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Miércoles , 20.03.2019 / 20:12 Hoy

Todo estaba maktub

Opinión


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En torno a Vida y peripecias de una buena hija de familia (2015) hay dos aspectos que es necesario destacar. Por un lado, el proyecto editorial que refrenda la colección Novela Latinoamericana de la Editorial Voces en Tinta (es el cuarto título), dirigida por Bertha de la Maza. Por el otro, la complejidad que describe la obra misma.

Esta novela es punto de convergencia de uno de los proyectos lésbicos más importantes de 2015, hito en la historia de la comunidad lésbica mexicana: el universo de la comunidad judía y de una clase poco conocida, la del mundo de los negocios y el empresariado.

La narradora aborda la historia del padre, desde su familia en Ucrania, su viaje a América, el establecimiento en el centro de la Ciudad de México y la vida ahí como en un barrio de emigrantes de todos lados, hasta la vida comercial, la infidelidad del padre, los pleitos familiares. Insiste en el éxito comercial paterno, las diferentes mudanzas a la colonia Anzures y finalmente al Pedregal. En contraste, aparece la historia de la madre: la rivalidad de ésta con la hermana, la historia gris de la madre (así se definía con respecto de su hermana), niña que se sentía menos agraciada que la encantadora hermana. Desde temprana edad se gesta el encono de la madre con Sara y la intensa relación de ésta con su hijo.

Por otro lado, estremece la intensa rivalidad con el hermano, de carácter débil, acusado una y otra vez de maricón. Los diversos episodios que estallan desde la escuela hasta la edad adulta y la relación de éste con la sirvienta hasta su muerte solitaria en el Hospital Español.

Un papel destacado en Vida y peripecias de una buena hija de familia ocupa la relación con Grecia y la consulta con el arúspice. Este nuevo mundo femenino indica el cambio radical que se opera en la vida de la escritora. Del mundo de violencia heterosexual se pasa al lado amable femenino: se trata de una vuelta de timón que abre hacia la creación. A la vía que había marcado el porvenir, porque todo en la vida de Sara está maktub (escrito, como sentencian en árabe al destino).

El periplo Tepoztlán–San Francisco–Tepoztlán supone el despegar de una nueva vida con esa carta astral en forma de estrella que indica la firme creencia de la escritora. Carta astral que es al mismo tiempo piedra de toque. Sin una honda convicción en sus propias posibilidades y en su carácter de líder para dar voz a las mujeres, hubiera sido imposible una escritura que se levanta de las ruinas no solo de su vida familiar burguesa, sino de las ruinas de las coordenadas de su mundo.

Sara Levi Calderón es buena hija de familia. Lo es por haber fundado esa empresa escritural que ha rendido un par de novelas: Dos mujeres y Vida y peripecias de una buena hija de familia. La primera es una novela de madurez. Vida y peripecias… una obra de senectud (según los conceptos de Didier Anzieu en El cuerpo de la obra: ensayos psicoanalíticos sobre el trabajo creador). En la primera novela, la protagonista decide su vida en la madurez. En la segunda, predomina una mirada retrospectiva. En la primera, nace una relación: la relación de su vida. En la segunda mueren sus padres y otros miembros de la familia. En aquélla se celebra un cuádruple nacimiento: de la novela, de la pareja, de un nuevo país y de una profesión. En ésta, la protagonista echa tierra sobre seres queridos; retorna a sus raíces y se establece en la tierra donde trazaron su carta astral que le permitió levantar el vuelo.

Todo estaba maktub.

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