Así llegó esta pelea para Jaime Munguía. Entre fechas que se movían, negociaciones que no se cerraban y rivales que aparecían y desaparecían, el nacido en Tijuana hizo lo único que podía hacer: seguir entrenando.
Desde diciembre, hasta mayo. El calendario cambió tantas veces que la pelea parecía un rumor más del boxeo. En algún momento se habló de que la pelea sería con Jermell Charlo, pero al final no se concretó nada.
Munguía decidió no esperar noticias, decidió esperar entrenando.
“Yo seguí entrenando porque sabía que esas peleas se podían caer y yo tenía que estar listo”, contó. Y la llamada llegó. A las 10 de la mañana. Media hora después ya había contrato firmado.
Así funcionan muchas carreras: años de trabajo para decisiones que se toman en media hora.
El Toro que viene por todo.
Pero mientras para Munguía la pelea es una gran oportunidad de volver a la escena grande, para su rival la pelea significa algo mucho más profundo.
Armando Toro Reséndiz no es la estrella, no es el favorito, no es el nombre mediático. Es el otro lado del boxeo mexicano: el peleador que ha tenido que construir su carrera lejos de los reflectores, peleando donde lo pongan y contra quien sea.
Reséndiz es un boxeador incómodo, fuerte, frontal, de presión. No es un estilista, es un peleador que avanza, que tira golpes, que ensucia las peleas y que suele meterse en combates duros. De esos rivales que no lucen en la promoción, pero que arriba del ring hacen que cualquiera trabaje de más.
Y ese tipo de rivales son peligrosos por una razón muy simple,no tienen nada que perder y todo que ganar. Para Munguía es una pelea importante, para Reséndiz puede ser la pelea de su vida y esas son las peleas peligrosas.
La madurez de Munguía
Munguía ya no es el joven campeón que ganó el título del mundo a los 21 años sin que muchos lo esperaran. Hoy es un peleador más maduro, más trabajado físicamente, más consciente de sus errores.
Él mismo lo reconoce. Dice que antes peleaba con muchos nervios, que la experiencia cambia todo, que han corregido guardias, defensa, distancia, detalles de gimnasio que la gente no ve pero que cambian peleas.
Eso también habla de un boxeador que entendió algo importante: el talento te hace campeón, pero la disciplina te mantiene y Munguía ha construido su carrera más con disciplina que con talento natural.
Munguía busca consolidarse; Reséndiz quiere dar sorpresa.
La pelea, en el fondo, no solo será de estilos, será de mentalidades. Munguía es el peleador que fue campeón muy joven y que ha tenido que cargar años con la etiqueta de “el siguiente gran boxeador mexicano”.
Reséndiz es el boxeador que ha tenido que pelear toda su vida para que alguien lo voltee a ver. Uno quiere consolidarse otra vez y el otro quiere cambiar su vida, y cuando en el boxeo se cruzan esas dos historias, normalmente salen buenas peleas.
El boxeo siempre cuenta la misma historia
El 2 de mayo no solo pelean Munguía y Reséndiz, pelean dos caminos muy comunes en el boxeo mexicano, el hombre que fue estrella muy joven y busca confirmarse y el boxeador que nadie hizo estrella y quiere volverse una en una noche
El boxeo está lleno de historias así, porque este deporte, al final, siempre trata de lo mismo, un hombre tratando de conservar su lugar y otro tratando de quitárselo.
JEYR