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Jueves , 21.03.2019 / 13:10 Hoy

Slim Sanborns III

La fortuna de Slim así se ha construido: comprar empresas en apuros a precio de nada y venderlas posteriormente con enormes utilidades.

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Me ausenté de este espacio el viernes pasado debido a mi ingreso en urgencias en un hospital capitalino, con un cuadro muy grave desde el miércoles 12. Una reacción alérgica masiva me llevó a un choque anafiláctico que me mantuvo dos días en terapia intensiva. Cabe decir que no padezco alergia alguna. La noche anterior había acompañado a cenar al inmenso dramaturgo español José Sanchis Sinisterra al restaurante de la cadena Sanborns (propiedad de Carlos Slim) que se ubica en Miguel Ángel de Quevedo y División del Norte. La verdad, yo hubiese preferido ir a descansar después de la conferencia magistral y lanzamiento del libro Prohibido escribir obras maestras, del gran escritor valenciano. El azar y un mínimo ruego me hicieron compartir mesa con el maestro, la dramaturga Estela Leñero y la directora de escena Gema Aparicio. Error fatal comer allí esa hamburguesa cara y sin chiste, que ignoraba podía atentar contra mi salud. El folio fiscal de la factura por el consumo es el 7cb9c887-e8ca-4e50-aec4-9943ce3a8087, por si quiere cotejar, don Carlos.

No es la primera vez que tengo la tentación de escribir una obra sobre el hombre más rico del mundo y su avaricia sin fin. Antes de comenzar este artículo pensé en compararlo con el ruin Ricardo III de Shakespeare que, con artimañas e ingenio enormes, logra destruir a todos sus contrincantes, le hayan hecho daño o no. La fortuna de Slim así se ha construido: comprar empresas en apuros a precio de nada y venderlas posteriormente con enormes utilidades. Como Ricardo III, Slim ha pisoteado a quien ha querido para amasar aún más y más fortuna, y ha hecho ricos incluso a aquellos que le podrían dificultar sus fines. Es claro que Slim Sanborns III no puso en ese pan la carne putrefacta que me llevó a endeudarme con varias decenas de miles de pesos que dejé en un hospital del que, no lo dudo, él podría ser accionista. Sin embargo, sí es responsable por ser dueño del establecimiento.

Material abundante hay para escribir la obra teatral y lo haré. Slim Sanborns III es responsable de ese capitalismo salvaje que lo lleva a sacar la mayor ganancia posible con la menor inversión. Y para ello es impensable desperdiciar recursos como el de una carne que bajo ningún concepto debió haber pasado a los comensales. Cuando yo hacía anamnesis para reprochar a otros alimentos consumidos en días anteriores, el médico tratante, alergólogo, me dijo categórico que “no”, que la violenta reacción de mi cuerpo defendiéndose se debió, como mucho, a la ingesta de las últimas seis horas. ¿Qué va a hacer, señor Slim?

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