La tercera victoria de Daniel Suárez en NASCAR Cup Series llegó con mucha emoción, con un 24 de mayo de 2026 que pasará al recuerdo. El triunfo del piloto regiomontano en la Coca-Cola 600 de Charlotte llegó en medio de un momento de bastante sentimiento, ya que Dani le rindió tributo a Kyle Busch, quien había fallecido el jueves 21, en vísperas de la carrera.
Para Suárez, correr bajo estas circunstancias representó un reto en el aspecto anímico, ya que se trató de una noticia impactante y llegó a afectarle en lo mental antes de encender los motores. Y cuando se le rindió homenaje a Busch, con su familia presente en Charlotte Motor Speedway, el mexicano tuvo complicaciones para concentrarse, por lo que ganar le dio un toque aún más especial.
“Hubo muchos sentimientos y cosas encontradas toda la semana. Eso hizo que esta victoria fuera una de las más especiales de mi carrera”, admitió Suárez durante una rueda de prensa virtual, ya que perder a un dos veces campeón de la NASCAR Cup Series, pero sobre todo a un amigo y mentor, fue un golpe duro.
El humano detrás de la leyenda
La amistad entre Busch y Suárez comenzó hace una década, cuando el mexicano llegó a los Estados Unidos para aventurarse en la categoría de stock cars más importante del mundo, un terreno completamente desconocido para él, ya que cuando se aventuró en la máxima categoría de óvalos, ni siquiera sabía hablar inglés.
En ese momento, Busch tomó un rol de mentor que fue clave para el desarrollo del regiomontano dentro de Cup Series, especialmente a partir de 2015, cuando empezó a competir para la escudería Joe Gibbs Racing. El apoyo constante en esa etapa inicial definió gran parte de la carrera de Suárez. Y la cercanía entre los dos fue mayor debido a que mantuvieron mucha comunicación.
“Mucha gente conocía a Kyle como piloto, la leyenda que fue para todo el mundo en NASCAR. Yo tuve el placer de conocer a la persona que era Kyle Busch y esa fue la razón por la cual fue muy duro, entender que hace tres o cuatro días yo estaba platicando con él, todo normal, fuera de una pequeña gripa que él pensaba que tenía, y tres días después ya no estaba aquí”, admitió Suárez sobre el luto que se vivió en los pits. “Fue algo muy impactante para toda la industria, para muchos pilotos, en especial los que eran cercanos con él, como yo. No fue fácil. Por primera vez en toda mi carrera me subí al carro y sinceramente no me sentía listo”.
Un aprendizaje de 10 años
A diferencia de la actualidad, donde los pilotos se apoyan en una gran cantidad de datos y herramientas digitales, hace una década la experiencia directa era el factor principal para conocer los circuitos y el aprendizaje era, en consecuencia, más complicado. Las llamadas entre Kyle Busch y Suárez se volvieron parte de la preparación semanal del mexicano para entender el comportamiento de los autos y las pistas.
“Cuando empecé a crecer en el deporte, muchas veces me sentí como un pez fuera del agua, me faltaba un poco de consejos. Para mí Kyle era Superman. En 2015 empecé a correr para Joe Gibbs Racing y ya con más confianza fui para que me apoyara en una carrera. Todo el 2015, todas las semanas, hablamos por teléfono”, compartió el piloto. “Se volvió algo semanal que todos los miércoles y jueves hablaba con él 20, 30 minutos para que me diera consejos de qué es lo que tenía que buscar: las pistas, los brincos, la pintura de la pista, lo que tenía que buscar en el carro. Hace 10 años no teníamos la información de hoy, no existía; la experiencia de un piloto era muy importante. Sinceramente si no fuera por eso, no estaría aquí. Su ayuda fue muy importante”.
Esa etapa de asesoría concluyó en la temporada de 2016, cuando Suárez obtuvo su primer triunfo tras superar a Busch en la última vuelta de Menards 250 en el Michigan International Speedway, carrera que fue disputada disputada el 11 de junio de dicho año. “Cuando él vino a felicitarme, me dio un abrazo y me dijo ‘ya no vamos a hacer llamadas’ porque había aprendido y le gané. Fue muy especial porque él me ayudó sin tener que ayudarme”, recordó.
Una victoria ‘a ciegas’
Además de la carga emocional, Suárez enfrentó múltiples fallas mecánicas en Charlotte que pusieron en riesgo su permanencia en la vuelta del líder. Los problemas comenzaron desde la primera etapa, con los neumáticos y los componentes del auto.
“Fue un día de mucha adversidad. En el Stage 1 tuvimos un rin flojo, estuvimos a un par de vueltas de romper el rin y tener un accidente. El segundo problema que tuvimos fue la llanta delantera izquierda que se destruyó, tuve que entrar a pits, no era planeado en medio de la secuencia”, explicó Suárez.
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— Daniel Suárez (@Daniel_SuarezG) May 25, 2026
Pero el problema más severo ocurrió con su radio, que sufrió interferencias debido a las señales de un espectáculo de drones que se realizaba en la zona del autódromo. Esto dejó al piloto incomunicado con su equipo de ingenieros durante un largo tramo de la carrera.
“Por una larga parte de la carrera estuvieron volando unos drones y haciendo figuras en el aire. Esos drones tienen una señal, que era muy cercana a la de mi radio. Se supone que es muy difícil que pase, pero eso hizo que afectaran mi radio. Al inicio de la carrera, funcionaba, pero la parte media no y al final volvieron a funcionar. Fue muy difícil comunicarme con el equipo con los problemas de la llanta y el rin porque la comunicación era muy mala. Fue un día de mucha adversidad y nunca nos rendimos. El equipo luchó y por eso pudimos regresar en un par de ocasiones a la vuelta del líder y estar en la pelea. Eventualmente una buena decisión de pits y buenos rearranques nos pusieron en posición de ganar la carrera”, concluyó.
JEYR