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Domingo , 21.04.2019 / 16:01 Hoy

Un mundo espiado

Escolios


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Justo cuando las denuncias de espionaje masivo, tanto a nivel local como internacional, reavivan la sensación de asedio y vulnerabilidad del individuo frente a poderes omnímodos y anónimos, encuentro una nueva edición y traducción de Nosotros (Ediciones Hermida, 2016) del escritor ruso Evgueni Zamiatin (1884–1937). Esta novela, escrita en 1921, es una de las decanas de la imaginación distópica del siglo pasado con su anticipación del fenómeno del control político respaldado por el avance tecnológico. Nosotros, cuya trama fue adoptada con algunos matices por George Orwell para su 1984, es el diario de un habitante del Estado único, donde se han extirpado el albedrío y el instinto de individualidad en favor de la colectividad y donde la única voluntad que priva es la del Gran Bienhechor. Los ciudadanos viven en una urbe de cristal y acero, sus actividades están estrictamente normadas y cronometradas y son supervisadas tanto por el Estado como por los propios conciudadanos, entrenados desde la infancia en la delación y la sospecha del otro. Los habitantes de este sitio se identifican por números en vez de nombres propios; se reproducen de acuerdo a criterios eugenésicos dictados por el Estado; desconocen los arcaicos sentimientos de la amistad y el amor y han adaptado las artes a propósitos prácticos y edificantes. D–503 es un ciudadano modelo de esta sociedad, metódico y eficiente ingeniero que ha diseñado un cohete que permitirá llevar a otros mundos el mensaje del Gran Bienhechor. Sin embargo, el disciplinado ingeniero conoce a 1-330, una mujer desconcertante que bebe alcohol clandestinamente, tiene sexo fuera de programa y le habla de un mundo, allende la ciudad, desordenado, misterioso y atrayente. La infatuación erótica trastorna al autómata, lo aparta de sus certezas y rutinas y lo hace involucionar hacia lo humano. Enamorado de la elusiva 1–330, el ingeniero participa en una extraña conspiración para boicotear su propio invento. Con todo, D–503 es descubierto y el Bienhechor le reprocha su ingenuidad al pensar que hay algo que el poder ignore. D–503 será operado para recuperar su mansedumbre y su amante ejecutada. Si bien la escenografía es envejecida y su sentido de la acción un tanto torpe, el drama de Zamiatin prefigura una recurrente pesadilla del individuo contemporáneo: la desaparición de su intimidad, el desconocimiento de sí mismo, la condena irremisible a ser una víctima de espionaje, un espía o un soplón.

@Sobreperdonar

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