Cultura

La Nuevo México, allí donde quedó el ombligo

Crónica

En las canchas del Cerro de la Cruz se presentó la pieza escénica de la dramaturga Martha Eugenia Chávez, que aborda el escenario que vivieron los habitantes de esta colonia ante la presencia del crimen organizado.

Escenografía sencilla: grandes trazos de papel canela para enmarcar la pantalla, forrar una mesita y un tapanco. “La Nuevo México, allí donde quedó el ombligo” llegó a las canchas del Cerro de la Cruz en Torreón donde el equipo de la dramaturga Martha Eugenia Chávez, dispuso el escenario.

Arnulfo Reveles realizó labores de perifoneo y Ramón Castro se encargó del equipo técnico. Se colocaron las sillas en la cancha y solitos o en grupos llegaron primero los niños al saber que tendrían teatro. 

El sitio se llenó pronto de bullicio y sólo una pareja acompañada por su hijo y unas tres mujeres adultas se dispusieron a presenciar la pieza, avalada por el programa Cultura Comunitaria del gobierno federal.

Después de la tercera llamada la luz general se apagó y se encendió la pantalla. En audio y en video comenzó a narrarse una historia reciente a través de una portada de La Opinión Milenio. 

Era mayo de 2007 y el titular fue “Blindaje no salvó a Carlos Herrera Araluce”. La foto principal se enfocó sobre una camioneta de lujo con disparos de bala. En el contexto otra imagen mostraba los casquillos percutidos sobre el pavimento. La compañía de teatro En el zurco comenzó así su trabajo.

Espacio y tiempo

Martha y Arnulfo explican a su público la gran historia que precede a las civilizaciones, es decir, los desplazamientos como eje de desarrollo y La Laguna no escapa del discurso pues a la región no sólo llegaron migrantes extranjeros con apellidos considerados de renombre. 

Con la esperanza de trabajo y en plena revolución se generaron a principios del siglo XX las movilizaciones masivas de mexicanos que llegaron a los campos de cultivo. 

Si se examina la historia de cada familia lagunera se reconocerá que el abuelo era de Chihuahua o Zacatecas y las abuelas de Durango o Sinaloa. 

Torreón apenas alcanza 112 años de fundación y aunque es poco más de un siglo se suscribe a la historia mexicana moderna, más aún si se piensa en las ciudades prehispánicas con una cultura milenaria. 

Los actores les cuentan a los niños esos cruces donde se encontraron sus padres y se enamoraron, echando raíces en Torreón, ciudad eje de la zona metropolitana de la Comarca Lagunera. Y en el caso de la colonia Nuevo México, apuntan que las mujeres enterraron los ombligos de sus hijos para mantener la pertenencia y el arraigo. Algunas lo hicieron en los patios o zaguanes dentro de alguna maceta. Otras entre las paredes de piedra y lodo de las casas que se construyeron en las faldas del Cerro de las Noas.

Vivir en las alturas no parecería tan malo si se piensa en el santuario Cristo de las Noas que moviliza a los creyentes en la semana santa y ven a Torreón desde la parte alta del cerro. 

Mientras los actores ofrecen la panorámica sobre la fisonomía de la ciudad, se inserta la idea de que la naturaleza también mueve paisajes y con el cambio climático se sufre un trastorno estacional. 

“A mí siempre me ha gustado vivir en ciudades donde se manifiesta la naturaleza. Torreón era hermoso y digo era porque ha cambiado mucho. Yo recuerdo bien cuando el clima de Torreón estaba definido por las estaciones del año, en el desierto nunca deben de faltar las tolvaneras, recuerdo muy bien una, yo venía de la escuela a mi casa, me bajé del autobús que me dejó como a 50 metros de mi casa”, les cuenta Arnulfo a los asistentes. 

Tierra y aire cierran la mirada. Manifestación aguerrida de la naturaleza que si en términos de conquista se ha dicho que se ha vencido al desierto, se mantiene viva a pesar de la crueldad con que se le trata. 

El Cerro de las Noas también ha sido escenarios de accidentes humanos. En la década de los ochenta una camioneta volcó y al menos 15 de sus pasajeros que acudirían al viacrucis, murieron.

Las historias de la Nuevo

Entre el año 2007 y hasta finales de 2013 las historias de balaceras y asesinatos se filtraron en las conversaciones de sobremesa en las residencias de Torreón. 

El terror poco a poco fue llenando el ambiente y la escalada de violencia dejó cifras terribles sobre homicidios dolosos. De igual forma sobre ciento de casos de desapariciones forzadas. 

En ese contexto la colonia Nuevo México fue tomada por integrantes de crimen organizado. Para preservar la vida de los hijos, las madres y padres dejaron atrás las historias familiares y los patrimonios. 

El desplazamiento fue forzado y las viviendas fueron por un tiempo ocupadas por los invasores. Luego desmanteladas y algunas de ellas atacadas hasta su derribo. 

Martha Eugenia Chávez construye la historia desde la perspectiva de la inocencia y la pieza teatral alcanza, a pesar de la tragedia, un discurso de empatía para las víctimas. 

Contadas las historias en primera persona, ella y Arnulfo Reveles hacen las voces de los desplazados. Las familias buscaron rentas baratas y salieron del sitio no sin antes tapiar puertas y ventanas. 

Jazmín, una chica que fue entrevistada relató algunos pasajes del horror.

Tras darse a conocer el hecho, las autoridades estatales aplicaron millones de pesos para pintar las casas que permanecen aún sin puertas ni ventanas. Algunas sin sus dueños. Pero el gobernador llegó al sitio para pedir perdón. 

Martha muestra unas fotografías en pantalla y explica que en la casa naranja montada en el cerro vivía la señora Gaby. Ella vendía gorditas en el andén del ferrocarril. Al igual que la señora, taxistas, garroteros y carteristas perdieron sus formas de vida cuando se cerró la ruta para el tren de pasajeros. 

La permuta trajo luego sólo vagones cargados con semillas y otros alimentos, nuevo tránsito del ferrocarril que convertido en bestia, es montado y cargaba con los cuerpos de los migrantes centroamericanos. Otra ruta y otra forma de migración y desplazamiento. 

Esta historia acapara la atención del público e incluso algunos que llegaron después del inicio se instalaron detrás de la malla ciclónica para escuchar a los actores. 

Un señor le grita a Mayté, su hija, y ella corre por una bolsa de chetos que comparte con sus amigas. Entre historias de perros como amigos leales e inseparables a pesar de la violencia y el juego de la lotería como momento de reunión y esparcimiento para las mujeres de La Nuevo México, la obra de teatro se acerca al final no sin antes agradecer los testimonios de Gabriel, Flor, Eduardo, Martha, Gabriel, Guadalupe, quienes recuperaron un pasaje oscuro en el tiempo para tener memoria histórica.

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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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