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Semana de cine familiar

Función Dominical

Hay mucho “cine familiar” en este verano que llega a su fin. No manches Frida es la versión mexicana de un filme para toda la familia. Puede que lo sea, después de todo, también las abuelas mexicanas se ríen con chistes de gases, mujeres pechugonas y un Omar Chaparro que se da vuelo inspirando la parte más criminal de la juventud mexicana. Y sin embargo, el mensaje de No manches Frida es ligero y bonachón, una invitación a que los maestros enseñen y los alumnos aprendan. La historia del ex convicto que se vuelve profesor y resulta excelente la hemos visto en cientos de aventuras hollywoodenses. La traducción a la idiosincrasia del mexicano no ha quedado nada mal si uno es de esos que se ríe con los albures, los chistes de pastelazo y todo aquello que ha hecho famoso al español Nacho G. Velilla. Sin amarguras, hay que decir que No manches Frida es un entretenimiento picosito que, lejos del gran cine, se parece no obstante a películas que han divertido tanto al mexicano como la mítica Mecánica nacional.

Mi amigo el dragón es cine para esa clase de niños que solo existen en la imaginación de los estudios Disney. La historia no es aburrida, sobre todo si el público aún no ha pasado la materia de plastilina en preescolar. El problema de Mi amigo el dragón es que está llena de fórmulas de lo que la fimografía para niños debe ser. Un chamaco huérfano es adoptado por un dragón a quien los humanos malos (desde tiempos de Bambi los humanos somos malos en las películas de Disney) quieren atrapar. El resultado está lleno de atardeceres, inocencia reconfirmada y una niñez de cuento de hada que existe en las películas de Disney nada más.

Aunque no lo parezca, No respires también es una cinta familiar. La película, dirigida por el uruguayo Fede Álvarez, comienza siendo una suerte de Mi pobre angelito para adultos y termina convirtiéndose en una lección de suspenso que hubiese complacido a Hitchcock, aunque hay que advertir que toda la historia tarda en arrancar. Cuando lo hace, los ladrones que entran a robar al pobre ciego se encontrarán vejados por él y más tarde, ya entrados en las artes de Fede Álvarez, metidos en una serie de giros dramáticos en que uno siente el placer agridulce de ver cómo se despachan a estos simpáticos criminales por abusivos y, sobre todo, por no haber sabido ver lo que el ciego sí que sabe ver.

El bebé de Bridget Jones es una comedia ligera que cae bien en estos momentos en que se discute el significado de la palabra “familia”. Bridget es una cuarentona independiente que un día se embaraza y no sabe con certeza quién puede ser el papá del niño que crece en su vientre. Los candidatos son un estadunidense y un inglés quienes, cada uno a su manera, resultan auténticos príncipes azules que lucharán por el honor de la damisela y el bebé. Sin juicios sumarios, sin malos en la película, con personajes entrañables y un guión muy bien escrito, El bebé de Bridget Jones demuestra cómo, por más que haya quien lo dude, el mundo moderno, tolerante y abierto a la diversidad, sigue teniendo valores tan tradicionales como el amor incondicional, la maternidad comprometida y la promesa de un “te amaré por siempre”, que resuena en la cúpula de una pequeña capilla, llegado el momento de recibir el sacramento matrimonial.

La luz entre los océanos también habla, aunque en otro tenor, del significado del concepto “familia”. La historia va de un cuidador de faros que en la costa de Australia se encuentra con un niño al que decide adoptar. Visualmente la película es hermosísima, pero por desgracia hay algo que a algunos gusta y a otros les enchina la piel. Se llama cursilería. El emotivismo que el director Derek Cianfrance ha conseguido imprimir en sus personajes lo hace olvidar, por ejemplo, que para engancharnos y ponernos al borde del asiento los personajes de un melodrama como este tienen que tener motivaciones, cosa de la que carecen las creaciones de Cianfrance. Resumen: la película se pierde, navega sin rumbo y nos lleva hasta océanos de dramatismo que, lejos de fascinarnos, aburren.

Decían los sabios que si algo no está descompuesto no hay que tratar de arreglarlo. Quisiera saber qué necesidad tenían los grandes estudios de encomendar al director afroamericano Antoine Fuqua el frustrante trabajo de “mejorar” o cuando menos “interpretar” la extraordinaria película Los siete magníficos, original de Akira Kurosawa. Es cierto: Denzel Washington no lo hace mal, pero un guión como el que dejó escrito el director de cine japonés es tan redondo que cualquier adaptación implica violentarlo y, en suma, romperlo. Enmendar la plana a Kurosawa no va a ser nunca algo que la crítica internacional perdone. En México, como en todo el mundo, este crítico recomienda pasar de imitaciones y mejor ir y ver la original.

De la serie “paranoias que hacen la delicia de los fanáticos de Trump”, llega hasta las pantallas de México Atentado en París: Ya hemos visto caer Nueva York ante los terroristas, por supuesto Los Ángeles, y no hace mucho también Londres. Ha llegado la hora a la Ciudad Luz. Llena de clichés y con un discreto tufo político, la película tiene algo que al principio parece una virtud, pero termina por marear: los guionistas ofrecen al respetable no uno ni dos ni tres, son casi 10 los giros en la trama que procuran poner al espectador al borde del asiento. La verdad es que uno termina mareado. Si el espectador no es fanático del cine de acción, las persecuciones y los karatazos al por mayor, lo mejor es abstenerse y ver cualquier otra de las películas familiares cuyos títulos brillan en las marquesinas del territorio nacional.

Cigüeñas es una animación para bebés. La historia parte (como es de esperar) de la idea de que las cigüeñas son la verdadera forma en que los niños nacen. Nada de cariños entre mamá y papá, que aquí somos decentes. La historia no es tan infausta como uno pudiera pensarse, pero solo puedo recomendarla a quien tenga hijos entre tres y siete años. Puede que esos progenitores, aún llenos de la hormona de la inocencia, se rían con dos o tres chistes blancos y se sobresalten con tanta efusión como en un capítulo de Rugrats. Una película que, llegados al fin del verano, sigue siendo ciento por ciento cine familiar.

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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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