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"Ser mujer y jugar al futbol siempre ha sido un desafío": Khalida Popal

Edición Fin de Semana

Khalida se convirtió en la primera capitana de la selección femenina de Afganistán. Gracias a ello, logró darles voz a las mujeres en su país. Hoy en día es activista y cuenta con su propia asociación, Girl Power, que apoya a personas refugiadas.

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Khalida Popal tenía un solo sueño en la vida: convertirse en futbolista profesional. Desde muy niña jugaba junto a sus hermanos, y esa meta la cumplió cuando comenzó a jugar profesionalmente en 2003.

Posteriormente, en 2007, fundó la primera selección femenil de Afganistán y fue la capitana del equipo, marcando un hecho sin precedentes. Con la selección llegaron a disputar algunos partidos amistosos contra otras escuadras, como Pakistán y Nepal.

Su popularidad fue tal que fue perseguida por el régimen talibán y, debido a las amenazas de muerte que ella y su familia recibieron, decidió huir a la India. Posteriormente solicitó asilo en Dinamarca, donde actualmente reside. Más tarde sufrió una grave lesión que la marginó del futbol, pero comenzó una nueva etapa como activista.

No solo jugué futbol o fundé el equipo nacional femenino de Afganistán, sino que también fui una activista a través del futbol, hablando sobre desafíos como la violencia doméstica, la violencia de género y la corrupción que impedía la participación de las mujeres en la sociedad. Y ese activismo no fue aceptado en esa cultura. Por eso he enfrentado muchos problemas, incluyendo amenazas de muerte y riesgos para mi vida y la de mi familia debido a mi activismo a través del futbol”, dijo durante su visita a México, donde se implementó el Torneo Violeta, que apoya a mujeres que atraviesan situaciones de violencia.

Khalida Popal, primera capitana de la selección femenina de Afganistán
Khalida Popal, primera capitana de la selección femenina de Afganistán (Juan Carlos Bautista)

Empoderar a la comunidad

Su compromiso por empoderar a las mujeres, no sólo de Afganistán, sino de todo el mundo, la impulsó a crear su propia asociación, Girl Power, que también apoya a personas migrantes y refugiadas.

Somos una ONG internacional que ha existido por más de 10 años en Europa y hemos implementado programas en diferentes países alrededor del mundo, incluyendo México. Lo que he aprendido del futbol es empoderar a la comunidad. Es apoyarse mutuamente y crear una comunidad de hermandad alrededor del mundo”, resaltó.

Khalida se siente contenta por lo que su asociación ha logrado durante los más de 10 años que ha estado vigente.

“Hemos existido por más de 10 años y, como he vivido como refugiada y como mujer desplazada, sé lo que significa esa experiencia. Para mí, perder la identidad, perder a la familia y la conexión siempre ha sido difícil. Pero, a través del futbol, hemos logrado construir esa red. Y eso es lo que, mediante Girl Power, hemos podido crear: una oportunidad para mujeres y niñas, especialmente aquellas provenientes de contextos de refugio y migración. A través del futbol hemos generado oportunidades de empleo, deportivas y educativas, además de una comunidad de hermandad y una red que ha inspirado de una u otra manera”, añadió.

Valió la pena

Popal habla sin tapujos sobre las dificultades y el camino que recorrió, así como de las injusticias que se viven en su país, donde el futbol ha sido predominantemente un deporte de hombres.

Afganistán es un país dominado por hombres. Es un país desgarrado por la guerra. Ser mujer y jugar futbol siempre ha sido un desafío. Y cuando empezamos a jugar futbol en un país dominado por hombres y desgarrado por la guerra, para mujeres y niñas parecía imposible. Así que tuvimos que romper barreras. Tuvimos que cambiar la mentalidad y la cultura para permitir que las niñas jugaran futbol”, manifestó.
Khalida Popal, primera capitana de la selección femenina de Afganistán (Juan Carlos Bautista)
Khalida Popal, primera capitana de la selección femenina de Afganistán (Juan Carlos Bautista)


La exjugadora no se arrepiente de todo el proceso. Sabe que el camino fue complicado, pero finalmente consiguió su objetivo: darles voz a las mujeres de su país.

“Hemos pagado un gran costo, sacrificando mucho: desde el acoso en la calle y las advertencias hasta el abuso físico. Eso fue parte de nuestro camino. El futbol fue nuestro movimiento y la forma en que empezamos a jugar e iniciamos un movimiento para mujeres y niñas en Afganistán. Para nosotras, el futbol fue una herramienta para cambiar la vida de mujeres y niñas, defender nuestros derechos humanos y ser la voz de las hermanas que no tienen voz debido a la violencia doméstica, las barreras culturales y la violencia de género que existe en nuestra cultura”, concluyó.



MGC


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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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