimas con él, prometiendole continuar abierta la investigación contra el mafioso.

Sin embargo, en su confesión final expone que en realidad él es un detective coludido con la mafia, quien encubria al responsable de los feminicidios. Así, más que impartir justicia, las instituciones actúan como un pacto de silencio que garantiza la impunidad.

Esta diferencia se vuelve aún más evidente en la forma en que ambos personajes mueren. Mientras Frankenstein recibe un solo disparo, a la novia la rodean y le disparan repetidamente, en una escena que se siente más como una ejecución que como un arresto.

No es solo un castigo por lo que hizo, sino por lo que representa: una mujer que rompe con el estereotipo de lo sumiso y lo dócil, y encarna una violencia que, aunque históricamente tolerada en los hombres, resulta intolerable cuando proviene de una mujer.


La utopía de La Novia: una revolución donde las muertas regresan para vengarse de quien intentó silenciarlas| Spoilers 

La escena postcréditos abrió una última lectura; la posibilidad de una revolución que responda al destino violento que el sistema -encarnado en la mafia- impuso sobre estas mujeres. Más que un cierre, funciona como una continuación simbólica donde la venganza se convierte en una forma de justicia ante todo lo que quedó impune.  

En este momento, el detective aparece recibiendo a un grupo de mujeres que adoptan la estética de la novia -velo de red negro, labios oscuros y la marca que atraviesa su boca-, como si se tratara de una identidad colectiva.

Esta vez brinda protección a las mujeres ya no actúa como cómplice del sistema, sino como alguien que reconoce su error y, desde ese lugar, permite que ellas tomen justicia por mano propia.   

 


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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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