Una de las grandes sorpresas en la comedia en México sin duda ha sido La Oficina, la versión azteca de este exitoso formato que ha brillado, sobre todo por su versión estadounidense.
Es por eso que Armando Espitia, quien da vida al otaku y experto en computadoras Qwerty, celebra este éxito en una conversación donde también nos habla sobre su paso por proyectos con temas densos, hasta la ligereza y dificultad de la comedia.
Un año de éxitos para Armando Espitia
El actor mexicano no solo se encuentra presentando su éxito en La Oficina, también tiene bajo su filmografía un gran repertorio del que se dice orgulloso.
Empezamos el año estrenando El Mochaorejas, que rompió sus propios récords en su propia plataforma y me gustó mucho cómo lo recibió la gente. En febrero estrenamos en Berlín una película que más adelante tendrá su estreno en Netflix, pero ahora estamos con La Oficina y ha sido una bomba para mí. Afortunadamente me han tocado proyectos bien interesantes y muy bonitos toda mi carrera, pero siempre han estado más enfocados en el cine de arte o cine de autor. Hacer algo tan mainstream o tan comercial como La Oficina me está sorprendiendo porque hay muchas reacciones en las redes sociales y en todos lados.
Aunque claramente, la exigencia emocional para todos los papeles, hasta los de comedia, demandan mucho al actor, por lo que es necesario saber soltar al personaje.
Trabajar mucho con la técnica y con la conciencia. Yo también tengo la fortuna de ser maestro de actuación; justo ayer terminé con un grupo de alumnos y les recordaba: por voluntad entramos a la ficción y por voluntad salimos. Hay que saber de técnica, estudiar y tener conocimiento para poder trabajar con temas pesados en la actuación sin que te afecten. Hacerlo con toda la verdad, involucrarte con toda la carne y toda la emoción, pero salir. Cuando se acaba el llamado, salir y regresar a tu casa y eres tú. Pienso que es la manera más sana de actuar y es la que me gusta.
Continúa asegurando: Yo vengo de muchas películas hablando de genocidios, violencia, migración, represión... un montón de temas bien potentes que me han gustado y que he disfrutado, pero yo en la vida real soy un poco más ligero, más simple y más divertido. Mis amigos comediantes me dicen: "deberías hacer comedia". Yo sigo creyendo que no, pero en la vida real sí soy más simple y buscando siempre la risa, la ligereza y la celebración de la vida; no ser siempre tan intenso porque también se me derrama para allá.
El poder de la comedia y las anécdotas de La Oficina
Armando asegura que los directores tienen un conocimiento incluso matemático para concebir la comedia, es por eso que no es casualidad el éxito de la serie.
“Directores como Marcos Bucay y Gaz Alazraki hayan pensado en mí porque no soy la opción obvia para hacer comedia. Me hicieron un casting muy quirúrgico para saber si podía hacer la comedia que ellos necesitaban y me quedé. Que ellos confíen en alguien como yo, que siento que soy de los perfiles más distantes de lo que se haría en comedia dentro del elenco, a mí me hace sentir muy feliz. Que me den ese chance de irme a divertir, a pasarla bien y que de paso hagamos reír a la gente, de verdad es un regalazo.”
Asimismo, nos comparte algunos de los momentos que más recuerda del rodaje, como el sí sentirse en una oficina por tener que llevar tuppers debido a una dieta especial que tenía que seguir, o las bromas junto a Arely González.
“Luego te podría contar mil historias divertidas. Arely González, que hace a Ángeles, y yo hicimos grandes amigos. Somos muy tontos, la verdad, y hacíamos muchas bromas. El primer día le cambiamos el camerino a Rodrigo Darío y se lo pusimos en el cuarto de máquinas con un letrero de "No entrar". A nosotros nos mataba de risa, a él no le cayó tan bien. Arely y yo entrábamos al camerino de alguien y vestíamos unas almohadas y unas pelotas con la ropa de esas personas; nos moríamos de risa. Se vuelve una dinámica familiar: los quiero, no estoy todo el tiempo feliz de estar con ellos, pero quiero estar con ellos.”
Asegura que una clave para el éxito de esta versión fue el no copiar, el crear algo que se sintiera mexicano, lo cual claramente lograron.
Los líderes del equipo, Marcos Bucay y Gaz Alazraki, siempre nos pidieron: "no se confíen, no se preocupen, no copiemos". A los que no habíamos visto las otras versiones nos dijeron: "no vean nada, vamos a crear nuestra propia cosa". Había una seguridad en ellos porque son expertos en comedia; matemáticamente la entienden de una manera que me impresiona. Sabían lo que estaban haciendo. A mí, que no conocía La Oficina antes, me ayudó muchísimo no ver nada. A pesar del gran trabajo afirma que sí existía el miedo a que no fueran a gustarle al público.
En mis redes yo solo decía: "denos una oportunidad, denos el chance, confíen". No hizo tanta falta porque la gente la vio y le gusta. Es la prueba clara de que hay creatividad e identidad en México; si la sabes poner de manera inteligente en la comedia, brilla sola. No necesitamos tener como referente lo gringo o lo europeo.
El actor recuerda cómo terminó cantando sin saber que lo iba a hacer, algo de lo más icónico en la serie, pero es consciente que todos sus personajes le han sumado algo, pues su participación en El Mochaorejas le ha dado más conciencia, mientras que La Oficina le ayudó a conocer una comedia diferente y se vienen más proyectos sobre todo en cine.