Con motivo del Día de San Valentín, se recuerda a las dos leyendas olímpicas que ganaron históricas medallas de oro en Montreal 1976 y Los Ángeles 1984, respectivamente, se trata de Nadia Comaneci y Bart Conner, dos íconos de la gimnasia que han hecho una vida juntos desde hace 30 años, un lapso marcado por la superación y el impulso a la gimnasia.
En la historia del deporte mundial existen trayectorias que trascienden récords y medallas. La de Comaneci y Conner, pertenece a esa categoría excepcional. Ambos dominaron la gimnasia artística en contextos distintos, bajo sistemas opuestos y con desafíos personales profundos, pero el tiempo terminó por unirlos en una historia que actualmente es referencia de resiliencia, compañerismo y legado deportivo.
Su relación no nació como un romance convencional, sino como una conexión forjada lentamente entre competencias. A casi tres décadas de su matrimonio, Comaneci y Conner siguen siendo figuras centrales del deporte internacional, ahora desde la formación, la gestión y el compromiso social.
El beso inocente
El primer cruce entre Bart Conner y Nadia Comăneci ocurrió en 1976, durante la American Cup de Nueva York. Ella, con apenas 14 años, era considerada entonces una promesa extraordinaria de la gimnasia rumana; él, con 17, se consolidaba como uno de los talentos más sólidos del programa estadounidense.
Una fotografía tomada tras la competencia (un beso en la mejilla, sugerido por un fotógrafo) quedó registrada como una curiosidad de época. En ese momento no hubo romance, pero sí una impresión mutua que se mantuvo viva con el paso de los años.
Carreras paralelas y excelencia
Nadia Comaneci cambió la historia de la gimnasia en los Juegos Olímpicos de Montreal 1976 al obtener el primer 10 perfecto jamás registrado. Su actuación redefinió los estándares técnicos del deporte y la convirtió en un ícono global, con cinco medallas olímpicas (tres de oro) y un legado que aún hoy marca los criterios de evaluación en la disciplina.
Bart Conner construyó una carrera igualmente destacada, aunque menos mediática. Superó múltiples lesiones graves para alcanzar la élite, logrando el oro olímpico por equipos en Los Ángeles 1984, además de títulos mundiales, panamericanos y universitarios.
Un matrimonio histórico
La boda de Nadia Comaneci y Bart Conner, celebrada en 1996 en Bucarest, fue un acontecimiento histórico. Transmitida por televisión nacional, simbolizó no solo la unión de dos campeones, sino también una nueva etapa para Comăneci en su país natal tras años de ausencia.
Desde entonces, la pareja ha enfocado su vida profesional en el desarrollo del deporte. Fundaron la Bart Conner Gymnastics Academy en Oklahoma, uno de los centros de formación más reconocidos de Estados Unidos, y participan activamente en proyectos educativos y filantrópicos a través de la Fundación Nadia Comăneci.
En 2006 nació su hijo, Dylan Paul Conner, cerrando un capítulo personal que durante años estuvo marcado por retos médicos y decisiones complejas. Actualmente, ambos continúan vinculados a la gimnasia internacional como embajadores, conferencistas y referentes éticos del alto rendimiento.
RGS