La séptima entrega de Scream debutó con malas noticias para la franquicia: en Rotten Tomatoes apenas alcanzó 44% de aprobación en el Tomatómetro, una cifra que la coloca entre las peor evaluadas de la saga en sus casi 30 años de historia.
El contraste es evidente si se compara con la cinta anterior, Scream VI (2023), que obtuvo 77% de críticas positivas y un sólido 90% de aceptación del público, consolidándose como uno de los regresos más exitosos del slasher moderno.
En cambio, la nueva película parece no haber convencido a los especialistas, quienes coinciden en que la saga muestra señales de desgaste.
Entre las reseñas más repetidas destaca que la película intenta apoyarse demasiado en la nostalgia y los personajes clásicos, sin lograr un equilibrio con nuevas ideas.
Algunos críticos señalaron que la historia se siente saturada:
"El mundo laberíntico de la franquicia continúa en una película sangrienta que se pierde entre nostalgia, personajes legado y clichés cansados".
Otros apuntaron directamente al guion:
"Tomar un rumbo distinto puede funcionar, pero no compensa un libreto que apenas se siente desarrollado".
También hubo comentarios sobre el ritmo irregular: "Cada escena donde nadie muere da la sensación de que la película se está frenando".
Incluso hubo quienes consideraron que la saga perdió su esencia satírica: "Una franquicia que antes se burlaba de los clichés del terror ahora ha terminado cayendo en ellos".
Con este resultado, Scream 7 se convierte en una de las entregas peor evaluadas del slasher, lo que refleja un reto creciente para mantener vigente una franquicia que durante décadas redefinió el terror moderno.
jk