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“Soy un enfermo de literatura”: Álvaro Enrigue

Nació en la Ciudad de México en 1969. Su novela La muerte de un instalador, obtuvo el Premio Primera Novela Joaquín Mortiz. Además ha publicado, Hipotermia, Vidas perpendiculares y el ensayo Valiente clase media

Considerado como uno de los narradores más sólidos de su generación, Álvaro Enrigue se autodefine como un “enfermo de literatura”. Muerte súbita, su novela más reciente obtuvo la más reciente edición del Premio Anagrama de Novela.


A juzgar por los premios podríamos decir que la literatura mexicana vive un buen momento.

Claro, somos una potencia literaria y nada más. Bueno en realidad somos una potencia en dos cosas: a) desempleo, y b) literatura.


¿Hay relación entre ambas?

Escribí La muerte de un instalador en 1995, justo en la parte aguda de la crisis del 94. La novela surgió gracias a que los presidentes Salinas y Zedillo destruyeron mi vida, acabaron con mi trabajo y mis ahorros. Así que de algún modo estoy agradecido con que me hayan hecho tan infeliz y con que mi hijo mayor haya nacido en condiciones adversas. Irónicamente hablando, es cierto que la escritura y el desempleo están emparentados.


Aquella novela era una crítica a las mafias y al medio intelectual, ¿ahora que ya está dentro de ese mundo piensa lo mismo?

Siempre he sido muy transparente en esas cosas. En su tercera o cuarta edición decía, “esta novela fue reescrita con una beca del Conaculta”. Conforme creces encuentras los beneficios de un país como México, donde se protege a los intelectuales. Es muy fácil hablar mal del sistema de becas, pero es cierto que sin él nuestra literatura no estaría donde está. No tenemos una economía desarrollada, ni suficientes lectores como para sostener a la gran producción cultural.


¿Es tan literario como sus libros?

Como, desayuno y ceno literatura. Soy un enfermo de literatura. No soy imaginable a algo distinto a un lector, escribir o dar clases es un sucedáneo.


Más abajo viene el beisbol…

Mi pasión por el beisbol es de la misma intensidad. Soy Oriol y mi historia con el equipo es de sufrimiento infinito. He aprendido más del beisbol que de la literatura. Esta condición de que mañana me voy a despertar y van a salir las cosas viene de irle a los Orioles, un equipo que pierde con una seriedad infinita y una constancia heróica.


¿Por qué irle a los Orioles?

De pequeño le iba a los Cafeteros de Córdoba, mis padres vivieron ahí. El beisbol entonces era un deporte tan importante como el futbol o los toros. Después, en los ochenta, vendieron al equipo y quedé huérfano. Coincidió eso con que en 1984 u 86, los Orioles tuvieron un equipo legendario que incluso fue campeón. Creo que existimos una legión de mexicanos cuarentones integrada por seis o siete personas que le vamos a los Orioles. Después viví en Baltimore un tiempo y mi afición televisiva pasó a una religión presencial. Ahora vivo en Nueva York y cuando van de visita voy al juego. Una de las primeras frases que aprendió mi hija fue: “Perdieron los pajaritos”.


Carl Ripken jugó con ellos…

Sí, Carl Ripken jugó durante toda nuestra formación. Es el ser humano con más partidos consecutivos. Mi hijo mayor lo vio jugar en directo. Además salía a la cancha con la espalda molida. Era un virtuoso del dolor.


¿Los héroes literarios se ven con los mismos ojos que los deportivos?

Escribo con el mismo órgano que hace que me suden las manos cuando gritan ¡playboy! ¿playboy? ¡Llamen a Lacan! Quiero decir, cuando gritan ¡playball! o sale a jugar la selección. Para mí son tan importantes los unos como los otros.

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Víctor González
  • Víctor González
  • Reportero y conductor de Noticias en Telediario y Milenio Televisión. Desde 2017 ejerciendo en medios de comunicación con la intención de informar lo que sucede en la comunidad, en la política y el día a día de la sociedad regiomontana.
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