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Sábado , 23.02.2019 / 20:19 Hoy

Strindberg, entre la ficción y la historia personal

El literato sueco canalizaba todo a través de la literatura y no se guardaba casi nada para sí mismo, dice a MILENIO Jordi Guinart, autor del libro.

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August Strindberg (1849-1912) es considerado el “Cervantes sueco”. Más conocido por su obra dramática, en su bibliografía se encuentran novelas y libros de poesía, e incluso textos más cercanos a la autobiografía, si bien en cualquiera de sus escritos resaltaban ciertos detalles de un diario personal, autobiográficos.

Esas vertientes llamaron la atención del escritor español Jordi Guinart, quien se propuso escribir la primera biografía en español del creador sueco al notar que en sus libros había una especie de exposición pública de los sentimientos de un escritor, “una mezcla extraña en la que no se sabe si está escribiendo ficción o una historia personal”.

“Para ser un autor decimonónico es muy sorprendente y actual, porque ahora vivimos en la generación del yo, de internet, donde la gente explica en redes sociales cómo se siente de manera muy descarnada, y encontrarse a un autor de mediados de 1800 y principios de 1900 que hablara o escribiera así es fascinante”, dice Guinart.

Así surgió el libro Strindberg. Desde el infierno (Editorial Funambulista), en el cual Guinart hace una recuperación de diversos pasajes de la vida del dramaturgo, que de alguna manera respondió a la carencia de una historia integral de su vida y de su obra.

“Sorprende ver que un autor de mediados del siglo XIX tuviera tal grado de exposición mediática, lo que provocó unas polémicas muy virulentas, porque Strindberg canalizaba todo a través de la literatura, no se guardaba casi nada para sí mismo. Es un autor a recuperar hoy más que nunca”.

El biógrafo se propuso hacer una compleja relación entre lo que el literato escribía para el teatro, lo que hacía en su narrativa, sus cartas y lo que otros contaban sobre el personaje, como sus parejas.

“Hay mucha gente que desconoce que hizo muchos volúmenes de cartas, bastantes novelas, cuentos… que era alquimista, y hasta fue pintor. Descubrir estas facetas creativas es sorprendente. El riesgo era saber explicar bien y no perdernos entre estas facetas de Strindberg, quién era él como artista, porque es bastante confusa su vida: vivió muchas cosas muy distintas y de maneras diferentes”, destacó el también bibliotecario y documentalista.

EXPLICAR AL SER HUMANO

Considerado uno de los dramaturgos más importantes de la historia y el responsable principal de la renovación del teatro moderno y la literatura sueca, alrededor de la vida de Strindberg se han construido una infinidad de historias, que muchas veces fueron fomentadas por el interés de Guinart por conocer dónde terminaba la realidad y dónde comenzaba la ficción.

“Hay debates sobre su misoginia, sobre si estaba loco o no, y no quedaba todavía del todo claro porque mezclaba realidad y ficción. Sabemos que gran parte de lo que estaba escrito era real, incluso puso diálogos textuales en sus novelas, lo que nos hace dudar más de si realmente era todo cierto porque hay cosas exageradas.

“Al poder contrastar información sobre un mismo hecho, lo que Strindberg escribía en una novela o en una carta a un amigo, lo que decía su mujer, tenemos pequeñas diferencias sobre un mismo hecho que, realmente, nos hacía dudar”.

En Strindberg. Desde el infierno, distribuido en México por el grupo De Vecchi, Guinart se dio a la tarea de descubrir esos pequeños cambios sobre su existencia y a qué se debían, “por qué escribía una cosa en carta y en la novela lo decía de otra manera y su mujer decía otra”.

“Fue muy complicado porque otra particularidad de la obra de Strindberg es que está plagada de simbologías, y mitologías sobre su vida real. Discernir qué de lo que nos cuenta es cierto y qué no es lo fascinante de Strindberg, porque aún en la actualidad se juega al gato y al ratón con su obra y sus personajes, lo que se refleja en sus obsesiones sobre las mujeres y cómo lo simboliza en la ficción”.

Fue un ser humano con luces y sombras, muy complejo, por lo cual Guinart se dio a la tarea de explicar ciertas actitudes en su vida y en su relación con los otros bajo la certeza de que resulta mucho más complicado “explicar a un ser humano que, sencillamente decir que sí, que Strindberg estaba loco”.

“Había obras que usaba para hablar sobre su pensamiento; las novelas casi eran un plebiscito público sobre sus situaciones matrimoniales, como en Alegato de un loco, donde buscaba demostrar que tenía razón en la disputa matrimonial, mientras en las obras teatrales era bastante más simbolista, jugaba más con los géneros, con el idioma y las simbologías más puras”.

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