En medio del ruido, de los rumores incómodos y de un futuro que hoy se discute más en voz baja que en conferencias formales, Scott O’Neil salió a dar la cara. Y lo hizo como suelen hacerlo los ejecutivos cuando el suelo se mueve: hablando de futuro… aunque el presente esté lleno de grietas.
El CEO de LIV Golf aseguró ante cámaras que el circuito no solo tiene rumbo, sino un plan estructural en marcha que podría sorprender a más de uno. "Estamos avanzando. Tenemos un plan y este negocio puede ser muy bueno durante mucho tiempo", afirmó, dejando entrever que el modelo actual está lejos de ser definitivo.
O’Neil no esquivó uno de los puntos más delicados: el dinero. Reconoció que el proyecto eventualmente tendrá que salir al mercado en busca de inversión, algo que, en términos simples, rompe con la narrativa inicial de un circuito respaldado sin límites. "Probablemente tengamos que recaudar capital. Así es este negocio", soltó, sin dramatismo, pero con una honestidad que hace meses no se escuchaba en LIV.
Eso sí, su apuesta es clara y, hay que decirlo, ambiciosa hasta el límite de la fe: no competir por Estados Unidos, sino por el mundo. "¿Quieres apostar por 340 millones de personas o por 7,500 millones?", lanzó. Es la esencia del proyecto: menos tradición, más expansión. Menos Augusta, más planeta.
El discurso también dejó ver el tipo de jugador que LIV pretende seducir. No es para quien busca comodidad, ni calendario predecible, ni estabilidad doméstica. Es, según O’Neil, para el golfista que quiere viajar, explorar culturas y, sobre todo, formar parte de algo distinto a la soledad clásica del deporte. Un argumento emocional que intenta compensar lo que el circuito aún no termina de construir en lo competitivo.
En su defensa, el directivo presumió cifras de audiencia global, crecimiento en patrocinio con marcas internacionales y eventos masivos en países como Australia y Sudáfrica. También insistió en que el formato por equipos y la experiencia en campo están conectando con nuevas audiencias, particularmente familias.
Pero entre líneas, hay algo más interesante: la admisión de que LIV Golf necesita transformarse. O’Neil habló de integrar el circuito con abiertos nacionales alrededor del mundo, una jugada que suena menos a innovación disruptiva y más a intento de legitimación dentro de una estructura que durante años despreció.
El mensaje es claro: LIV no se siente acabado. Pero tampoco se siente intocable.
Y cuando un proyecto pasa de vender revolución a explicar ajustes, lo que realmente está haciendo es ganar tiempo.
Estos son los puntos más claros y más reveladores de lo que dijo Scott O’Neil:
- Reconoció que LIV Golf podría necesitar recaudar capital externo, rompiendo con la idea de financiamiento ilimitado.
- Aseguró que existen cambios estructurales en camino que podrían “sorprender” al entorno del golf.
- Defendió la apuesta global del circuito, priorizando el crecimiento fuera de Estados Unidos.
- Admitió que el modelo no es para todos los jugadores, especialmente para quienes prefieren estabilidad y calendario tradicional.
- Planteó la integración con abiertos nacionales como parte de la evolución del circuito.
RGS