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Lunes , 18.03.2019 / 16:51 Hoy

La tarea de releerse: entrevista a Rafael Pérez Gay

Rafael Pérez Gay platicó desde la Feria Internacional del Libro 2017 sobre su nueva obra 'Arde, memoria', en la que reúne algunos de sus mejores cuentos. 

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Rafael Pérez Gay (1957) reúne algunos de sus mejores cuentos en Arde, memoria (Tusquets). Con el fin de rastrear una secuencia lógica de su trabajo, el narrador navegó por títulos como Me perderé contigo, Llamadas nocturnas, Paraísos rudos de roer, No estamos para nadie y El corazón es un gitano.

El reencuentro con sus antiguos trabajos no estuvo ajeno a la autocrítica y la introspección. No obstante, Pérez Gay se asume como un autor que evadió corregir los textos, a menos de que fuera estrictamente necesario. “Si le meto mano al pasado estaría siendo poco fiel al joven escritor que fui”, dice. En todo caso, una de las lecciones que le aportó la relectura fue la conciencia de las obsesiones que lo han perseguido a lo largo de los años, entre las que se encuentran la familia, el tiempo y la Ciudad de México.

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La memoria se ha convertido en un tema recurrente durante los últimos años, con la diferencia de que ahora la trabaja como antologador de sí mismo.

Editorial Tusquets me invitó a hacer esta antología personal de cuentos, relatos y textos súbitos vinculados a distintos escenarios. Hay cuentos relacionados con la familia, otros son de corte fantástico y unos más realistas. Pero es verdad, aquí hay otra forma de trabajar la memoria porque a la hora de seleccionar los cuentos pensé en aquellos que podían tener una secuencia temporal.

¿Una cronología literaria vinculada a la personal?

Sí, por eso se llama Arde, memoria. Está el joven que fui y que ya no puede comparecer ante los lectores; y el escritor de hoy, que trabaja la memoria en libros como Nos acompañan los muertos y El cerebro de mi hermano. En alguno de estos textos digo que, para quienes somos ateos, la memoria es nuestro dios.

¿Cómo fue el ejercicio de releerse?

Releerse es un ejercicio muy cruel para un escritor, pero si tienes que hacer una antología personal uno debe elegir los textos que mejor lo representan, aquellos con los que aún te identificas. Cada uno de los libros de los que fueron extraídos estos materiales tiene sus altibajos y distintos registros. Mi trabajo propiamente dicho fue elegir aquellos que se parecen más a quien soy hoy. En esa lógica te podría decir que el libro en su conjunto muestra una especie de evolución e identifica una zona en la que te puedes reconocer.

Varios de estos cuentos tienen una conexión con la crónica.

Desde hace algún tiempo ya no me preocupo por el falso dilema entre crónica, periodismo y literatura. Si leo a Gutiérrez Nájera, Salvador Novo, Ibargüengoitia o Sergio Pitol, encuentro desprendimientos no sólo de periodismo, sino también de literatura. Guy de Maupassant escribía sus relatos con notas periodísticas. García Márquez decía que un reportaje tenía que estar tan bien escrito como un cuento; y que un cuento debería tener toda la fuerza de un reportaje. A estas alturas ya no me preocupa la división entre periodismo y literatura.

¿Retrabajó algunos de los cuentos?

No quise hacerlo, solo corregí algunos errores evidentes. No creo que uno deba corregirse en exceso. Es preferible escribir un texto nuevo, aunque sea parecido a algún material anterior. Volvemos al asunto de la memoria: si le meto mano al pasado para corregirme estaría siendo poco fiel al joven escritor de treinta y tantos. Sé que hay autores que se corrigen todo el tiempo y lo veo bien, incluso como lector lo puedo agradecer, pero en lo personal prefiero no hacerlo.

En varios de estos cuentos encontramos algunas de las obsesiones que en obras posteriores se han potenciado.

Descubrí que al menos hay tres o cuatro caminos literarios que no he abandonado. Por ejemplo, la novela de la familia estaba presente desde los primeros relatos en Me perderé contigo y alcanzó su punto de inflexión en Nos acompañan los muertos. Un segundo camino es el de la crónica y la ficción, asuntos reales que parecen ficticios y asuntos ficticios que parecen reales. Un tercer sendero es el impulso urbano: así como hay una literatura del norte que habla del narco y la violencia, también hay una literatura que versa acerca de los territorios de la Ciudad de México y con la que me he sentido plenamente identificado. Por último, hay una constante reflexión acerca del tiempo que se mantiene, un interés por el tiempo que viene y va.

¿Sale bien librado de este autoexamen literario?

No sería capaz de decir si salgo bien o mal librado. Nunca me planteé el libro como una especie de examen. Como tú sabes, la decisión de si los cuentos salen bien librados o no corresponde solamente a los lectores.

'Arde, memoria' se presenta a las 20:00 horas en el Salón José Luis Martínez. Presenta: Diego Petersen.


RL / FM

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